

El reciente acuerdo entre Israel y Hamás, de intercambio de rehenes y suspensión temporal de hostilidades, es positivo y permite albergar esperanzas, pero aún está por descubrir si es una etapa importante hacia la paz o se trata más bien de un movimiento táctico, principalmente por parte de Israel

Tras cuatro rondas de negociaciones indirectas entre Israel y Hamás a través de los tres principales mediadores –Catar, Egipto y EE.UU., a los que desde la sorpresiva caída del régimen de Al Assad en Siria también se añade Turquía entre bastidores–, por fin las partes acordaron el tan ansiado alto el fuego. La víspera de la toma de posesión de Donald Trump, comenzó la primera fase de esta tregua temporal, durante la cual Hamás ha de entregar a 33 rehenes –todas las mujeres, niños y hombres mayores de 50 años– de entre el centenar que todavía obran en su poder, e Israel liberará a más de un millar de presos palestinos, entre ellos 110 con delitos de sangre. Además de parar todas sus operaciones, el Tsahal (Ejército israelí) replegará sus tanques y vehículos blindados durante 6 semanas, y permitirá la entrada masiva de ayuda humanitaria, a razón de unos 600 grandes contenedores diarios por el paso fronterizo de Rafah. Pues además de los más de 47.000 muertos –que la revista especializada The Lancet eleva a 65.000–, hay más de 100.000 heridos de diversa consideración que necesitan tratamiento médico urgente.
Benjamín Netanyahu se ha mostrado dispuesto a renunciar al control permanente de la “Ruta Filadelfia” –frontera entre Gaza y Egipto– y del “Corredor de Netzarim” –trazado por el Ejército israelí para seccionar el tercio norte de la Franja respecto del centro y sur–, aunque todavía no está claro si su declaración de intenciones es sincera, o se trata de un mero movimiento táctico y reversible. De momento, sus dos ministros más díscolos y extremistas, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, han dimitido de sus cargos. Pero también han dicho que seguirán apoyando a la coalición gubernamental dentro de la Knésset (Parlamento), y se han mostrado dispuestos a volver a los mismos en cuanto se reactiven las hostilidades.
Igualmente, el despliegue de fuerzas mostrado por Hamás durante la escenificación de la liberación de las tres primeras rehenes el pasado 19 de enero –en el que pudimos ver a decenas de milicianos perfectamente uniformados y fuertemente armados– apunta a que la contienda bélica no ha terminado. Esto es, que se trata de una mera Hudna (en árabe, alto el fuego temporal), que no de una Tahdia (tregua permanente en términos kantianos), conceptos que sin embargo se invierten en Líbano. En este otro frente, el Tsahal ha sido capaz de descabezar a Hizbolá y de desarmar a la guerrilla chiíta pro-iraní entre la frontera y el río Litani, que será competencia de la UNIFIL y de las Fuerzas Armadas Libanesas, a cuyo entrenamiento y despliegue España acaba de comprometer una generosa donación.
Obviamente, el hecho de que Líbano sea un Estado y Gaza sólo un territorio, influye decisivamente en la ecuación, así como el apoyo mostrado por Francia, que llegó a decretar un embargo de armas a Israel –del que fuera principal aliado europeo hasta la Guerra de los Seis Días, y patrón de su programa nuclear–, en señal de protesta por alto nivel de muerte y destrucción al que sometió al Líbano durante el último trimestre de 2024. Esta defenestración de Hizbolá y caída de Al Assad –además de los raids llevados a cabo por las Fuerzas Aéreas de Israel contra instalaciones militares iraníes y las amenazas verbales por parte de Trump– han hecho que Irán haya cambiado también de estrategia y quiera retomar la senda de las negociaciones para dilucidar la viabilidad de su programa nuclear civil.
Tras mostrar una gran superioridad militar y tecnológica, el único aspecto que parece preocupar a Israel es de carácter legal. Pues de la misma forma que la guerra contra Hizbolá de 2006 no tuvo consecuencias penales, la ofensiva contra Gaza está siendo cuidadosamente escrutada tanto por la Corte Penal Internacional como por el Tribunal Internacional de Justicia. De momento para el propio Netanyahu y su ex-ministro de Defensa Yoav Galant, sobre los que ya hay cursadas órdenes internacionales de detención. Pero más adelante también para otros ministros y mandos militares. Y hasta soldados individuales, pues algunos han colgado vídeos en redes sociales en los que se presencian evidentes crímenes de guerra, que ambas instancias judiciales sitas en La Haya habrán luego de determinar si escalan o no a crímenes de lesa humanidad, e incluso alcanzan o no el delito de genocidio.