ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 55, enero-febrero 2024

EL NEGACIONISMO DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA (I)

Charo Quintana (Ginecóloga, miembro del Observatorio de la Violencia Obstétrica de España y del Observatorio de Cantabria)

 

En nuestra sociedad la violencia obstétrica suele ser ignorada. Sin embargo, existe, y en una considerable cantidad. Nos referimos a una verdadera apropiación, que bastantes sanitarios y el propio sistema de salud, ejercen sobre el cuerpo de las mujeres y los procesos reproductivos, y que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador y en la medicalización de los procesos naturales del embarazo, parto y puerperio, que son tratados como si fueran enfermedades. Eso se hace a menudo sin respeto a los derechos de la mujer, incluyendo su capacidad de elección y algunas verdaderas necesidades

Si la existencia de la violencia machista es puesta en duda por algunos e, incluso, negada, la violencia obstétrica está tan naturalizada que ni siquiera su ejercicio se identifica como tal, y mucho menos como una forma de violencia contra las mujeres. Pero ha llegado el momento de nombrarla; esto es, de reconocer que la violencia obstétrica, tristemente, existe. Muchas mujeres lo saben bien. La han padecido y viven con su humillante recuerdo o con pesadas secuelas físicas o psíquicas. Es hora entonces de que la ciudadanía, los servicios sanitarios, los profesionales de la salud, los operadores jurídicos y los medios de comunicación también la conozcan y sepan lo que es.

Violencia obstétrica es la que ejercen los sistemas de salud y los profesionales sanitarios al apropiarse del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres. “Apropiación” que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador y en la medicalización de los procesos naturales del embarazo, parto y puerperio que son tratados como si fueran enfermedades: se interviene innecesariamente o con actuaciones no avaladas por la ciencia, no se respeta los tiempos que requiere el parto para desarrollarse con normalidad, no se tiene en cuenta las condiciones necesarias para la instauración de la lactancia, no se considera el derecho de las mujeres a decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad. En definitiva, se desconocen las necesidades de madres y recién nacidos, lo que impacta negativamente en la calidad de vida de ellas, sus hijos y sus familias.

La OMS considera la violencia obstétrica una forma específica de violación de los derechos humanos y reproductivos de las mujeres, que se genera en el ámbito de la atención del embarazo, parto y puerperio en los servicios de salud públicos y privados, y que es producto de un entramado multifactorial en donde confluyen la violencia institucional y la violencia de género. Aunque todavía hoy no existe una definición consensuada sobre qué es la violencia obstétrica, todas las propuestas coinciden en que representa, no solo un grave e invisibilizado problema de salud pública, sino también una forma de violencia de género. Violenta los derechos a la salud, a la dignidad y a la información; atenta contra la privacidad e intimidad de las gestantes a la vez que coarta su capacidad para tomar decisiones; y en la práctica, facilita los tratos crueles, inhumanos o degradantes. Es un atentado a la libertad de las mujeres y a su derecho al control del propio cuerpo y al acceso a una maternidad segura y de calidad. Además, es reconocida como una forma de discriminación ya que impide a las mujeres el disfrute de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en igualdad de condiciones con los hombres.

Violencia Obstétrica es:

    • No respetar la fisiología del parto y del nacimiento, interviniendo en todos los partos independientemente de su normal evolución.
    • Mantener prácticas no basadas en la evidencia: restricción de movimientos y de ingesta de líquidos, expulsivo con la mujer acostada sobre su espalda y las piernas elevadas, no realizar contacto piel con piel inmediato, separación del recién nacido, retrasar el inicio de la lactancia…
    • Mantener prácticas de forma rutinaria sin indicación: administración de oxitocina, rotura de bolsa, monitorización continua, episiotomía, corte precoz del cordón…
    • La variabilidad injustificada en tasas de inducciones, cesáreas (en 2022 en Comunidad Foral de Navarra 15,1% País Vasco 15,5%, Andalucía 26,1%, Comunidad Valenciana 28,9%…) episiotomías, partos instrumentados…
    • No incorporar prácticas que la evidencia científica recomienda: atención integral al dolor (ambiente que favorezca la buena evolución del proceso de parto, acompañamiento familiar y profesional, movilización, contacto físico y masaje, calor local, inmersión en agua caliente, óxido nitroso, walking epidural…), cesáreas humanizadas con acompañamiento familiar y contacto piel con piel en quirófano, no separación de la madre y el recién nacido, Unidades Neonatales Abiertas con participación de padres y madres en los cuidados de bebés ingresados, método canguro, bancos de leche materna…
    • No considerar a las mujeres protagonistas de su propio parto, sino como sujetos pasivos, receptores de prácticas médicas. Ignorar como quiere cada mujer vivir su parto, su Plan de Parto o su Plan de Cesárea y no tratarlas con respeto y de forma personalizada.
    • Considerar que el protagonismo corresponde a los profesionales, y que las mujeres son simple campo de trabajo quirúrgico que se deben limitar a “cooperar”.
    • No aceptar el pleno derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre su propio cuerpo, incluso aquellas que según la evidencia científica o la perspectiva profesional puedan considerarse erróneas. La decisión siempre debe ser de las mujeres tanto dan su consentimiento informado como cuando manifiestan un rechazo informado.
    • Realizar exploraciones y prácticas con fines exclusivamente docentes o por personal en formación sin consentimiento expreso, de forma que las mujeres pasan a ser “medios” para el fin de otros en un proceso de cosificación de sus cuerpos, que se transforman en objeto de entrenamiento.

