
La democracia debe alimentarse con la verdad. Sin embargo, hay intereses con el poder suficiente como para impulsar prejuicios, sesgos ideológicos y, en definitiva, información manipulada, que contribuye a conformar la conciencia colectiva. Desde siempre las sociedades se han enfrentado a una niebla provocada con el objetivo de controlar la opinión popular. Se aportan cuatro ejemplos que sirven para comprender los mecanismos de la manipulación y la receptividad social ante ella

Enjuiciar es una aventura, pero no basta darse cuenta del engaño, hay que descubrir sus motivos, aunque solo fuera, ante todo, para mejor dar con él (M. Bloch)
SANTO DOMINGO DEL VAL: UNA HISTORIA DE LOCOS
Antes de enfrentarnos al eterno fenómeno de la manipulación de la opinión pública con fines interesados, es necesaria alguna aclaración de principios. Podemos aceptar que una buena opinión es aquella que se fundamenta en la verdad y que la verdad se apoya en hechos verificables y contrastables. Sabemos, por experiencia, que conseguir conocer la verdad implica un esfuerzo heroico, tanto individual como colectivo, y que solo se produce si no existen prejuicios, sesgos ideológicos o información manipulada que corrompan el juicio sobre los acontecimientos observados o vividos. Las sociedades, las anteriores y las actuales, no son defensoras de la verdad, sino de la fabulación con objetivos de poder. Así, un sistema solo será perfectamente democrático si se fundamenta en la verdad, y la verdad será el prerrequisito para que se pueda decidir libremente. No hay auténtica democracia sin verdad, y la suma de verdades, mitos o falsificaciones forman el sentido común de una época, el zeitgeist, las actitudes, creencias y valores predominantes en un momento dado de la historia. En suma, el clima cultural de una época. Se puede afirmar que vivimos un momento, en las sociedades occidentales desarrolladas, de cultura de decepción consumista, miedo social y restos candentes del esfuerzo de la Guerra Fría; incluido el anticomunismo subyacente. Pero esto no es exclusivo de nuestra época. Desde siempre, las sociedades se han enfrentado a una niebla provocada por el objetivo de controlar la opinión popular. La historia está llena de ambiciones, crímenes horrendos, manipulaciones. Todos ellos con el objetivo de manipular las voluntades. Hemos escogido cuatro ejemplos que todavía tienen consecuencias, sin ánimo de ser exhaustivos.
En un rincón de la Seo Catedral de Zaragoza hay una capilla, con la exuberancia propia del barroco, dedicada a un niño de 7 años: Santo Dominguito de Val. El niño es venerado como mártir a manos de los judíos. Era el año 1250 cuando, un buen día, yendo de la catedral a su casa, le raptó un judío llamado Albayuceto, que lo condujo a una casa donde otros judíos lo crucificaron y sacaron la sangre, para posteriormente tirarlo al rio Ebro. El caso es que hoy en día, en las fiestas del Pilar, y durante la procesión del Rosario de Cristal, hay una carroza que conmemora al mártir y cuenta este sacrificio tal cual. Indudablemente todo es mentira y este mito no es solo de Aragón, la misma mentira se extiende en distintas épocas por toda España y Europa. El caso es que, desde la infancia, todos hemos oído estas historias de los judíos y forman parte de nuestros prejuicios y nuestra percepción del judaísmo. No hace falta decir que tantos años de persecuciones y sangre han creado, por la vía del sufrimiento y el miedo, el sionismo más narcisista y brutal, una de cuyas consecuencias es la emergencia del mito de la tierra prometida del Gran Israel: el actual estado de Israel, y la monstruosidad del genocidio de Gaza. Las historias tienen consecuencias.
Mientras tanto, ‘el otro’ ha sido sustituido por el musulmán. Pero para esto también hay antecedentes. Como desveló Edward Said en su extraordinario libro Orientalismo, la cultura occidental construyó una imagen de inferioridad de los pobladores que no pertenecían a su mundo, que ha sido la base del colonialismo y de la ideología que alimenta la catástrofe de Gaza, ideología que legitimó, en su momento, los crímenes británicos en sus colonias, como Tariq Ali nos ha descubierto en Winston Churchill. Sus tiempos, sus crímenes.
