ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

ELECCIONES EUROPEAS MARCADAS POR LA GUERRA

Andreu Missé (Escribe en El País y Alternativas Económicas, revista de la que fue director fundador)

 

Los europeos votarán en junio en un clima de creciente temor por la guerra de Ucrania, el auge de la extrema derecha y las agudas crisis climáticas y migratoria

El historiador Timothy Garton Ash, autor de Europa. Una historia personal, es quizá quien ha lanzado la advertencia más contundente sobre la trascendencia de las próximas elecciones europeas del próximo junio. “Europa”, ha manifestado el académico británico, “tiene que elegir entre la dictadura o la democracia; entre la integración o desintegración”. La verdad es que los debates políticos sobre los asuntos que dominaban la agenda política, como el cambio climático, la inmigración o la reducción de la desigualdad social y la pobreza, se han visto repentinamente eclipsados por otras dos realidades más dramáticas que han pasado al primer plano: el temor a una posible extensión de la guerra de Ucrania a otros países y el auge de la extrema derecha.

La inquietud de los europeos se está viendo fuertemente influenciado por una posible victoria de Trump en noviembre en Estados Unidos y sus advertencias de abandonar el apoyo estadounidense a Ucrania frente a una Rusia. Al mismo tiempo, las reiteradas amenazas de Putin sobre un posible uso de las armas nucleares agravan la tensión bélica que viven los europeos desde el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia inicio su invasión a Ucrania.

El espectro de la guerra ha vuelto al escenario europeo. Los acontecimientos se han precipitado día a día durante los últimos meses. Dos países con una dilatada trayectoria de neutralidad, Finlandia y Suecia, se han incorporado a la OTAN. A lo largo del mes de marzo los líderes europeos han ido escalando el tono de sus palabras. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen ha explicitado al periódico Financial Times, la necesidad de reforzar la defensa de la Unión: “Tenemos que gastar más, tenemos que gastar mejor, tenemos que gastar europeo”. Posteriormente ha propuesto destinar los fondos rusos congelados (unos 270.000 millones de euros) para dedicarlos a la compra de municiones y la reconstrucción de Ucrania. En el mismo sentido se ha pronunciado el vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, que ha aconsejado prepararse para invertir más en defensa y menos en gasto social. Más categórica ha sido la ministra de Defensa española Margarita Robles, que ha declarado sin ambages a La Vanguardia que “la amenaza de guerra es absoluta” y ha advertido de que “la sociedad no es del todo consciente”.

El presidente francés Emmanuel Macron dio un paso más al sugerir la posibilidad de enviar soldados europeos a Ucrania, iniciativa que de momento ha sido rechazada por el resto de países. Pero lo que es cierto es que líderes de países como Francia, Alemania y Dinamarca, están barajando formalmente la conveniencia de introducir de nuevo el servicio militar obligatorio en sus respectivos países. Y al mismo tiempo la mayoría de países se está armando aceleradamente. Los países de la Unión dedicarán este año 380.000 millones de dólares (348.000 millones de euros), prácticamente el doble que el presupuesto europeo en 2023 (169.000 millones de euros). De momento los grandes beneficiarios de la escalada militar son los fabricantes de armas. Los miembros de la OTAN se han comprometido a comprar armas (misiles, tanques, aviones y drones) a Estados Unidos por valor de 120.000 millones de dólares (110.000 millones de euros) durante los próximos dos años.

La Unión Europea, cuyo principal activo es haber mantenido la paz durante los últimos 75 años en Europa se ha visto arrastrada a una deriva bélica para la que no está suficientemente preparada y cuyas necesidades son cada vez más evidentes. Al mismo tiempo es cada vez más visible la impotencia de la Unión por la falta de medios para defender los valores que proclama. La debilidad no es solo patente en el frente de Ucrania. La incapacidad para tomar medidas unitarias para presionar y sancionar a Israel por su actuación en Gaza, donde ha forzado a una inhumana “hambruna” y donde ya han perdido la vida más 31.000 palestinos, la mayoría mujeres y niños. Una situación que provoca una desazón creciente entre muchos electores europeos. Ambos conflictos, el de Ucrania y Gaza se están convirtiendo contra todo pronóstico, en los temas dominantes de las próximas elecciones europeas que desplazan.

UNA CUESTIÓN EXISTENCIAL DE EUROPA

El creciente peso de la guerra de Ucrania en Europa es reconocido por destacados líderes europeos. El primer ministro belga Alexander de Croo, que ocupa la presidencia de turno de la Unión, ha reconocido que “el futuro de Europa depende de la guerra en Ucrania “. “Para Estados Unidos y para otros aliados”, ha precisado, “el apoyo a Ucrania es una cuestión estratégica, es una cuestión geopolítica. Para nosotros europeos, el apoyo a Ucrania es una cuestión existencial. Va al corazón de nuestra seguridad y nuestra prosperidad”.

