ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 57, junio-julio 2024

MUSICANDO… LOS 5 DÍAS DE REFLEXIÓN

José Ramón Rebollada

POLITICIAN / Cream

He de admitir que todo lo sucedido con la carta del presidente Sánchez y sus cinco días de reflexión me tiene muy descolocado, absolutamente todo.

Ayuso, con su habitual desproporción, llegó a decir que esos cinco días nos sumieron en un vacío de poder, ni más ni menos. La verdad es que lo que se produjo en esos cinco días fue la suspensión de la agenda del presidente, pero Sánchez siguió siéndolo. No hubo, ni de lejos, nada parecido o cercano al vacío de poder, eso es una «ayusada» más a las que nos tiene acostumbrados la deleznable lideresa madrileña, para la que cualquier exabrupto es válido siempre que salga de su boca.

El país no se paralizó, todo siguió funcionando igual que si la agenda no se hubiera suspendido; no hubo ninguna catástrofe por la reflexión del presidente. Los colegios, las farmacias, los paritorios, las facultades, las administraciones, las empresas y los parados seguimos igual durante esos cinco días, y las bolsas de valores ni se inmutaron, por si alguien considera importante que ese sanedrín del capitalismo que son las bolsas actuasen como lo hicieron.

El maremágnum de especulaciones vertidas durante esos cinco días merece una reflexión específica. Yo carezco de la información suficiente, la formación adecuada y la sabiduría precisa para hacerlo, por ello me voy a limitar a exponer unas pocas reflexiones que me parecen adecuadas una vez que sabemos que la decisión del presidente ha sido continuar al frente del Gobierno.

La primera que me viene a la cabeza es que el proceso vivido ha sido un enorme ejercicio de futilidad que no puedo comprender, desborda mi raciocinio y supera mi comprensión.

Pedro Sánchez nos desconcertó a todos con una carta a la ciudadanía. Primera sorpresa: una carta en estos tiempos digitales. Y parece que le ha cogido el gustillo al estilo epistolar, porque unos días después utilizó otra carta con motivo del 145 aniversario de la fundación del PSOE.

Quiero destacar también que Sánchez optó por difundir la misiva en una de las redes antisociales que pululan por el mundo, lo que a mí personalmente me descorazona. Que el presidente de mi país utilice los servicios privados de un multimillonario estadounidense para hacer llegar a los españoles su mensaje es algo que ni comprendo ni apoyo; no es ni medio normal desde un punto de vista filosófico ni tampoco político; es inaceptable.

La carta es breve, poco más de tres folios. Los primeros dos y medio los dedica a analizar la actuación de la derecha exaltada y la extrema derecha durante los últimos tiempos en materia política. Recurrió a Umberto Eco para poner sobre la mesa la utilización de la máquina del fango para enmierdar la política y a la izquierda en particular, un análisis muy certero con el que estoy de acuerdo, ciertamente.

A partir de ahí viene lo trascendente. ¿Merece la pena todo esto?, se preguntó el presidente, y a renglón seguido confesó: «Sinceramente no lo sé». Continuó su escrito diciendo que: «Muchas veces se nos olvida que tras los políticos hay personas. Y yo, no me causa rubor decirlo, soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer que vive con impotencia el fango que sobre ella esparcen día sí y día también».

Esta parte, la más emotiva y humana, es la que más me llamó la atención. Muestra con evidencia la zozobra que vivió y sintió en lo personal por ese ataque que le afectó a lo más íntimo y querido. «Necesito parar y reflexionar», dijo. «Me urge responderme a la pregunta de si merece la pena, pese al fango en el que la derecha y la ultraderecha pretenden convertir la política». Esa incógnita afectó a la propia esencia vital de Sánchez, a sus planteamientos de carne y hueso, demostrando que sangra si le pinchan, como todos. Eso me acercó a Pedro Sánchez el hombre, y logró que empatizara con su sufrimiento. Desde ese punto de vista yo deduje que la única solución posible al enigma era que el presidente dimitiese y no me ha tranquilizado nada, más bien al contrario, que decidiese lo contrario, porque haciéndolo me olió a gato encerrado.

