ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 55, enero-febrero 2024

MUSICANDO… LA FRATERNIDAD

José Ramón Rebollada

WAITIN’ ON A SUNNY DAY / Bruce Springsteen

Un grupo de personas en un escenario Descripción generada automáticamente con confianza media

Nadie puede sorprenderse (al menos a mí no me sorprende) de que pasen cosas como las acontecidas en la primera votación del Congreso de esta legislatura, votación que se hizo en el Senado, una curiosidad que le añade un punto extra a la situación surrealista que vivimos en la política española en la actualidad, y me quedo con el calificativo «surrealista» porque de verdad deseo que el epíteto correcto no sea esperpéntico.

La gran sorpresa de esa votación fue la cesión del gobierno a la Generalitat de Cataluña de las competencias en materia de inmigración. No sabemos en qué consistirá esa cesión, pero a mí me da mucho miedo. La motivación principal por la que un partido conservador que no gobierna en Cataluña quiere que la Generalitat gestione la inmigración hay que buscarla en las convicciones políticas profundas. A Junts no le gustan los inmigrantes. Bueno, cabe precisar que no le gustan los inmigrantes pobres. Si todos fueran jeques árabes millonarios les podrían una alfombra roja hasta la puerta de la Gloria de la Sagrada Familia, una puerta que Gaudí pensó como símbolo de la Gloria de Dios: «Este mundo sostenido por el Espíritu, y gracias al compromiso de todos, en paz y justicia, si se escucha la voz del Espíritu de Dios», eso se argumenta en un estudio sobre la puerta y el ábside. Pero para la derecha (y muchos de izquierda) todos los que lleguen sin chequera son peligrosos social y culturalmente. «Invaden nuestra identidad como vascos», eso se podía escuchar en relación a los inmigrantes españoles que fueron a Euskadi a trabajar en los años 50 y 60. Lo mismo pasaba en Cataluña. Ahora pasa lo mismo en España, en Alemania, en Estados Unidos y debemos darnos cuenta de que todos esos perjuicios e inhumanidad no nacen del hecho de que esas personas sean negras o amarillas. El problema es que son pobres, miserablemente pobres.

Es realmente significativo que una de las competencias reclamadas es que la Generalitat pueda expulsar de Cataluña a los inmigrantes. Supongo que con que se vayan a Zaragoza o a Castellón les basta. Pero puestos a hablar del esperpento recomiendo a Junts que no se corte, que se atreva a hacer propuestas valientes y efectivas. Por ejemplo, que en cuanto un pobre pise suelo catalán, sea de Senegal o de Ribadavia, se le fusile. Que un pelotón de los Mozos de Escuadra les pasaporte a mejor vida ipso facto. Muerto el perro…

También cabe otra posibilidad que un partido de Gobierno debe tener en cuenta. En el hipotético caso (no lo quiera la providencia) de que Cataluña necesite mano de obra para trabajar, siempre podemos recurrir al invento franquista de los «campos de trabajadores», obreros confinados y casi gratis (los esclavos también comen) en beneficio de los grandes proyectos de la Generalitat catalana.

Junts se abstuvo en la votación, y gracias a ello se aprobaron dos de los tres decretos que sometió a votación el Gobierno. El tercero no salió adelante por obra y gracia del «fuego amigo». Los cinco Diputados de Podemos, que avalaron el pacto de Gobierno ente el PSOE y Sumar, votaron en contra con una argumentación más propia de un sainete que de una tesis política.

Con Podemos hemos pasado de «Asaltar los cielos» a rebozarnos en el barro, un ejercicio de malabarismo político realmente sobrecogedor. En este caso se ha puesto de manifiesto que la reforma de las bases de cotización de los parados mayores de 52 años perjudicará las pensiones de futuros pensionistas de ese colectivo. Varias informaciones han desmentido ese argumento, o sea, que es falso. Por tanto, lo que desvela ese voto es el sainete, la oportunidad de darle una patada en el culo a Yolanda Díaz utilizando el trasero de los parados, demostrando que los mayores en paro les importamos una mierda. ¡Qué lástima!

La actual composición del Congreso muestra un panorama endiablado, a nadie se le escapa. También es la oportunidad de hacer política de altura. El parlamento es un campo de batalla dialéctico, todos lo son, lo sabemos desde que los senadores romanos se reunían en ese edificio que todavía existe, o antes incluso. Un parlamento es uno de los cúlmenes de la civilización humana, un lugar en el que las palabras y los argumentos son la clave, no los huesos enarbolados a modo de armas que tan bien retrató Kubrick en su película 2001. En estos tiempos oscuros en los que la ultraderecha revive en Europa el parlamento es una esperanza. Ahora que la infamia de Wannsee ha vuelto a revivirse en Alemania necesitamos más Bundestag. Que el parlamento capitalice la vida política del país, no el Gobierno a través de decretos. Al fin y al cabo el parlamento supuestamente es la representación de la soberanía popular, solo supuestamente. Este gobierno progresista es una excepción en Europa y se mueve un terreno pantanoso todos los días. No puedo ni imaginarme el desgaste diario que eso supone, pero prefiero aferrarme a la épica propia del anarquismo, en sus bases ideológicas, y pensar que la izquierda en mi país se empecina en la defensa del pueblo al que pertenece, y lo hace en el Parlamento, la casa de todos. Solo falta saber si tenemos los políticos capaces de hacerlo y que las circunstancias les den un respiro para hacerlo, esas puñeteras circunstancias orteguianas que nos marcan a todos.

Cuenta y canta el gran Bruce Springsteen en su canción aquello de: «Estoy esperando un día soleado / … / necesito que ahuyentes mi tristeza / Sin ti soy un baterista que no puede mantener el ritmo». Me apunto a los versos de Springsteen como si fueran el Evangelio, los trovadores cantan verdades como puños. He elegido esta canción por sugerencia de una persona muy querida para mi, gracias. Springsteen pletórico, un rockero rotundo aderezando su melodía con violines y vientos, ese saxo me subyuga, y una base de acústicas que es impagable.

Yo también espero y deseo un día soleado que amanezca desde el palacio de la Carrera de San Jerónimo.

 

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