ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

LA IMPRONTA SOCIALDEMÓCRATA

Iratxe García (Presidenta del Grupo de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo)

 

La agenda progresista se ha abierto camino en la legislatura europea que ahora termina, a pesar de las dificultades ocasionadas por la pandemia y las guerras de Ucrania y Gaza. Los avances en políticas de justicia social, feminismo, lucha contra el cambio climático y protección de las libertades individuales y del Estado de derecho han sido posibles gracias al impulso de los socialistas y demócratas europeos, que han puesto el bienestar de las personas en el centro de la acción política. La salida a la crisis de la covid, con políticas expansivas como los Fondos Next Generation, son un claro ejemplo de la huella socialdemócrata, frente al austericidio que sucedió a la crisis de 2008

CINCO AÑOS DE SOCIALISMO EN EUROPA

Con las elecciones europeas del próximo 9 de junio se cierra uno de los ciclos políticos más intensos que ha vivido la Unión Europea desde su creación. Cinco años en los que hemos tenido que hacer frente a circunstancias tan extraordinarias como una pandemia mundial y dos guerras, una de ella en nuestras fronteras, que han puesto a prueba, con éxito, la capacidad de nuestra Unión para dar respuestas comunes y certeras que protejan el bienestar de la ciudadanía. Porque esa ha sido la clave para nosotros y nosotras, la familia de los Socialistas y Demócratas. Cualquier respuesta no vale. No basta con estar unidos. Además, tenemos que avanzar en la dirección correcta, la que ayuda a las personas en su día a día, la que busca la justicia social y lucha contra la desigualdad, la que amplía derechos, la que cuida del medio ambiente. Las dificultades no pueden ser la ocasión propicia para desandar el camino ni para implantar medidas austericidas como ocurrió tras la crisis financiera de 2008. Al contrario. Como vaticinó Jean Monnet, Europa se forja en las crisis, y por eso es tan importante que las soluciones tengan la mirada puesta en mejorar la vida de la ciudadanía, que es el objetivo al que nos debemos. Esa ha sido nuestra misión a lo largo de estos cinco años, ejercer nuestro liderazgo para que las soluciones a estas nuevas dificultades apuntaran en la buena dirección. Y todo ello, sin perder de vista la agenda política que nos marcamos al principio de la legislatura.

UNA AGENDA VERDE Y ROJA

Volvamos al principio. Verano de 2019. Recién celebradas las elecciones europeas, los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo pusimos nuestra agenda política sobre la mesa para negociar una nueva Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen. Ayudar al Gobierno de Europa era una cuestión de responsabilidad política. No un cheque en blanco. Era la ocasión de imprimir al nuevo ejecutivo un giro progresista para abordar los desafíos de la Unión Europea y sentar las bases de un futuro sostenible. Por eso, pusimos nuestro empeño —y logramos— que la Comisión asumiera nuestra agenda verde y roja, nuestras señas de identidad. Por un lado, la tarea de combatir la emergencia climática y de fijar objetivos vinculantes para reducir las emisiones de efecto invernadero. Por otro, el impulso al Pilar Social de la Unión Europea que los socialdemócratas hemos promovido en la última década, un conjunto de derechos comunes a todos los europeos y europeas, que atajen la desigualdad y la injusticia.

Hoy, cuando hacemos balance de estos cinco años, nos sentimos orgullosas de la huella tan reconocible que hemos dejado en las políticas europeas. Hitos como la Ley del Clima y el paquete legislativo Objetivo 55 para reducir las emisiones que asfixian nuestro planeta; la Ley de Restauración de la Naturaleza para recuperar los ecosistemas; el Fondo de Transición Justa para ayudar a quienes tienen que hacer un mayor esfuerzo en esta transición y no dejar a nadie atrás; derechos como el salario mínimo para todos los europeos y europeas, acciones concretas contra la pobreza infantil, la Garantía Juvenil para facilitar el acceso de los jóvenes a la formación y el empleo; una estrategia integral para la igualdad de género con la eliminación de la brecha salarial, la protección de las mujeres contra la violencia machista y la paridad en todos los ámbitos; el respeto al Estado de derecho y las libertades individuales frente a la tendencia autoritaria de regímenes que persiguen a las mujeres, la comunidad LGTBI, la libertad de enseñanza y la independencia de la Justicia. Medidas inspiradas en nuestros principios y valores socialdemócratas, de las que solo podemos sentirnos orgullosas.

