ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 52, julio-agosto 2023

REARME DE LA IZQUIERDA

Un grupo de folletos sobre una superficie de madera Descripción generada automáticamente con confianza baja
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Los resultados de las elecciones recientes han producido decepción en la izquierda. Probablemente haya influido en los electores cierto afán de seguridad ante las crisis sucesivas que ha experimentado nuestro país. Una parte de esa sensación de crisis viene provocada por la tensión social que produce un capitalismo tan inhumano. En realidad, el voto de la derecha se ha mantenido bastante estable, pero convendría investigar las motivaciones de la abstención, que ha ido en aumento. Parece conveniente imprimir a la comunicación hacia los electores más empatía y capacidad de convicción, y perseguir un contacto más directo con los ciudadanos, y con un espíritu de entrañamiento social. También sería conveniente recuperar iniciativas sociales que daban efectividad a ese contacto, y alimentaban una cultura de solidaridad

¿Qué ha pasado para que nos ocurra esto? ¿Cómo es posible que gente con un discurso grosero, vacío y sin ninguna densidad política, pueda atraer votos de millones de ciudadanos? Los que somos de izquierdas hemos partido de la premisa, siempre, de que somos mejores que los de derechas, y de alguna forma es verdad, por muy soberbio que parezca: defendemos la razón, la igualdad, la libertad y la fraternidad, valores éticamente superiores a los de esfuerzo, mérito, deseo individual, éxito, fracaso merecido, competitividad… y hay que decirlo sin complejos. Lo más hiriente es contemplar cómo los subalternos, los que sufren las consecuencias, son la base del éxito de los que poseen la riqueza. Los votan. Eso es difícilmente soportable, pero siempre ha pasado.

Ese espectáculo estamos obligados a vivirlo. Irrita que, después del evidente avance que el gobierno de coalición ha realizado en materia de derechos sociales y económicos, voten a esta legión de personajes sin escrúpulos que, sin nada que ofrecer al futuro del país, es alegremente vitoreada por siervos sin consciencia de lo que puede pasar si le dejamos las instituciones políticas a la orgía de libertarismo que tienen preparada.

Sin embargo, siempre ha sido así. Nuestro país ha tenido fases de gobierno de izquierdas con variaciones a otros de derechas. Conviene recordar lo que ha sido el poder político institucional desde la Transición. Es el relato de una población zarandeada por el atractivo político de uno y otro lado.

Eso no exime de responsabilidad a las personas que dirigen el gobierno de coalición y a las organizaciones de los partidos de izquierda. Los miembros del gobierno del PSOE han dilapidado el enorme activo que son las medidas tomadas en la legislatura por ellos mismos. En una época en que la comunicación va por delante de la cultura, no se puede ser tan frío en la explotación de los logros. La falta de empatía en su retórica y la ausencia de pálpito social es clamorosa, empezando por el propio Pedro Sánchez, con enorme buena voluntad, pero incapacitado para explotar sus avances. En cuanto a los miembros de Podemos, qué decir… La torpeza y la ausencia de oportunidad política han hecho un daño enorme a la imagen del Gobierno. Por último, Yolanda Diaz: está por ver si ese tono intermedio entre el informe laboral y el sentimentalismo adolescente encaja en el deseo popular. Asimismo, es obvio que los medios de comunicación han jugado una baza no desdeñable, aunque la izquierda debe tener siempre en cuenta esta beligerancia cuando se trata de una sociedad capitalista con problemas de hegemonía ideológica empresarial.

Otro rasgo, en lo que concierne a los partidos de izquierdas, es que está pendiente el entrañamiento social permanente con la población. Mucho se puede hablar del tema, pero es evidente que se han dinamitado las organizaciones de discusión e información permanente a las que están obligados a apoyar los partidos de izquierda. Se acabaron las casas del pueblo, las asociaciones de vecinos vibrantes, las casas de cultura donde se construían vínculos de todo tipo y se hacía frente a los problemas cotidianos, se elaboraba cultura alternativa y se ejercía la solidaridad grupal.

