EL NUEVO MARCO GEOPOLÍTICO

La guerra de Ucrania y otros fenómenos internacionales simultáneos están provocando grandes transformaciones en el mapa geopolítico global y al mismo tiempo, están mostrando otros cambios que, de otra manera, hubieran quedado ignorados. Una de las transformaciones más importantes es que, según parece, Rusia va a quedar muy disminuida como gran potencia, mientras la UE está poniendo a prueba su razón de ser: federalización vs nacionalismos; autonomía respecto a EE. UU. …

Entre los “antecedentes” de esta última invasión de Ucrania por parte de Rusia, algunos analistas se preguntan: finalizado el Pacto de Varsovia y el desmoronamiento de la URSS, ¿debió acabar la OTAN e iniciarse una “política de defensa” europea?… Pero, sobre todo, ¿por qué no se aprovechó para la destrucción de todos los arsenales de armas nucleares que, paradójicamente, está sirviendo para este desafío de Rusia a la convivencia y el Derecho Internacional? ¿Qué papel le quedaba a la ONU en este contexto?

Por otra parte, China observa el comportamiento de Rusia y la UE, trabajando con una diplomacia silente, esperando su momento, en pugna tecnológica y comercial con EE. UU. Sin duda, estrategias multipolares arriesgadas ante una ONU inoperante, donde el final de este proceso está por escribir. ¿Nos asomamos a una década de inestabilidad, cuando parecía que el mundo estaba caminando hacia una “globalización feliz”? ¿Las consecuencias económicas y sociales darán paso a modelos políticos populistas, menos democráticos? ¿Qué precio pagara la crisis climática?

Como en todas las guerras, la primera víctima es la verdad. Si bien la libertad de prensa y de expresión en los países democráticos pueden tener una mayor garantía de veracidad (de contar y contrastar los hechos), la denominada “guerra hibrida” es practicada por todos los países y con todos los recursos a su alcance: ¿Qué secuelas dejará esta “guerra híbrida” en el devenir del binomio Estado-Sociedad?

Asimismo, la contienda ha puesto de manifiesto algunos hechos que, de otro modo, hubieran permanecido menos patentes. Por ejemplo, parece estarse demostrando una asimetría clara entre la potencialidad militar ofensiva y defensiva, pues la primera exige un ejército muy numeroso y profesional, dotado de un armamento que en gran parte es pesado y costoso. En cambio, la defensa puede basarse en gran medida en un armamento mucho más económico y ligero, pero de gran capacidad destructiva. El problema surge cuando los dos ejércitos pugnan por ocupar el Donbass, y ambos con una proporción importante de la población en contra. Eso requiere movilizar gran cantidad de efectivos humanos y materiales.

La Guerra ha mostrado el riesgo al que llevaba la dependencia energética de muchos países europeos respecto al gas ruso. Por ello, otra consecuencia probable de la contienda es que se acelere la producción de energías alternativas. Y posiblemente, que se abran otras vías de aprovisionamiento energético. En ese sentido, España tiene algunas posibilidades adicionales de desarrollo. Por de pronto, contribuir a la regasificación de gas licuado con destino a otros países europeos. Pero, sobre todo, contribuir al transporte de gas argelino por oleoducto. En este punto existe la incógnita de si la renuncia por parte de España al apoyo de la independencia saharaui no responde a un acuerdo entre Argelia, Marruecos y España (respaldado, en su caso, por Estados Unidos, la Unión Europea y la misma población saharaui) para reactivar el oleoducto que pasa por Marruecos y prolongarlo hasta Francia.

En resumen, deberíamos ocuparnos y preocuparnos del cambio climático, como dice Noam Chomsky, autentico y grave problema para el futuro del Planeta Tierra y de la Humanidad, derivado de los efectos del gas invernadero y de la carencia o el control de las materias primas, especialmente el gas, petróleo…. Pero, parece que la geopolítica derivada de la Guerra de Ucrania nos puede distraer de esta tarea

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