En este contexto cobran sentido las palabras del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, al asegurar que “las próximas elecciones europeas pueden ser más peligrosas que las estadounidenses. Me temo que los europeos votarán sobre la base del miedo y promoverán el ascenso de la extrema derecha”.

El viraje del electorado hacia la derecha y extrema derecha es una realidad constatada de distintas encuestas. Según el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), los dos grupos de extrema derecha Identidad y Democracia, (ID) y Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) aumentarán su representación en los próximos comicios. ID, que en sus filas aparecen destacadas figuras de la derecha radical (Marine Le Pen de la Agrupación Nacional de Francia; Matteo Salvini de la Lega italiana y Tom Van Grieken, del flamenco Vlaams Belang) podrían llegar a los 98 diputados. ECR, por su parte (que agrupa a la populista Georgia Meloni, de los Hermanos de Italia; el ultraderechista español Santiago Abascal de Vox y el ultra conservador polaco Jaroslaw Kaczynski, líder de Ley y Orden), podría lograr 85 escaños y acercarse al centenar si incorporara al Fidesz, el partido del primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Es especialmente preocupante el avance del Vlaams Belang, partido de la extrema derecha en Flandes, al que algunas encuestas le otorgan el 30% de los votos. Ha creado la misma inquietud cuando arrasó en las elecciones de 1991.

Las dos formaciones de extrema derecha podrían sumar en conjunto el 25% de los eurodiputados de la próxima Eurocámara que contará con 720 escaños. Hay que tener en cuenta que además del discurso anti-inmigración, la extrema derecha en todos los países se caracteriza por un fuerte discurso anti europeo.

ESTADO DE BIENESTAR EN RIESGO

Los cuatro partidos que han mantenido hasta ahora los principales consensos europeos, Partido Popular Europeo, (PPE); Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, (S&D); los liberales del Grupo Renew Europe y el Grupo de los Verdes/ Alianza Libre Europea, perderán peso, según ECFR. PPE cedería cinco escaños y quedaría con 173; S&D, cedería 10 y lograría 131; Renew conseguiría 15 escaños menos para quedarse con 86, y los Verdes lograrían 61, diez menos que los actuales. La izquierda GUE/NGL ganaría seis eurodiputados, y alcanzaría los 44.

Dos Europas se están perfilando: la fundamentada en las democracias liberales con coaliciones de centro derecha o centro izquierda que tratan de mantener diferentes modelos de estado de bienestar; y por otra, la Europa en la que ganan terreno los partidos populistas como Giorgia Meloni en Italia, Geert Wilders en Holanda, o los avances de la extrema derecha de Alternativa para Alemania. El común denominador de los movimientos populistas es un rechazo frontal a la emigración y la negación de los valores europeos.

En este escenario destaca la osadía del primer ministro de Hungría, el ultra-conservador y pro ruso Victor Orban, contrario a la política de migración de Bruselas y sobre todo opuesto a la entrada de Ucrania en la Unión Europea. El pasado diciembre el acuerdo de la Unión Europea para iniciar las conversaciones de adhesión con Ucrania, solo fue posible tras la sorprendente iniciativa de invitar a Orban a que se ausentara del Consejo mientras se realizaba la votación.

VOTAR A LOS 16 AÑOS

El próximo junio más de 365 millones de europeos podrán votar en las décimas elecciones de la Eurocámara. En los comicios de 2019 la participación alcanzó el 50,6%, ocho puntos más que en 2014. La encuesta post electoral del Parlamento Europeo realizada tras los últimos comicios reveló que el 42% de los jóvenes de 18 a 24 años fueron a votar, lo que representó un aumento de la participación del 50% respecto a la registrada en 2014.

Por primera vez, cuatro Estados miembros (Bélgica, Alemania, Malta y Austria) permitirán votar a los mayores de 16 años y Grecia a los que hayan cumplido 17 años. El Servicio de Investigación del Parlamento Europeo (EPRS, por sus siglas en inglés), señala que “determinados estudios han subrayado los beneficios de rebajar la edad para votar, no solo en por el impacto inmediato en la participación sino también respecto al desarrollo del hábito a votar a lo largo de la vida, especialmente para los jóvenes si han votado por primera vez cuando todavía vivían con sus padres”.

La participación de los jóvenes en los procesos electorales democráticos europeos ha sido analizada por el Departamento Temático de Derechos de los Ciudadanos y Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo. Este trabajo indica que la participación está estrechamente ligada a la educación de los jóvenes y al nivel de renta. En el Eurobarómetro de 2021 se detectó que votar es más común entre las personas que completaron su educación a los 20 años o más, que los que lo hicieron a una edad más temprana. También registraron una mayor participación (55%) de los hogares más acomodados, frente al 30% de las familias con dificultades para pagar las facturas.