    • No preservar la intimidad de las mujeres, que siempre deben expresamente consentir la presencia de terceros y la confidencialidad acerca de su proceso clínico.
    • Exponer innecesariamente su cuerpo.
    • Ausencia de información y de diálogo con las mujeres y sus familias durante el parto y el postparto.
    • No establecer una relación de apoyo con la persona acompañante. El papel de la pareja, como acompañante en el parto no es fácil. Supone acompañar a la mujer que quiere y al hijo o hija que esperan en la incertidumbre que todo parto y nacimiento conllevan.
    • No transmitir por parte de los profesionales confianza en la capacidad de la mujer. No cuidar sus necesidades básicas durante su parto: acompañamiento familiar, privacidad, silencio, semipenumbra, ambiente cálido, no sentirse juzgadas, criticadas ni observadas.
    • Comentarios inapropiados, reproches, impaciencia, trato infantilizador o autoritario, represión de las expresiones de dolor, amenazas, abandono o desatención.
    • No atender las necesidades básicas de los recién nacidos: nacer en un ambiente silencioso, caliente, sin olores de antisépticos y sin luces intensas, beneficiarse del corte tardío del cordón umbilical, oír la voz de su madre y entrar inmediatamente en contacto con su cuerpo, iniciar el amamantamiento de forma espontánea, no ser separado de su madre…
    • No disponer de paritorios y plantas de maternidad con suficiente capacidad para atender a todas las mujeres que lo necesiten sin tener que acelerar partos ni dar altas excesivamente precoces, de espacios únicos para el trabajo de parto, el expulsivo y la recuperación, de bañeras de parto, de quirófanos y salas de despertar con capacidad para atender al familiar acompañante y al recién nacido, de habitaciones de puerperio adecuadas.
    • No disponer de los recursos humanos necesarios: una matrona por mujer, personal en las plantas de maternidad entrenado en facilitar la lactancia materna, acompañar los puerperios y controlar a los recién nacidos y profesionales capacitados en las Unidades Neonatales para proporcionar cuidados centrados en el desarrollo y la familia.
    • No ofrecer una atención integral en el puerperio que contemple aspectos psicológicos y emocionales, y atienda los procesos de instauración de la lactancia y establecimiento del vínculo con el recién nacido.
    • No prestar atención y acompañamiento a los abortos, los partos traumáticos y la pérdida perinatal.
    • Desatender la salud mental de gestantes, puérperas y de las mujeres que se someten a técnicas de reproducción asistida.
    • La ausencia de prioridad de estos temas en la agenda política y en los sistemas de salud, que posibilita el mantenimiento de rutinas no basadas en la evidencia, la persistencia de protocolos inadecuados y una falta de información sobre indicadores de la calidad de atención, además de impedir que se remuevan los obstáculos organizativos y profesionales que frenan el necesario cambio en la atención al parto, nacimiento y puerperio. El hecho de que no se destinen suficientes recursos a las necesidades específicas de salud de las mujeres –recordemos que en España alrededor de 300.000 mujeres dan a luz cada año– es una violación de su derecho a no ser objeto de discriminación.

Dar un nombre –y todavía no se ha encontrado ninguno mejor que el de violencia obstétrica– al conjunto de creencias, rutinas, prácticas y conductas más arriba descritas, permite que se deje de percibir su existencia como un cúmulo de hechos aislados e inconexos, y posibilita que pase a considerarse como un fenómeno sistémico, estructural, que hunde sus raíces en la apropiación de la capacidad reproductiva de las mujeres por parte del patriarcado, en la desvalorización social que sufren históricamente las mujeres y la propia maternidad, y en la creencia compartida por profesionales y ciudadanía de la superioridad del parto tecnológico.

Transitar del paradigma del Parto Tecnológico al paradigma del Parto Fisiológico está resultando difícil, y no será posible sin la protección institucional del parto respetado y de la propia maternidad. Pero para que tal tránsito y tal protección se realicen, es imprescindible que las mujeres se impliquen y empoderen, que el feminismo haga suya esta lucha, y que, en definitiva, se avance en la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.

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