AP4914 MUSICANDO… LA SANIDAD PÚBLICA

MUSICANDO… LA SANIDAD PÚBLICA

José Ramón Rebollada

The Doobie Brothers / The doctor

Primary

Recientemente hemos padecido otra insufrible campaña del llamado “Black Friday”, viernes negro en castellano, pero claro, mola más decirlo en inglés. El torrente publicitario ha sido tan exagerado, tan abrumadoramente masivo, que fue un tsunami en realidad, algo que resuena todavía en mi cabeza torturada por tanto exceso mercantilista, capitalismo de la peor calaña… si es que existe alguno bueno.

Y me he planteado yo, en mi ingenuidad infinita, que si se pusiera la mitad de empeño en promocionar la sanidad pública como sucede con cualquier otra acción comercial masiva, quizá conseguiríamos una sociedad mejor, en la que primase como importante lo que es realmente importante, entre otras cosas la sanidad pública, e insisto en la condición pública como pilar de un sistema sanitario no solo posible, sino deseable e imprescindible para tener realmente una sociedad protegida en uno de sus aspectos esenciales: la salud.

El sistema es simple: en realidad, se basa en la solidaridad, ese valor humano que nos acerca más al significado de la quinta acepción del apelativo humanidad: sensibilidad, compasión por las desgracias de otras personas. Todos los que podemos, aportamos recursos (en este caso, económicos) al sistema aunque no estemos enfermos, porque hay otras personas que sí lo están y quizá no pueden pagarse el coste del tratamiento sanitario que precise. Es tan simple como esto. Tan revolucionario como esto.

Pero para que el sistema sea eficaz necesita principalmente dos condiciones: que haya suficiente personal formado para atender las necesidades de la población y que estos estén bien pagados, con la suficiente dignidad y estabilidad. Ese personal que tanto cuesta formar (entramos en otro aspecto fundamental de nuestra sociedad: la educación), tiene entre sus virtudes una fuerte vocación, una especie de obligación moral de poner al servicio de la sociedad sus conocimientos y pericia como sanitarios, su sacrificio y entrega como profesionales de la salud. Es de obligado cumplimiento que la sociedad trate con justicia y dignidad a todo ese personal sanitario, y la sociedad suele hacerlo. Otra cosa es el trato que dispensan algunos gobiernos. Especialmente me estoy refiriendo a la Comunidad Autónoma de Madrid, encabezada por la deleznable y peligrosísima Isabel Díaz Ayuso.

La degradación sanitaria de la Comunidad Autónoma de Madrid es palpable y evidente. Pero es algo más; es el esfuerzo continuado desde hace años para desmantelar el sistema por la vía de los hechos, desmontando poco a poco las infraestructuras, demoliendo sin descanso la estructura profesional, y todo ello con un único propósito: fomentar la sanidad privada, que es, sin duda, mucho más cara e injusta que la pública, pero que reporta pingües beneficios para unos pocos en detrimento de todos los demás. En la comunidad valenciana, durante lo peor de los más corruptos gobiernos del PP, se intentó, y en Madrid se profundiza en esa senda iniciada por Esperanza Aguirre, ahora sacralizada por Díaz Ayuso.

Los problemas de la sanidad pública son múltiples, variados y complejos, pero aun así ha sido capaz de hacer frente a una pandemia aunque con resultados también dispares, siendo Madrid uno de los ejemplos más negativos en esos resultados. Recordemos el invento infame de IFEMA, o la cuestión no resuelta de los miles de mayores que murieron en las residencias solos, abandonados. O los cadáveres almacenados en el Palacio de Hielo, una morgue improvisada; o todo lo acontecido con el nuevo hospital Zendal. Por no hablar de que no todo el mundo tuvo la oportunidad de pasar la cuarentena prescrita por el contagio del virus en un apartamento de lujo de dos pisos, como sí hizo la presidenta Isabel Díaz Ayuso. Lo sucedido en la Comunidad de Madrid durante la pandemia visibiliza mejor que cualquier estadística la necesidad de tener una sanidad pública bien dotada, organizada, suficiente y eficaz en beneficio del pueblo, de los ciudadanos.

Está en juego nada menos que un modelo asistencial solidario que es el más justo, el más barato y el más social, pero muchos de nuestros políticos apuestan por la sanidad privada, que, de paso, pueda promocionar sus servicios al más puro estilo capitalista: ¡Este Black Friday le ofertamos nuestro tratamiento para su cáncer al 50% de coste!

Los Doobie Brothers le cantaron en 1989 a las propiedades curativas de la música, y no dudo que son verdaderas. Sirva este potente rock para dar un poquito de ritmo del bueno a las vidas de los miles de profesionales de la salud y cientos de miles de ciudadanos que sí creemos en una sanidad pública suficiente y eficaz como uno de los valores fundamentales de nuestra sociedad. Pero muy especialmente se la dedico a todas aquellas personas que no creen en ello, a ver si los acordes de los de California les ayudan a discernir adecuadamente.

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