ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

ELECCIONES AL PARLAMENTO EUROPEO

Las transformaciones culturales, los identitarismos, los cambios respecto a las religiones, los desafíos climáticos; la ruptura del ascensor social y el deterioro de la clase media, en gran parte integrada por la clase trabajadora; la falta de respuestas completas y comunes a los movimientos migratorios y de asilo; las nuevas tecnologías que cambian las formas y relaciones en el trabajo; y la configuración de las sociedades, requieren un profundo cambio del panorama geopolítico y geoeconómico de la actual UE-27. Quizá se ha hecho irremediable la existencia del capitalismo, pero al menos con un Estado social y democrático de Derecho.

Para poder responder a estos desafíos existenciales que nos rodean, mantener el modelo de democracia de la UE es fundamental. Y al revés, reformar y terminar la construcción europea es esencial para mantener y reforzar el sistema democrático en el UE. Es necesario comprender por qué en toda Europa, en la UE y en el resto del mundo está aumentando el populismo autoritario. Y no se ve que los partidos democráticos encuentren la receta para cambiar la tendencia. En ello influyen el aumento de las desigualdades, la desesperanza y el miedo respecto al futuro.

Así, la imperiosa necesidad de dar, en este contexto, el paso a una UE política y federal, requerirá eliminar, o sortear de alguna manera efectiva, la regla de la unanimidad, probablemente el desarrollo de una UE de varias velocidades. En el campo fiscal y presupuestario, en la unión bancaria, en la unión sanitaria, en la unión social, en la unión de la defensa, en una política emigratoria realmente común, en la política industrial, en la lucha contra los paraísos fiscales, etc.

Sin lo cual es imposible que la UE tenga una autonomía estratégica, que no es incompatible con ser miembro de la unidad transatlántica o en la OTAN (habrá que ver, si gana las elecciones, si Trump no quiere acabar con ella, y la UE y Canadá y otros no tienen que reconstruirla), ni ser un actor global suficiente para defender su modelo y las aspiraciones de sus ciudadanos.

Por otra parte, será necesario cambiar las reglas del Pacto de Estabilidad y crecimiento. La experiencia de las políticas de austeridad ha demostrado que no han sido positivas, que han aumentado las desigualdades, debilitado el contrato social. Y que, en el contexto que exige pensar al mismo tiempo los desafíos climáticos, energéticos y medioambientales, es imprescindible mantener las inversiones de futuro.

En ese contexto, parece necesario reactualizar y renovar el Contrato Social. El proyecto de integración europeo no estuvo sólo cimentado en la PAZ. También en el Contrato Social y en el principio de la integración en el progreso. Un objetivo que es fundamental recuperar con políticas concretas, tanto para restablecer la adhesión de la ciudadanía, especialmente de las generaciones jóvenes, sino también para hacer posible las transiciones a las que estamos obligados.

Es necesario recuperar el valor y la dignidad del trabajo y los derechos laborales, los pilares del Estado del bienestar –sanidad, educación, pensiones, asistencia social y servicios sociales de carácter universal, vivienda– y el reparto de la riqueza a través de una fiscalidad justa y la negociación colectiva.

Finalmente, en este futuro inmediato para la UE que se abre con las Elecciones al Parlamento Europeo (Junio 2024), se necesita un liderazgo institucional con autoridad y capacidad de decisión. En estos momentos tan cruciales, sería fundamental para abordar todos estos desafíos que hubiera en las instituciones europeas personalidades capaces de tener la visión, la “auctoritas” y la capacidad para tomar decisiones capaces de aglutinar los consensos necesarios para llevarlos a cabo.

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