

A pesar de que atravesamos un entorno difícil y convulso, las entidades locales deben contribuir en gran medida al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el horizonte 2030, y otras agendas globales, como la Nueva Agenda Urbana

El año 2023 ha sido el año de la revisión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el momento de renovar el compromiso para acelerar la implementación de la Agenda 2030 en su ecuador y el de la apuesta por la interrelación de ambos con otras agendas globales, como la Nueva Agenda Urbana. La evaluación ha sido contundente y nos ha indicado que queda mucho camino por recorrer. El último informe muestra que más de la mitad del mundo se está quedando atrás. Los avances para más del 50 % de las metas de los ODS son endebles e insuficientes, y el 30 % están estancados o han retrocedido. Estos objetivos incluyen metas esenciales sobre la pobreza, el hambre y el clima.
Estas cifras y porcentajes llegan acompañados de corrientes de un negacionismo creciente en muchas partes del mundo. Ni España, ni por supuesto Soria ni cualquier comunidad o municipio, pueden permanecer ajenos a este tiempo de convulsión, que pretende poner en entredicho esos acuerdos globales, y que además alimentan las diferencias entre países y territorios en pro de un progreso insolidario en el que unos avancen aprovechando el sacrificio de otros; y en ese ‘otros’, hablamos de personas y territorios. Hablamos también de tiempos convulsos por los conflictos bélicos. Los que acaparan más focos en Ucrania y Gaza, pero repartidos por todos los continentes y con un aumento de más de 53% de las muertes de civiles directamente relacionadas con 12 de los conflictos más letales del mundo entre 2021 y 2022, lo que supone el primer aumento desde la adopción de la Agenda 2030 en el año 2015. Al menos 16.988 civiles murieron y una de cada cinco víctimas fueron mujeres. No olvidemos nunca esa mirada feminista.
Siendo un firme convencido de los principios de igualdad de estas agendas y teniendo claras sus metas y el ‘suelo’, en ocasiones movedizo, que pisamos, sí debemos reflexionar sobre las mismas y sobre el rol que cada uno de nosotros y nosotras debemos asumir. Aunque se presenten como foros internacionales, y en muchos casos con los estados como únicos interlocutores, la consecución de estas metas sólo pasa por dar un papel protagonista a los gobiernos locales. Somos quienes podemos convertir en medidas específicas esos compromisos, y somos quienes podemos contrarrestar las voces contrarias. Es el momento de las entidades locales.
Nuestra posición es esencial tanto en esa evaluación de los Objetivos como en la forma de ‘aterrizarlos’ y convertirlos en elementos de nuestra vida cotidiana, consiguiendo traducir las palabras en hechos; en una suma de hechos que nos ayude a cambiar desde la solidaridad.
Siempre he defendido que las decisiones que se toman en cualquier parte del mundo donde se debaten las grandes líneas de futuro, afectan de una u otra manera a la ciudadanía de cualquier país o ciudad, grande, intermedia o pequeña. E igualmente soy un convencido de que las acciones que llevamos a cabo desde nuestras entidades locales son pequeñas piezas de un gran puzle que nunca se completará si se extravían o ningunean. El mapa jamás aparecerá completo. Por ello, los gobiernos locales debemos comprometernos con los ODS y la Agenda Urbana y debemos hacerlo con determinación y, por supuesto, debemos encontrar alguien al otro lado que así lo entienda y comparta.
Los gobiernos locales tenemos que tener una participación activa y no sentirnos como meros invitados. Además, pese a la pesimista previsión de ese informe de evaluación al que antes hacía referencia, pienso que estamos a tiempo todavía de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el horizonte 2030 y lo que ellos conllevan desde el absoluto reconocimiento y consciencia de que todavía estamos lejos, y desde la consciencia también del incierto y convulso contexto socio-político en el que estamos inmersos. También afrontamos ese horizonte desde la absoluta certeza de que solo seremos capaces de alcanzar nuestros compromisos con férrea voluntad política, e insisto con la plena incorporación institucionalizada de los gobiernos locales.