LOS EXCESOS CLIMÁTICOS

Un estudio realizado por los politólogos Ivan Krastev y Mark Leonard, ha analizado el diferente impacto que pueden tener sobre los ciudadanos las cinco principales crisis que afronta la UE. En su opinión, el cambio climático es la crisis que afectará a un mayor número de personas en el futuro, 73,4 millones de votantes. El clima es la primera preocupación para los franceses y daneses, y el segundo problema más importante para italianos, alemanes y españoles.

El Parlamento Europeo declaró la emergencia climática en 2019 y ha desempeñado un papel decisivo a nivel global en el logro de una reducción más ambiciosa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). La legislación europea sobre el clima obliga a la UE a alcanzar la neutralidad climática en 2050 y a reducir las emisiones de GEI en al menos un 57% en 2030 en comparación con los niveles de 1990. El compromiso de la Unión para alcanzar estos objetivos es que dedicará como mínimo un 30% de su presupuesto a su logro.

Una parte significativa de estos recursos se desembolsará de forma común a través del programa REPowerEU, para ahorrar energía, producir energía limpia y diversificar las fuentes de suministro. El Parlamento Europeo respaldó además la creación de un Fondo Social para el Clima, con una dotación de 86.700 millones de euros para abordar la pobreza energética y de transporte.

A pesar de los avances “el mundo no va por el buen camino para mantener el aumento de la temperatura global por debajo del 2%”, según el análisis del Servicio de Investigación del Parlamento Europeo Ten issues to watch in 2024 (Diez cuestiones a tener en cuenta en 2024).

Por su parte, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) destaca que un exceso temporal (de las temperaturas) es casi inevitable”. Hay que recordar que la Agencia Europea del Medio Ambiente ha estimado que las pérdidas por los eventos climáticos en la UE han ascendido a 650.000 millones de euros entre 1980 y 2022, de los que solo el 19,5% estaban asegurados.

ACUERDO SOBRE EMIGRACIÓN

La llegada de emigrantes, y especialmente los que buscan de asilo huyendo de la persecución política, constituye uno de los grandes desafíos de la Unión. El rechazo a los migrantes abanderado por la extrema derecha ha logrado movilizar a una parte de la población. Se trata de una actitud que además de insolidaria, atenta contra los principios europeos, y al mismo tiempo supone una gran contradicción para una Europa envejecida, que precisa muchos trabajadores. La inmigración constituye el mayor drama humanitario de la que son testigos directos los países ribereños del sur de Europa. En 2023 un total de 281.431 personas accedieron de forma clandestina en la UE, y al menos 3.863 personas perdieron la vida en el intento, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Tras cuatro años de negociaciones, el Parlamento y el Consejo Europeo acordaron el pasado diciembre, durante la presidencia española de la UE, un pacto migratorio que fija por primera vez las cuotas de migrantes que debe aceptar cada Estado, y endurece los requisitos de acogida. El acuerdo regula los distintos pasos de los solicitantes de asilo desde su llegada a la Unión hasta su acogida o rechazo. No pudo lograrse que las cuotas fueran estrictamente obligatorias y se aprobó una solidaridad flexible, que permite a los Estados pagar 20.000 euros por persona si rechazan la cuota que les corresponde.

El pacto no ha gustado a las ONG, como Médicos sin Fronteras, que considera que el pacto ha sido “la continuación e intensificación de las políticas de contención y disuasión con el rechazo arbitrario en las fronteras y las expulsiones como núcleo”. Los límites del acuerdo se justifican por el temor de que un futuro parlamento con un mayor peso de la extrema derecha pudiera aprobar un pacto peor para los derechos de los migrantes. La emigración es un territorio con muchas aristas. El pasado enero la agencia Europea Frontex amenazó con irse del España si no llega a un acuerdo con el Gobierno para renovar las operaciones conjuntas contra inmigrantes irregulares.

DEFENSA DEL ESTADO DE DERECHO

Los asuntos relacionados con la emigración están bajo la lupa de los eurodiputados. El pasado julio el Parlamento Europeo adoptó una resolución en la que pedía una participación más proactiva de la UE en las operaciones de búsqueda y rescate emprendidas por los Estados miembros.

El Parlamento Europeo defiende una Unión basada en el Estado de derecho, los derechos fundamentales, la libertad de los medios de comunicación, la no discriminación y la igualdad de género. Además quiere intensificar la lucha contra la corrupción, el blanqueo de capitales y la desinformación. Precisamente en relación con la corrupción, la presidenta Roberta Metsola reaccionó con rapidez y adoptó varias medidas para investigar el escándalo de los supuestos sobornos de Catar, que provocó la detención de la vicepresidenta Eva Kaili acusada de blanqueo. La presidenta aseguró que no habría “impunidad” y anunció la reforma de las normas sobre los grupos de presión y reforzar la transparencia. Un año después de la crisis, la Defensora del Pueblo Europea, Emily O’ Reilly, ha reconocido el fortalecimiento de las normas, pero sigue preocupada por su cumplimiento.

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