Persona con suéter de color azul

Descripción generada automáticamente con confianza media Es difícil establecer un análisis del porqué de los votos de los trabajadores a la derecha. Con todas las posibilidades de error, podemos avanzar algunas sospechas. En primer lugar, hay una dicotomía esencial: están aquellos que creen que las cosas tienen que cambiar y los que creen que nada debe cambiar; en todo caso, estos últimos desean volver a algunos momentos del pasado, donde el ascenso social era posible. Hay que precisar que estos sentimientos contradictorios se dan en la derecha y en la izquierda. En la época que nos ha tocado, con la fractura que supone la digitalización y el impacto al medio ambiente de la actividad humana, el cambio es vital, pero es enormemente complicado construir un proyecto hacia el futuro que tiene que apoyarse en la sostenibilidad y en la igualdad y, sobre todo, que exija un canon de comportamiento que modifique de manera significativa los hábitos de la sociedad de consumo. Ejemplos hay de resistencia a medidas mínimas que no hace falta recordar. Podemos sintetizar en una sola frase el voto trabajador: miedo al presente. Aunque los datos macroeconómicos sean brillantes, existe un porcentaje muy alto de trabajadores que lo están pasando mal, muy mal, y quieren volver al mundo de sus padres: estabilidad, seguridad y futuro predecible. En el sistema capitalista tal como es actualmente, es imposible ofrecer esa aspiración. Hay que cambiar muchas cosas, y eso no es fácil. Esa incertidumbre es el vivero más fuerte de la derecha, que no tiene pudor en decir que el que vale sale adelante y que el vencido se lo merece. Para ellos, la culpa es de la gente.

Pero de lo que estamos hablando es de unas elecciones malas para la izquierda y de unas elecciones generales que no sabemos cómo van a salir. Revisar el histórico de algunas elecciones realizadas en el pasado, y reflexionar a la luz de las últimas municipales, quizás nos ayude a desdramatizar el sentimiento de decepción que nos invade.

Una primera apreciación es que en España ha aumentado la población desde las primeras elecciones de 1977 en una cifra considerable. Lo más llamativo es que en 1977 la población estaba prácticamente estancada y que al pasar de 36 millones a 48 nos hemos convertido en un país con un alto índice de personas de origen extranjero, que tarde o temprano votarán, aunque ahora lo hagan de forma minoritaria. En efecto, el censo electoral ha aumentado en 12 millones de potenciales votantes y sería necesario investigar la naturaleza de ese aumento, que no debe estar motivado, exclusivamente, por la incorporación por edad.

Otro rasgo es que los votantes en el año 2023 sólo son 3,8 millones más, lo que se traduce en un aumento importante de la abstención. En el año 2019 hubo 12,5 millones de abstenciones y en el 2023 aumentó levemente a 12,6. De todas formas, son cifras importantes que justifican la indagación para saber si son votos de cansancio, antisistema o indiferencia. El descubrimiento de las causas debe guiar la acción política posterior.

Una tercera cuestión es intentar relativizar los resultados. Los resultados de la derecha se han estabilizado en las elecciones generales en alrededor de 10 millones de votos, y, aunque en las municipales ha obtenido 8,8 millones, tiene todavía un margen importante. En cuanto a la izquierda, sobre todo en el PSOE, sus datos son más erráticos, teniendo su culmen en la época González y en el episodio Zapatero, raro donde los haya. El caso Sánchez es producto de la ingeniería política: se gobierna como se puede, no como se quiere, y esa es una debilidad que no ha impedido realizar avances sociales importantes. Sin embargo, ha supuesto una permanente fragilidad política causada por la naturaleza y el comportamiento de los socios del gobierno y por los errores de comunicación del propio gobierno, aunque sería ingenuo identificar las causas de la derrota en problemas de comunicación.