UNA RESPUESTA SOCIALDEMÓCRATA A LAS CRISIS

Orgullo más aún porque hemos logrado avanzar en nuestra agenda social y verde a pesar de los complicadísimos momentos que nos han tocado vivir en estos cinco años. Un contexto que ha cambiado por completo nuestro escenario geopolítico y nos ha obligado a tomar de forma urgente decisiones de gran calado. También ahí hemos estado los socialistas, aportando soluciones, pero de nuevo, no cualquier solución. A diferencia de lo ocurrido durante la crisis de 2008 y las políticas de recortes que causaron tanto sufrimiento a la ciudadanía, la crisis ocasionada por la pandemia de la covid, tuvo una respuesta en clave socialdemócrata. No por casualidad fue nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el primero que habló de un Plan Marshall para Europa, un gran fondo de recuperación que reactivara las economías castigadas por la pandemia y al mismo tiempo avanzara en la transición ecológica y digital. Nadie habla de austeridad en esta post-crisis, y sí en cambio de los fondos Next Generation EU, de los que España ha captado nada menos que 163.000 millones de euros con un programa detallado de inversiones para modernizar nuestra economía y prepararla para el futuro. Y en este punto, un recuerdo a la absoluta deslealtad del Partido Popular, que lejos de apoyar una medida netamente buena para España, como es la llegada de fondos a nuestra economía, se han dedicado a poner palos en las ruedas y a sembrar dudas sobre la capacidad de los funcionarios de nuestras Administraciones para gestionar el dinero.

Pero como decía, la covid era solo la primera de las enormes dificultades a las que hemos tenido que enfrentarnos. Cuando salíamos de la pandemia y sus consecuencias, llega la invasión de Putin a Ucrania, el mayor golpe en el tablero geopolítico desde la II Guerra Mundial. En primer lugar, una catástrofe humanitaria para millones de ucranianos víctimas de la guerra, a los que hemos apoyado desde el primer día. Pero, además, la invasión rusa ha impactado con una intensidad sin precedentes en la economía europea. Por primera vez en décadas, nuestros marcadores económicos indicaban cifras de inflación de dos dígitos, impulsadas por unos precios de la energía que subían sin control. Ahí Europa fue, más consciente que nunca, de su doble dependencia, de los combustibles fósiles y de regímenes tiránicos como el de Putin, con capacidad para hundir nuestra economía de un plumazo.

Los socialistas, y muy concretamente los socialistas españoles, tuvimos un papel clave para buscar salidas a la crisis desde los postulados de la justicia social. La primera, bajar la factura de la luz. Propuestas como la “excepción ibérica”, que ha ahorrado más de 3.000 millones de euros a familias y empresas; la compra conjunta de gas, el impuesto a los beneficios extraordinarios con los que se lucraban las empresas de energía mientras la ciudadanía no podía pagar las facturas; y finalmente, la reforma general del mercado eléctrico, que sacamos adelante durante la presidencia española del Consejo de la UE. Una reforma liderada por los socialistas españoles en el Parlamento Europeo, que favorece el despliegue de las renovables y protege a los consumidores, especialmente a los más vulnerables, a los que ya no se podrá desconectar del fluido eléctrico. Hay que decir que tampoco aquí tuvimos el apoyo del Partido Popular, que criticó cada una de estas iniciativas, a las que calificó de “timo ibérico”, “intervencionismo radical del mercado”, y “amenaza para las inversiones” “sin encaje en la legalidad”. Iniciativas que finalmente se impusieron en el ámbito europeo.

LA AMENAZA DE LA ULTRADERECHA

La huella socialdemócrata en la legislación europea es evidente. Conviene recordarlo, porque a veces se olvida que la Unión Europea tiene alma política, y sus decisiones son el resultado de la voluntad que la ciudadanía expresa en las elecciones. ¿Acaso alguien cree que la derecha hubiera impulsado medidas sociales como las que hemos mencionado? Leyes para proteger a las mujeres de la violencia machista, que a veces niegan; para luchar contra el cambio climático que no quieren ver; para reconocer los derechos de las personas LGTBI; para repartir la riqueza y avanzar en la justicia social… ¿Ellos lo habrían hecho? La respuesta es un no rotundo. Y a pesar de ellos, hemos aprobado la primera directiva europea contra la violencia de género; pronto aprobaremos la ley europea contra la trata; y hemos consolidado los derechos de los trabajadores y trabajadores de plataforma.

Conviene tenerlo muy presente ahora que en el panorama político crece la extrema derecha, un movimiento racista, xenófobo, negacionista del cambio climático y contrario a los derechos humanos y al proyecto europeo. Una ultraderecha que está logrando entrar en las instituciones con la cooperación necesaria de la derecha tradicionalmente moderada, que le abre la puerta. Lo hemos visto en España, en distintas comunidades autónomas y ayuntamientos, pero también en países como Italia o Suecia. Esa es la gran amenaza: que el Partido Popular Europeo se alíe con la ultraderecha también en Bruselas y abandone el consenso con las familias socialdemócrata y liberal que mantiene desde la II Guerra Mundial, y que ha hecho posible la Unión Europea.

Por eso, ahora que hacemos balance, es también el momento de reflexionar sobre la Europa que queremos. Nosotros y nosotras, socialistas y demócratas, tenemos clara nuestra apuesta por una Europa que amplía derechos y protege a la ciudadanía; que escucha a la Ciencia y trabaja para preservar nuestro planeta; que cuida a las personas vulnerables y lucha contra la desigualdad; una Europa más unida, social y feminista, verde y solidaria. Esa es la Europa que queremos.

 

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