EL DESEO Y LA HISTORIA: A LA GUERRA POR LA PATRIA
En 1891 nació en Viena Edward Bernays. Era sobrino de Sigmund Freud y, como él, judío. Ya joven, va a tener importancia decisiva sobre la política internacional de los Estados Unidos y sobre la cultura de consumo de la sociedad industrial. Hizo que se deseasen objetos y actitudes innecesarias, todo ello en base a la propaganda, que para alejar el tufo nazi llamó relaciones públicas. Él fue uno de los asesores que propicio el cambio descomunal de la opinión pública en los Estados Unidos del presidente Woodrow Wilson, y consiguió que la mayoría pasase de pacifista a belicista en muy poco tiempo. Goebbels fue un buen discípulo.
En 1917 Wilson creo el Comité de Información Pública, que tenía como objetivo la necesidad imperiosa de intervenir en la guerra. Para ello, se alimentaron las pasiones patrióticas, se dibujó a los alemanes como seres abyectos, se pidieron sacrificios y se sugirió que se comprasen bonos del Estado. Todo ello a base de un aparato de propaganda descomunal que supuso un vuelco enorme en la opinión pública; el caso es que comenzó una época de intervencionismo con consecuencias nefastas para muchos países. Bernays, mientras tanto, se dedicaba a ganar dinero con su asesoramiento publicitario. Dos son las actuaciones decisivas de la posguerra: el salto hacia el consumismo de posguerra y la intervención propagandista en el derrocamiento de Jacobo Árbenz.
Bernays publicó en 1928 Propaganda, donde explica claramente su método y objetivos: «La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas son un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible, que es el verdadero poder en nuestro país […]. La inteligente minoría necesita hacer uso continuo y sistemático de la propaganda».
Uno de sus mayores éxitos fue convencer a las mujeres de que fumar las desligaba del yugo masculino y que vestirse de manera atrevida también; conducir un coche era otro signo de emancipación. Así, empleó eslóganes como «antorchas de la libertad» referidas a los cigarrillos, «cree en ti misma», «sé feliz», «las mujeres son libres»… Ni que decir tiene que las campañas de persuasión fueron financiadas por las compañías tabacaleras, del automóvil y del textil. Consiguió sus objetivos con ayuda de Hollywood, y aumentaron de manera fabulosa las ventas de tabaco, vestidos, cosméticos y coches de pequeños formatos, que pasaron a formar parte de la feminidad capitalista de las que las uñas pintadas de rojo y los tacones llegan a nuestros días. Podemos decir que la sociedad de consumo fue producto de una gran farsa o quimera que nos ha llevado a este absurdo actual.
En otro orden de cosas, Bernays fue contratado por la United Fruit para crear una atmósfera que facilitase el derrocamiento de Jacobo Árbenz, que intentaba nacionalizar terrenos improductivos en un esfuerzo por mejorar la vida de los guatemaltecos con una nueva producción agraria. Los magnates del banano y Bernays construyeron un relato bestial acusando a Árbenz, un liberal, de odioso comunista que iba a llevar a Guatemala al desastre más absoluto, drama fabulosamente narrado por Vargas Llosa en Tiempos recios. Bernays siempre pensó que su vida era un cúmulo de éxitos y nunca tuvo ningún remordimiento.