Compartimos, y vuelvo a hablar en voz de los gobiernos locales, también la necesidad de avanzar y acelerar de forma coordinada las agendas transversales internacionales de desarrollo, la Agenda 2030, la Agenda de Addis Abeba, el Acuerdo de París. Y lo hacemos sabiendo que el permanente conflicto de intereses ideológicos, sociales, económicos, políticos, entre regiones, países y ciudades y territorios, nos obliga a elevarnos y a definir diferentes escalas de actuación, teniendo en cuenta la diferente situación local de cada caso y la propia diversidad dentro de los países. Aquí es donde emergen la nueva Agenda Urbana y el ODS número 11 como la herramienta imprescindible en la clarificación de estrategias y planes de acción.
Rediseñemos, por lo tanto, la medición del desarrollo y el bienestar más allá del Producto Interior Bruto y con escalas territoriales definidas, analizadas con la situación real presente y con planes de acción inmediato. Se trata de rediseñar no sólo la financiación al desarrollo, sino ir más allá y decidir qué financiamos, quién, quiénes tienen el poder de desarrollar y decidirlo y con qué medios. Se trata también de rediseñar nuestro modelo social patriarcal que es absolutamente injusto ejerciendo un feminismo activo. Seamos generosos y justos. Se lo debemos a toda una generación.
Podemos hacerlo. Soria, y repito como un mantra, y las Sorias de todo el mundo, pueden convertirse en ciudades más verdes e inclusivas, haciendo así una contribución sustancial a la lucha mundial contra el cambio climático. El proyecto Soria 2030, alineado con las hojas de ruta mencionadas, avanza en esa capitalización de la riqueza ecosistémica de Soria, con hitos e indicadores ambiciosos y realistas. Entendamos la agenda como una oportunidad y entendamos que los territorios se pueden complementar y no competir. Este resultado refleja el compromiso de la comunidad en la descarbonización y constituye el marco en el cual se desplegarán las iniciativas públicas, privadas, mixtas, individuales y colectivas para convertirnos en un referente en sostenibilidad, liderando la transición ecológica.
Para abordar este desafío, se necesitarán cambios fundamentales, simultáneamente, en múltiples sistemas urbanos, así como en la regulación y las políticas que pueden permitir el cambio o bloquear los cambios necesarios. Es fundamental abordar los retos de la población, la emergencia climática y todas las emergencias, y la inclusión de los grupos vulnerables y el desarrollo, mediante un enfoque de derechos humanos y el desarrollo de la próxima generación de servicios públicos, que deben fomentarse, apoyarse, financiarse e integrarse en todos los niveles. La prestación de servicios públicos locales es la clave para liberar el potencial transformador de la Agenda 2030, y para cuidar de las personas y del planeta.
Trabajemos, por lo tanto, una transformación equitativa, igualitaria, solidaria y respetuosa con el ambiente. Promovamos un crecimiento justo que permita cuidar del entorno y de quiénes más lo necesitan para que cada uno en nuestra parcela convertirnos en el ejemplo vivo de una nueva forma de desarrollo sostenible e inclusivo.
Y esta convicción que he compartido en las líneas anteriores con ejemplos como el de nuestra Soria 2030, uno entre miles de los que se llevan a cabo desde cientos de pequeñas ciudades, es también refrendada por miles de gobiernos locales y la entidad que los representa, CGLU. Aislados y solos, nuestra voz se pierde, pero juntos somos capaces de hacernos oír.
Nos hemos comprometido través de cinco áreas transversales que servirán como puntos de entrada en esta conversación que demandamos con la comunidad internacional. Con el cuidado y los derechos humanos como ejes transversales, nuestro compromiso común tiene como pilares las Personas, el Planeta y los Gobiernos. Reclamar los Bienes Comunes, Redefinir las Finanzas y las Economías de la Igualdad, Recuperar la Confianza, Renaturalizar y Vincular lo Local a lo Global son a la vez nuestro compromiso y nuestras prioridades para vislumbrar juntos el futuro.
Conseguirlo pasa por la reconstrucción de la confianza de la ciudadanía y su participación en los procesos de toma de decisiones en sus ciudades. La innovación local es necesaria para promover acciones audaces y alianzas que construyan confianza en un contexto de creciente polarización, el surgimiento del extremismo y la proliferación de burbujas de comunicación.
Tenemos las herramientas, conocemos el camino y los objetivos 2030 merecen la pena. Seamos, por lo tanto, ambiciosos desde cualquier pequeño rincón del mundo para sumarnos a ese cambio necesario.