ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 60, enero-febrero 2025

MUSICANDO… LA MEMORIA DEMOCRÁTICA

José Ramón Rebollada

TODOS LOS NOMBRES / Lucía Sócam

El gobierno ha comenzado a conmemorar el cincuentenario de la muerte de Franco y asegura que se celebrará un centenar de actos a lo largo del año. Por supuesto, PP y Vox no participarán en ellos, juntitos de la mano otra vez. Las dos caras de la misma moneda de intolerancia y fanatismo. Ambos surgen del franquismo como ya he explicado en estas mismas páginas. Por tanto, ninguna sorpresa en sus deplorables actuaciones, especialmente en todo los relacionado con la memoria. Al fin y al cabo, defienden los suyo aunque sea a todas luces indefendible.

Me ha llamado muchísimo la atención un supuesto argumento esgrimido por Vox. Su portavoz nacional, Jose Antonio Fuster, ha dicho que Vox defiende «la libertad de cada español para interpretar el pasado histórico». El pasado fue el que fue, pasó lo que pasó y los hechos no están sujetos a interpretación porque son muy tozudos; la verdad suele ser tozuda. Llevan tantos años mintiendo con lo ocurrido, que no me sorprende que defiendan su supuesto derecho de interpretar la historia como les dé la gana. Así lo llevan haciendo desde 1936 (no el PP y Vox, que son muy posteriores; estos lo hacen por herencia), dando por sentado que un bulo repetido debe convertirse en verdad por cachavas, porque lo dicen ellos. Pero la historia no funciona así, es mucho más seria que todo eso.

El caso es que he perdido toda esperanza de que el facherío en general, se posicione con respecto al franquismo con un mínimo de decencia y sensibilidad humana. Sería tanto como pedir que el cristianismo se posicionase en contra de su sectarismo e inveracidad, Ambas cosas son imposibles y, curiosamente, ambas caminan juntas arropadas por el capitalismo. ¿Por qué será?

Sea lo que fuere lo que suceda con la derecha ultra y la ultraderecha en este asunto, no deslegitima ni un ápice el posicionamiento del Gobierno en la conmemoración de la muerte del dictador. He leído con atención la escasa información que se ofrece en la página web habilitada para este acontecimiento. En ella se dice, entre otras cosas, lo siguiente:

Tenemos un triple propósito: 1) celebrar la gran transformación económica, social, cultural y política que ha vivido nuestro país en los últimos 50 años; 2) homenajear a todas aquellas personas, colectivos e instituciones que lo han hecho posible; y 3) transmitir a nuestros jóvenes la importancia de vivir en democracia.

Leyendo el catálogo de actos previstos a lo largo del año, me he dado cuenta de que, a priori, no hay ni uno solo dedicado a las víctimas del franquismo. Hay actos relacionados con los exiliados, con el movimiento obrero y la lucha sindical y otros temas, muy interesantes y necesarios todos ellos, pero no he encontrado ningún acto institucional en el que se reconozca y se homenajee a las víctimas del franquismo. Ninguno que condene y ponga en evidencia de forma específica y destacada la brutal represión que ejerció el franquismo contra una parte de los ciudadanos. Sin duda esas víctimas y la lucha de sus familias fueron las primeras en abrir el camino para la recuperación de la democracia tomada al asalto por la fuerza, a cañonazos. Todavía hoy en día, ahora mismo, hay miles de víctimas abandonadas en fosas clandestinas, no me cansaré de repetirlo, y eso es una grandísima vergüenza para un país avanzado y democrático como presume ser España.

Soy consciente de que el 10 de diciembre se celebró un acto específico dedicado a las víctimas de la guerra y la dictadura, un acto establecido en la Ley de Memoria Democrática. Un acto deslucido que tuvo lugar en el Auditorio Nacional, no en el Congreso ni en el Senado, donde sí se homenajeará a las víctimas del Holocausto y del terrorismo. Y no es lo mismo; otra vez no es lo mismo.

El absurdo de la lógica competitiva que se inculca en esta sociedad actual fomenta la tentación de clasificar a las víctimas en categorías, pero yo no voy a caer en esa treta impropia de un ser humano civilizado. Las víctimas son todas iguales, y todas merecer ser tratadas de la misma forma, como víctimas.

No obstante, soy consciente de que España no ha tratado igual a las víctimas del terrorismo, por ejemplo, que a las del franquismo, y eso a pesar de que las segundas son muchas más y llevan esperando ya noventa años a ser reconocidas y resarcidas. Por esas razones, y otras, es evidente que España sí está tratando a las víctimas del franquismo como de segunda categoría, por desgracia.

Lucía Socam pone su alma en cada verso de esta canción que se titula «Todos los nombres», y es, efectivamente, todos los nombres son importantes. También los de todos los que siguen abandonados en fosas clandestinas.

 

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