LA HIPNOSIS: UN NUEVO MUNDO DISPERSO E IRREAL
Jiangwei Xun nos dice que después de todo, el capitalismo digital no es una simple evolución del capitalismo tradicional. «Los algoritmos no son solo herramientas de cálculo y predicción: son tecnologías de hipnosis masiva. Y la economía de la atención no es solo un modelo de negocio: es un sistema para inducir el trance colectivo. Hemos entrado en una era en la que el poder ya no necesita las herramientas de la restricción física o la persuasión racional: simplemente necesita modular los estados colectivos de conciencia. La atención se orquesta como una ola, los estados emocionales son inducidos y manipulados. Así es como la sugerencia se repite, incansablemente, y la realidad se disuelve en múltiples sueños dirigidos. Ya no existe una narrativa unificadora a través de la cual dar sentido al mundo. Nos encontramos —ustedes se encuentran— en un espacio fragmentado donde innumerables historias compiten por un dominio fugaz, cada una proclamándose la verdad última. Estas historias no conversan: chocan. Se superponen y se reflejan entre sí sin cesar, creando una vertiginosa sala de espejos donde la realidad y la simulación se vuelven sinónimos».
Su tesis principal es que los líderes contemporáneos no dominan mediante leyes o fuerza, sino mediante historias hipnóticas que capturan la atención del público, de ahí el término hipnocracia. Así, redes sociales, algoritmos y medios digitales funcionan como canales de sugestión colectiva donde figuras como Trump o Musk logran construir realidades alternativas más convincentes que la verdad.
Uno diría que Jiangwei Xun es un pensador de Hong Kong que emerge en nuestro espacio occidental con cierta insolencia. Pues no, Jiangwei Xun es algo artificial que llega a conclusiones que definen nuestro mundo ideológico con cierta precisión. En efecto, Jiangwei es una entidad filosófica nacida de la interacción colaborativa entre la inteligencia humana y los sistemas de inteligencia artificial. En el puesto de mando se encuentra, como no podía ser de otra manera, un italiano: Andrea Colamedici, que se ha lanzado a la búsqueda de conclusiones en nuestra época digital contribuyendo a un libro que ha venido a llamar Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad. La hegemonía gramsciana suena a ecos del pasado, o no.
EL CANTO DEL RUISEÑOR: LAS SIRENAS DEL CAPITALISMO
El sinsonte, o sinsontle, es un ave que imita a multitud de otros pájaros; es una especie de ruiseñor que forma parte de la iconografía americana. Es un animal que es capaz de imitar cantos de otras aves de manera prodigiosa con el objetivo de engañar y defender su territorio y, posiblemente, a sus crías. Por ello la CIA escogió el nombre de Project Mockingbird (proyecto pájaro sinsonte o ruiseñor) para enfrentarse culturalmente a una Unión Soviética con un alto crecimiento económico en los años de posguerra y un gran prestigio popular, para confeccionar una de las operaciones de intoxicación y engaño más importantes de la Guerra Fría. El proyecto financió a periodistas, publicaciones, universidades y congresos culturales. Y persiste en nuestros días con otras maneras Es significativo que casi todos los intelectuales, periodistas, escritores y artistas no comunistas o anticomunistas españoles recibieran, de una forma u otra, becas en universidades norteamericana y financiación para publicaciones, así como dinero en maletas para algunos partidos políticos que aupaban a dirigentes de confianza. El objetivo era degradar la autoridad de la Unión Soviética y la imagen de los partidos comunistas de la Europa occidental. Sin embargo, pocos años antes Churchill había dicho de Stalin «Este hombre me gusta». De Gasperi afirmaba «el mérito inmenso, histórico, secular, de los ejércitos organizados por el genio de Stalin». En 1951 todo cambió y nació la Guerra Fría y se puede decir que con un éxito arrollador para los Estados Unidos. Este modelo se ha utilizado ad infinitum para todas las incursiones desastrosas que han realizado los Estados Unidos: Japón, Corea, Vietnam, Irán, Afganistán, Irak y, últimamente, Ucrania.
ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS: LO QUE IMPORTA ES QUIÉN MANDA
Distintas épocas, distintos imperios y distintas fabulaciones: reinos, iglesias, imperios, naciones, repúblicas, partidos…, todos necesitan una construcción política de la realidad. Viene al caso el dialogo de Alicia con Humpty Dumpty en el genial cuento de Lewis Carroll. Humpty decía «cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga», a lo que Alicia replica: «La cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes». A eso contestó Humpty Dumpty: «La cuestión es saber quién es el que manda…, eso es todo».