LAS GUERRAS HÍBRIDAS DE SIEMPRE COMO NUNCA

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Lo que ahora ha venido en denominarse “guerra híbrida” hace referencia a algo que ha existido en otras épocas, pero que en el presente se ha racionalizado y sistematizado cuidadosamente. Se trata de combinar distintos tipos de agresión: política, económica, militar, social, uso de la información de distintos tipos, ecológica, etc. …, y de graduar su uso en el tiempo, de tal modo que en muchos casos precede a la manifestación misma de la voluntad agresora

Sobre la guerra, el valor y el pueblo

En la serie de conceptos presentados por V.I. Lenin como parte de sus Tesis de Abril, se hablaba de la guerra como algo barbárico y feroz, haciendo hincapié en los horrores, las ferocidades, las calamidades y los sufrimientos que toda guerra acarrea inevitablemente; pero que en determinadas ocasiones han sido necesarias para el progreso de la humanidad, llevando a la eliminación de instituciones reaccionarias y nocivas, y destruyendo las diferentes formas que adquiere el despotismo en Europa. Otros pensadores abiertamente declarados enemigos de la guerra, como es el caso de Hegel o incluso el propio Kant, a pesar de su convencimiento llegaron a expresar su entendimiento de la guerra como un medio indispensable para seguir haciendo avanzar la cultura, siempre y cuando se tenga en cuenta el nivel en el que se halla la especie humana en la actualidad. El propio Kant definiría la guerra como una respuesta cultural a situaciones sociales, siendo el resultado de una confrontación en cuanto a la manera de concebir el mundo, establecer un punto de vista colectivo o desarrollar creencias colectivas. Como reacción al advenimiento del capitalismo como nuevo orden socioeconómico, L. Trotski describiría la guerra moderna como un método del mismo, para buscar la solución de sus insalvables contradicciones, ante el cual el proletariado habría de oponerse por su propio método, al que denominó revolución social; siendo este, al fin y al cabo, otra forma de hacer la guerra. Pero en cualquier caso e independientemente de la época, la guerra habría de ser entendida como la prolongación de la política por otros medios, tal y como señaló Carl von Clausewitz en su obra póstuma “De la Guerra” que, a pesar de sus más de 200 años, se postula como una de las interpretaciones de mayor relevancia en la actualidad, dada su incuestionable importancia en el pensamiento geoestratégico y militar actual.

El propio Clausewitz se refería a la guerra como un conflicto entre sociedades en el que predominan tres grandes fuerzas morales: la pasión, el valor y la razón; siendo la primera de ellas principalmente representada por el pueblo, el valor por las fuerzas armadas, y la razón por el gobierno. La predominancia de alguna de ellas sobre las otras habría de marcar la propia naturaleza del conflicto, pero Clausewitz señaló al valor como “la más importante de todas las cualidades morales”. Tras el acontecimiento de las dos Guerras Mundiales y el auge de la Guerra Total, la sociedad del siglo XX vivió la completa subordinación de la política a la guerra, y por lo tanto la movilización hasta el límite de los recursos del pueblo, ya sean humanos, industriales, agrícolas, naturales o de cualquiera otra índole. Esta subordinación, independientemente de si se lleva a cabo en favor del progreso de la humanidad o en contra, y tan presente en la actualidad como hace más de 90 años, llevará a que el valor, como pabellón del pueblo, será quien abandere el esfuerzo de guerra, y por tanto quien soporte el desgaste y destrucción de los recursos de la sociedad en las guerras actuales y venideras.

Sobre las nuevas formas de hacer la guerra

A pesar del manido término de guerra híbrida usado en relación con el conflicto gestado, desde hace mucho tiempo, y cuya fase de resolución actual se materializa en la invasión de Ucrania por parte de Rusia, no es el único análisis de pensamiento militar que persigue gestionar el ciclo de vida de los conflictos geopolíticos con una aproximación de combinación multidimensional: política, económica, militar, social, uso de la información, ecológica e incluso temporal.

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El concepto de guerra híbrida comienza a expresarse como tal en un trabajo académico de la Marina norteamericana de 2002 para resaltar las tácticas usadas por la insurgencia chechena contra el ejército ruso durante la Primera Guerra de Chechenia (1994-96), que luego se conceptualizó como la combinación de dos o más amenazas de tipo tradicional, irregular, catastrófico o disruptivo. Estas amenazas, expresadas y combinadas en diferentes formas y grados, son el germen de la comprensión de la gestión de conflictos de un modo más amplio que el convencional. De un modo reciente tenemos ejemplos como el uso de los inmigrantes para presionar sobre fronteras geopolíticas de entes en conflicto (Marruecos con España; Rusia y Bielorrusia en las fronteras europeas); ciberataques potencialmente de agentes estatales (Rusia y Estonia en 2007), sanciones económicas (Irán, Rusia, Afganistán, Siria…) o bloqueos de exportación de patentes o cadenas de producción (China), o materias primas como el gas (Marruecos, Argelia, Bulgaria, Polonia), la difusión de información y desinformación a través de redes sociales (primaveras árabes, proceso de paz en Colombia, etc.)…

