


Cada vez se incorporan más mujeres al mercado de trabajo, y se registran algunos avances en las condiciones de trabajo, pero aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad real. Las mujeres siguen estando más golpeadas por el desempleo, los menores salarios, la temporalidad y las jornadas parciales por el cuidado de personas dependientes. Además, son minoría a la hora de emprender un negocio, y existe un techo de cristal que sigue impidiendo una presencia mayoritaria en la toma de decisiones empresariales. Convendría avanzar en políticas públicas y en una mayor responsabilización de los varones en el hogar
En las últimas décadas el papel de la mujer en el mercado laboral ha evolucionado enormemente: ocho de cada diez mujeres en edad de trabajar ya lo hacen, sus puestos están cada vez mejor remunerados y desempeñan funciones directivas con mayor frecuencia. El sexo femenino también ha adquirido mayor relevancia a la hora de iniciar un negocio, y las mujeres ya son el motor del crecimiento del autoempleo en España. Pero debemos preguntarnos qué hay detrás de todas estas afirmaciones, y sobre todo debemos pararnos a evaluar las cifras que arroja la realidad de las mujeres trabajadoras en nuestro país, porque pese a los significativos avances aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad real en el mercado de trabajo. Las conquistas laborales no han sido suficientes, y las mujeres siguen estando más golpeadas por el desempleo, los menores salarios, la temporalidad y las jornadas parciales por el cuidado de personas dependientes. Además, son minoría a la hora de emprender un negocio y existe un techo de cristal que sigue impidiendo una presencia mayoritaria en la toma de decisiones empresariales. Las mujeres son mayoría en la población española, pero siguen estando en minoría en el mercado de trabajo. En 2022, de acuerdo con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 11,1 millones de mujeres de más de 16 años se encontraban trabajando o en búsqueda de empleo, frente a 12,3 millones de hombres. Detrás de estas cifras se esconde la imposibilidad de la mujer de sumarse al mercado de trabajo por la dificultad de conciliar su vida familiar, laboral y personal, al asumir la mayor parte de los cuidados de mayores, menores y personas dependientes.
En total, 638.400 mujeres se han visto obligadas a renunciar a un empleo por esta situación, frente a 55.000 hombres. La brecha de género también es latente si atendemos a otras variables, como la tasa de actividad: la del sexo femenino (53,79%) se sitúa diez puntos por debajo de la masculina (63,53%). En el caso del desempleo, y a pesar de que el paro femenino bajó el pasado año hasta el 14,61%, aún es tres puntos superior al de los hombres (11,32%). En concreto, hay 222.000 mujeres más en situación de desempleo y concentran el 53,7% del total de personas paradas. De ellas, una de cada tres (32%) llevaba más de dos años buscando trabajo. Pese a ello hay un dato para el optimismo: cada vez hay más mujeres en el mercado laboral. En concreto, en 2022 se sumaron casi 100.000 trabajadoras, un 0,9% más que el año anterior. También se alcanzó un nuevo récord en el número de ocupadas: a cierre de año, casi 9,5 millones de mujeres se encontraban trabajando, frente a los poco más de 6 millones de hace dos décadas. Las cifras de las condiciones laborales nos devuelven al pesimismo. Las mujeres trabajadoras ostentan el 55,36% del total de contratos temporales, pero también el 73,53% de las jornadas parciales en España. Estas desigualdades se intensifican si atendemos a los sectores de actividad. En concreto, de los 21 tipos de negocio que establece la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE), en 10 de ellos es mayoritaria la presencia de mujeres. Todo ello acaba repercutiendo inevitablemente en los salarios, que son un 23% más bajos que los de los hombres. En concreto, según la última encuesta anual de estructura salarial del INE, las mujeres cobraron en 2020 una media de 22.467,48 euros, frente a los 27.642,52 euros de los hombres. Se trata de una diferencia de 5.175,04 euros anuales.
Este breve panorama numérico nos deja una radiografía clara: todas estas brechas entre mujeres y hombres en el mercado laboral en España permanecen estancadas desde la crisis de 2008, y en muchos casos agravadas por el COVID. Ahora bien, revertir esta situación, es decir acabar con la brecha de género en el mercado laboral, generaría 2,5 millones de puestos de trabajo. La desigualdad entre hombres y mujeres cuesta al país unos 212.000 millones de euros, lo que equivale al 17,6% del PIB, según la tercera edición del Índice ClosinGap. El informe confirma también que España avanza a paso lento, pues a este ritmo el país tardaría 33 años en cerrar las principales brechas laborales. Según la Organización
Internacional del Trabajo, si bien los países han tomado diversas medidas para promover la igualdad de género en el ámbito laboral, la disparidad entre hombres y mujeres en el acceso al empleo y en las condiciones de trabajo son mayores de lo que se pensaba, y los progresos que se han hecho para reducirlos en las últimas dos décadas han sido «lentos y decepcionantes». Así pues, una mejor inversión en la economía de los cuidados, que protegiera y ofreciera apoyos adecuados a trabajadores y trabajadoras, podría generar cerca de 300 millones de empleos para 2035 y más igualdad de género en el mundo del trabajo, según el informe de la OIT “Los cuidados en el trabajo: Invertir en licencias y servicios de cuidados para una mayor igualdad en el mundo del trabajo”. Este concluye, sin embargo, que las significativas brechas en los servicios y medidas de cuidado han dejado a cientos de millones de trabajadoras con responsabilidades familiares sin la protección y el apoyo adecuados. A este respecto, hay que añadir que España, además, encabeza el retraso en la maternidad en Europa y tiene la edad de tener el primer hijo más elevada del mundo.
Con este panorama, las claves para incrementar la igualdad de género en el ámbito laboral en nuestro país pasan principalmente por implementar y controlar los planes de igualdad que contempla la ley en las empresas; establecer políticas empresariales de flexibilidad horaria y transparencia salarial; y atraer a más mujeres hacia itinerarios formativos relacionados con ámbitos STEM. Más allá de establecer leyes que favorezcan la igualdad de género en el trabajo y medidas de control para que se cumplan, la formación y la orientación pueden jugar un rol importante para alcanzar la equidad de la mujer en el mercado laboral. Atraer a más chicas a formarse en áreas de conocimiento relacionadas con ciencia, tecnología e ingeniería y matemáticas, les ayudaría a aumentar sus oportunidades laborales y, por ende, sus salarios. Resulta necesario trabajar la orientación académica y profesional entre las alumnas, teniendo como referencia el proyecto de vida de cada persona en relación con su proyecto vocacional.
Necesitamos voluntad política y social para diseñar políticas públicas desde las administraciones, y de responsabilidad corporativa desde las empresas, con perspectiva de género. Sólo así conseguiremos mantener un nivel de vida digno tanto para las mujeres como para los hombres.
Pero tengamos también claro que las políticas públicas no pueden por sí solas paliar problemas estructurales, y es vital que los hombres corresponsabilicen y entiendan las tareas domésticas y de cuidado de todos los miembros de la familia, incluidos los familiares dependientes, como una responsabilidad compartida. Es preciso también que las políticas de corresponsabilidad tengan en cuenta el derecho a tiempo propio como una necesidad para el bienestar cotidiano y no un lujo inaccesible. Y no menos importante para concluir, es formar en igualdad, coeducar, desde el seno familiar y las escuelas en edades tempranas y en jóvenes para romper con los estereotipos de género, que marcan la desigualdad en el mercado laboral presente y futuro.