ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 66, junio – agosto 2026

MANIFIESTO DE LA SOCIEDAD FABIANA ESPAÑOLA EN EL DÍA DE EUROPA 2026

Europeos. Europeas

Hace más de 75 años que una Europa exhausta tras siglos de luchas fratricidas, inició la búsqueda de un destino común. Lo hizo de la mano de un puñado de políticos visionarios que tenían grabados, en la retina y en el corazón, los millones de muertos causados por dos guerras mundiales que diezmaron la población europea y arrasaron su economía.

El ideal de una Europa unida, superadora de nacionalismos, había concitado con anterioridad las voces de ilustres pensadores como Víctor Hugo o Enmanuel Kant. El hecho diferencial es que al filo de la segunda mitad del siglo XX la idea fue asumida por quienes tuvieron el empeño y la capacidad de intentar llevarla a la práctica. Y lo hicieron con los ojos abiertos, con plena conciencia de los muchos escollos que habría que salvar en el camino. No es casual que Robert Schuman, Ministro francés de Asuntos Exteriores vaticinara que “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto, se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Este es el tenor literal de la conocida como Declaración Schuman, de 8 de mayo de 1950, que hoy conmemoramos como auténtica acta de nacimiento de la integración europea.

Desde entonces han transcurrido más de siete décadas y esa solidaridad, pese a reveses y sobresaltos, ya existe. La UE ha avanzado con la incorporación, además, de importantes componentes políticos de cuño federal que es necesario seguir acentuando con el objetivo de alcanzar una Unión más estrecha, interdependiente y solidaria, que le permita desplegar todo su potencial. Hoy por hoy, si no es un superestado, tampoco es una mera confederación. La UE constituye una unión política de estados única en el mundo que comparte soberanía en ámbitos esenciales para el bienestar y seguridad de sus pueblos.

Así pues, nuestra Unión no es todavía el gran espacio común que le correspondería como potencia con intereses geopolíticos y obligaciones globales. Dos grandes carencias se lo impiden: su autopercepción como tal y una configuración política adecuada para poder actuar con voz propia y única en el ámbito internacional.

Estas carencias se hacen especialmente evidentes en momentos de crisis. En nuestros días se están concitando tensiones y disfunciones geopolíticas de alta intensidad que propician profundos problemas y riesgos globales; y, con ellos, los miedos, los populismos, el autoritarismo y pretensiones hegemónicas inaceptables de otras potencias. Ante estas realidades necesitamos más Europa.

Tras el cataclismo que desencadenó en Europa la agresión rusa a Ucrania, las decisiones im-predeciblemente adoptadas por el que fuera nuestro tradicional aliado, los Estados Unidos de América, marcan un punto de inflexión. Entre otras derivas, la ignorancia sistemática de la ONU y de cualquier organismo internacional multilateral, la vulneración directa de normas básicas del Derecho Internacional, el apoyo incondicional a la política genocida de Israel en Gaza y Cisjordania, la intervención en Venezuela o los bombardeos sobre Irán y Líbano, están socavando irresponsablemente el orden internacional en todos los ámbitos y minando el respeto y la garantía de los derechos humanos.

Ante este estado de cosas tenemos que decir alto y claro que el desánimo no puede tener cabida en la UE. Como la mayoría de la ciudadanía, queremos una Europa fuerte, diversa y unida, capaz de ejercer su inmenso potencial como actor global, no solo en la promoción y defensa de sus intereses específicos, sino también en la proyección de sus principios y valores democráticos en el orden mundial.

Creemos en una UE innovadora, transformadora y ambiciosa, que se respete a sí misma y se haga respetar por sus fortalezas. Necesitamos una Europa capaz de garantizar su propia seguridad, la de los Estados que la integran y contribuir a la de sus vecinos, no solo en el marco de las alianzas existentes sino también mediante la creación y desarrollo de sus propias capacidades, medios económicos y materiales y estructuras organizativas.

La UE ha de seguir siendo modelo de principios y valores democráticos, en cuyo desarrollo y ejecución debe profundizar: la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho, el respeto a los derechos humanos, la solidaridad, el pluralismo, la tolerancia y la justicia.

Como ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, aceptamos que ese es nuestro desafío e instamos a los Estados miembros a que caminen, decididos, en esta dirección. Un desafío que la Sociedad Fabiana Española asume como propio, convencida de que la sumisión nunca condujo a la victoria, que en nuestro caso se encarna en el respeto a la irrenunciable dignidad del género humano. Nos lo reclaman las generaciones pasadas; se lo debemos a las generaciones futuras.

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