La contemplación de estas medidas aisladas normalmente es un error de interpretación. Todas ellas comenzaron a tener una visión integradora y no lineal de la gestión de los objetivos geopolíticos en los 90, caracterizándose por la existencia de una amplia zona gris que reemplazaría la tradicional frontera entre paz y guerra; conflictos que no serían declarados y comenzarían antes de que el oponente tuviera consciencia de que las hostilidades se habían iniciado; operaciones que combinarían el uso de medios cinéticos (letales) y no cinéticos y estos podrían causar mayor impacto que el armamento; la desaparición de la distinción de los elementos militares y civiles, adquiriendo éstos instrumentos no militares un papel predominante para el logro de objetivos estratégicos; de modo que en las batallas (y esto sí es singular de nuestra era) tendrían lugar tanto en el mundo físico como en el mundo virtual.

Esta aproximación de referencia es adoptada en el pensamiento ruso en la estela de los influyentes generales soviéticos Georgii Isserson (1898-1976) y Nicolai Ogarkov (1917-1994), y que ahora amplían la doctrina de operaciones en profundidad basadas en una concepción sistémica y totalizadora del esfuerzo nacional para combinar elementos diplomáticos, informativos, sociales, económicos o militares, las medidas activas (que emplean medios, tácticas y procedimientos ambiguos para dificultar la atribución y facilitar la denegabilidad) y el control reflexivo (que pretende manipular los procesos de toma de decisiones y constituyen la base para sus operaciones de información). Figuras como Valeri Gerasimov, actual jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Rusia, han conseguido gran notoriedad por la publicación y posterior ejecución en diferentes conflictos de estos conceptos multidimensionales, consiguiendo aumentar la superficie de ataque donde todo adversario siempre tendrá alguna vulnerabilidad en alguno de estos aspectos, generando una guerra no lineal. En 2014, Vladislav Surkov, asesor de Putin, publicaba un relato distópico Bez Neba, donde se percibe la guerra como un continuo, sin que exista un inicio o un final identificables, con una conjunción de medios psicológicos, económicos, políticos e informativos. En definitiva, se trata de ejecutar una estrategia de poder basada en la confusión permanente de toda oposición, un cambio incesante que es imposible de detener porque es indefinible y cuyo vector se fundamentaría en conseguir la superioridad combinada con los nuevos dominios, como el ciberespacio o la información, en crecimiento y penetración como nunca, desde el mundo físico al cognitivo.

Tal y como expresan muchos analistas, la evolución natural de la forma de hacer la guerra abrazará las últimas tendencias en digitalización, hiperconectividad y la inteligencia artificial, para dar lugar a lo que la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa estadounidense tildó como Guerra Mosaico. Este refleja cómo los elementos más pequeños de la estructura de la fuerza (vehículos no tripulados, drones, capacidades cibernéticas, etc.) pueden ser reorganizados en muchas configuraciones o presentaciones de fuerza diferentes, implicando una mayor capacidad de fuego, así como un abaratamiento en los costes de producción, logísticos y de operación. La guerra mosaico promete traer grandes cambios en el tejido industrial, donde las grandes empresas plataformitas asentadas en el desarrollo de soluciones monolíticas perderán terreno ante pequeños y medianos actores especializados en el desarrollo de productos mucho más específicos. Teniendo todo esto en cuenta, es por lo tanto posible hipotetizar que, si bien los cambios que trajeron las nuevas formas de hacer la guerra del siglo XVI propiciaron la aparición del Nuevo Estado de Nicolás Maquiavelo, no sería de extrañar que la guerra del siglo XXI juegue un papel decisivo en la definición de los nuevos modelos sociopolíticos. También se hace entrever que la combinación de este abaratamiento, en conjunción con la lenta pero constante decadencia del orden mundial hasta ahora imperante, propiciará un incremento de las acciones y los conflictos armados, donde el coste de las acciones ofensivas será cada vez menor en comparación con los beneficios esperados. En este contexto se destacará la predisposición del pueblo ante perpetrar nuevos actos de agresión frente a las posibles pérdidas meramente materiales en armamento y suministros bélicos, consolidándose como efecto de fricción y punto de presión en los políticos con intenciones beligerantes. Bajo este concepto, es de esperar que el pueblo tendrá un mayor peso a la hora de decidir qué guerras atienden a un coste humano asumible en pro del progreso de la humanidad.

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