La constatación de que Sánchez es humano es muy buena, es una cualidad que dignifica a cualquier persona porque seguramente le obliga a ver los problemas desde criterios humanos, no como las cuentas de resultados de las empresas que solo ven números, no las personas que hay detrás de ellos. Es muy bueno que los que toman decisiones políticas, económicas, judiciales, laborales etc. sepan que afectan a personas de carne y hueso que sienten y padecen, personas que sangran cuando les dañan.

Pero mucho me temo que las cosas no van a variar en ese sentido. Es más, estoy convencido de que el descubrimiento del punto que más le duele va a servir para que la derecha exaltada, y la ultraderecha, hurguen en la herida hallada como si fuese el Santo Grial. Ya saben lo que hay que hacer para desestabilizar y hacer zozobrar al presidente. De hecho, el ensañamiento ya se ha materializado, porque ya se han sumado a las cuestiones relacionadas con su mujer otras que afectan a su hermano y a su suegro, con saunas «que todos sabemos a qué se dedican» incluidas.

Y sé que seguirán por ese camino todo lo que puedan, porque si algo han demostrado es que no tiene pudor ni remordimiento alguno. Ya iniciaron una guerra incivil para acabar con la democracia en España y ahora vemos esvásticas y banderas franquistas en la calle Ferraz un día sí y otro también. No me cansaré de repetir que el presidente de honor del PP fue un ministro franquista que tiene varias condenas a muerte en su haber, y que el PP nunca ha condenado el franquismo ni la dictadura, ni se ha solidarizado nunca con las víctimas, lo que le invalida como partido político de una democracia.

Sé que en otros países existe una derecha civilizada; aquí no. Basta recordar las insinuaciones sobre la ilegitimidad de los gobiernos de coalición que han puesto sobre la mesa desde el primer día tanto el PP como Vox. Si no gobiernan ellos, los Gobiernos son ilegítimos. Ahora tienen la herida sangrante de Sánchez delante de sus narices, y mucho me temo que no dejarán que se cure; tienen detrás el poder económico, jurídico, mediático y religioso para hurgar en ella hasta atravesarle las entrañas si es preciso. Sánchez dijo que va a seguir con más fuerza si cabe, y le va a hacer falta, porque no me cabe duda de que la derecha extrema y la ultraderecha van a redoblar sus esfuerzos para que la herida no deje de sangrar sabiendo cuál es su debilidad. Las llamadas a la moderación y a bajar el suflé político solo son buenas si se las aplica la izquierda; a ellos se las trae al pairo. El mismo Feijóo ha comparado recientemente a Sánchez con Franco, ¡manda cojones! No cabe mayor hipocresía ni desvergüenza.

Ahora quiero detenerme en un par de aspectos que yo deduzco de la carta del presidente. Dijo Sánchez que el ataque que sufrió su esposa no tiene precedentes. No soy yo quién para enmendar la plana nada menos que al presidente del Gobierno, ni a nadie, a decir verdad. Por ello me voy a sumar a otras reflexiones que no son mías, aunque las comparto. Sí que hay precedentes, señor Sánchez. No nos podemos olvidar del acoso personal sufrido por Pablo Iglesias, Irene Montero y sus hijos en su casa durante meses. No nos podemos olvidar del calvario judicial sufrido por Podemos, ni de la persecución política y policial que sufrieron sobre las que yo no recuerdo ningún posicionamiento ni del PSOE ni de Pedro Sánchez. O en el caso de Victoria Rosell, o más recientemente el de Mónica Oltra. Por no hablar de la policía política y de las cloacas del Estado en el llamado Procés català. Sí que había precedentes y no pocos, todos ellos en la misma dirección y con los mismos métodos infames. Dudo mucho que el presidente no los conociera; es más, estoy seguro de que sí. Pero claro, no fueron ataques a su mujer.