Como se puede observar en la tabla 1, la cota de votos más alta de la izquierda ha sido de 12,1 millones a favor en el 2008, y, muy de cerca, la derecha con 10,3 millones. En la tabla, en la que faltan las estadísticas de algunos años electorales, porque lo nos interesa es ver el potencial electoral en el pasado, las abstenciones, el censo y la población de lo que hemos considerado años más significativos para nuestro análisis. Dejamos al lector que se divierta comparando y pensando

Año

1977

1979

1982

1986

1989

1996

2000

2008

2015

2019

Población

36,1

37,8

37,5

38,5

38,5

40,2

39,9

45,2

47,8

46,8

Censo

23,6

26,8

26,8

29,1

29,6

32,5

34,0

35,1

36,5

37,0

Votantes

18,6

18,3

21,5

20,5

20,6

25,2

23,3

25,9

25,4

24,5

Abstenciones

5,0

8,6

5,4

8,6

9,0

7,3

10,6

9,1

11,0

12,5

PSOE

5,4

5,5

10,1

8,9

8,1

9,2

7,9

11,3

5,5

6,8

IU-Pode/PCE

1,7

1,9

0,8

0,9

1,9

2,3

1,3

0,8

4,1

2,4

PP/UCD/CDS/UN

8,6

7,8

7,0

7,0

6,9

8,6

10,3

10,3

7,2

5,0

Vox

                 

3,7

Ciudadanos

               

3,5

1,7

Las cifras en millones de personas (Cuadro 1)

En cuanto a las municipales del 28 de mayo, varios son los datos que pueden llamar la atención. En primer lugar, que la población española ha sido, o es, la más alta de la historia, y que eso no ha significado que el censo electoral haya aumentado; al contrario: el censo ha bajado a niveles del 2008, cuando la población era 3 millones menos que actualmente.

Segundo, aunque ha ganado la derecha, el número de votos es mucho menor que su cota más alta, en un escenario en que el número de votos total ha sido el más bajo desde 1996, si lo comparamos con las cifras de las generales. En fin, pueden pasar muchas c

Resultados municipales millones personas 2023 (Cuadro 2)

Año (MU)

2023

Población

48,2

Censo

35,4

Votantes

22,8

Abstenciones

12,6

PSOE

6,3

PP

7,1

Vox

1,7

IU/Podemos

0,1

Bien. Ahora vienen las elecciones del 23 de julio, que la mayoría auguran como una prolongación de las municipales y que el poco ilustrado Feijóo puede ganar. Veremos.

No somos nosotros los que estamos en el Gobierno y es pretencioso decir lo que tienen que hacer, a corto plazo, sus miembros. Además de lo obvio, como es la concentración de fuerzas en Sumar, con todas las incógnitas que nos generan y que necesitarían de un artículo específico, se debe presentar mejor lo realizado; no se puede cometer el error de las municipales de obviar los logros. Hay una cantera enorme en las medidas efectuadas, pero los ministros y el propio Pedro Sánchez no son carismáticos. Recordemos al mismo Felipe González o a Santiago Carrillo. Hay que saber vender, y para eso hay que tener en cuenta los sentimientos de la gente y no presentarse como jefes de negociado de la administración pública. Hay que mejorar hasta lo imposible la expresión de lo realizado y de lo que se quiere realizar.

No hay que caer en la trampa del estilo de la derecha, nosotros a lo nuestro; nosotros no somos iguales a esa chusma. Hay que dibujar, y convencer, un objetivo futuro, y explicar los rasgos para que ese segmento de población empobrecido y precarizado se explique los porqués y vea que se intenta hacer frente a sus problemas, que son importantes, los más importantes. Los de abajo, primero.

En fin, la campaña debe ser honesta: tenemos que decir que las cosas no serán un camino de rosas. Hay que ser sinceros y trasladar la idea de que un gobierno no puede solucionar los graves problemas de desigualdad y seguridad sin la gente y hay que pedir perdón por hacer todo desde los despachos. Aunque esté bien lo que se hace.

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