Sánchez anunció en su carta que: «El próximo lunes, 29 de abril, compareceré ante los medios de comunicación y daré a conocer mi decisión», y así lo hizo. Podía haber hecho lo mismo con la carta, recurrir a los medios de comunicación, pero prefirió ponerse en manos de Elon Musk. Lo que no nos anunció es que antes iba a decírselo al rey, y eso también me tiene muy descolocado. ¿Qué pinta ese señor en todo esto? ¿Por qué tuvo esa deferencia con el Borbón al que no ha elegido nadie? ¿Por qué tenía que saberlo antes que los ciudadanos soberanos del país que preside? ¿Qué pensarán los republicanos sobre ello? Es más, ¿qué pensarán los socialistas republicanos de esa decisión? Ahí lo dejo porque me hierve la sangre.

La pregunta que dejó en el aire el presidente llevaba implícita la respuesta, aunque no fuéramos conscientes de ello en ese momento; al menos yo no lo fui. Tuve que esperar a escuchar su anunciada comparecencia para comprenderlo. En ella dijo que: «Mi mujer y yo sabemos que esta campaña de descrédito no parará. Llevamos diez años sufriéndola. Es grave, pero no es lo más relevante. Podemos con ella». Si te preguntas si merece la pena continuar porque te ha afectado en lo personal la situación y decides continuar sabiendo que la campaña de descrédito va a continuar es que la pregunta no tenía sentido, o que la respuesta es la incorrecta. Expuso Sánchez en su comparecencia que: «Si aceptamos todos como sociedad que la acción política permite el ataque indiscriminado a personas inocentes, entonces no merece la pena», pero se quedó diciendo que su mujer y él pueden con ello, extremo que ya sabrían su mujer y él antes de redactar la carta.

No comprendo la experiencia política que hemos vivido; es absurda para mí. Tal y como lo expuso el presidente, como una vivencia dolorosa personal que le llevó a hacer un parón para reflexionar, lo sensato es que hubiera dimitido, porque las causas que provocaron esas dudas no han desaparecido. Para hacer lo que ha hecho, lo sensato es que no hubiera compartido con los ciudadanos sus dudas, o debería haberlo hecho de otra forma. Podía haber expuesto sus reflexiones sobre el barrizal de la política actual con total sinceridad y supongo que hubiera obtenido no solo la comprensión, sino el apoyo de un buen número de ciudadanos.

Pero al introducir la variable de si merecía la pena seguir, la cosa cambia. Personalmente toda mi comprensión ante el sufrimiento, y si fue eso de verdad lo que originó su reflexión debería haber dimitido; es la única respuesta lógica y sensata. Ahora bien, si lo más importante de la situación actual no es su vivencia personal, sino las consecuencias para la calidad de nuestra democracia, entramos en terreno político de calado, y entonces es él quién tiene mayor capacidad de cambiar las cosas; es el presidente del Gobierno legítimamente elegido.

Esa contradicción de plantear la pregunta en el terreno personal y responderla en el plano político es lo censurable, es lo que desvela la trampa de la pregunta y el ardid de la respuesta, y eso a mí no me parece ni admisible ni aceptable.

Tengo la convicción de que la ultraderecha y la derecha extrema no le van a dar tregua ni van a aceptar un debate sosegado y enriquecedor para todos sobre la cuestión; mucho menos van renunciar a sus métodos vomitivos. Lo que harán será profundizar en la infamia, y lo creo porque así lo han hecho siempre. Deberíamos tener más en cuenta lo que nos enseña la historia: lo vienen haciendo así desde los tiempos inquisitoriales como poco.

Para este viaje no necesitábamos alforjas, señor presidente.

El rock, ese gran referente cultural del siglo XX, también ha hablado de política, como no podía ser de otra forma. Cream fue probablemente el más grande de los supergrupos pioneros de los 60. Nada menos que Jack Bruce, Ginger Baker y Eric Clapton, ahí es nada. Esta canción se titula «Politician», político, y es una crítica ácida a la acción política incoherente con los valores que supuestamente defiende. Musicalmente es un temazo de inspiración blusera sin duda, enriquecido con la genialidad de sus componentes. Una pasada.

 

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