ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

TIEMPO DE FAKE NEWS

Irene Rubio Garijo (Graduada en Biología. Master en Biodiversidad en áreas tropicales y su conservación)

 

En la actualidad, el exceso de información es abrumador la gran mayoría de veces. La aparición de internet y de nuevas tecnologías de comunicación e información han hecho que tanto las noticias verídicas como las falsas, conocidas como Fake News, hayan proliferado por todas partes. La divulgación de todas estas noticias provoca un peligroso círculo de desinformación que se replica miles de veces en cuestión de segundos. Los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de recibir una información de calidad. que está sufriendo el impacto de este fenómeno cada vez más extendido

El término Fake News es un concepto anglosajón que se refiere a lo que conocemos como noticias falsas. El término se hizo popular en 2016, cuando Donald Trump consideró que las noticias que emitían los medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post, eran Fake News. Desde ese momento, el concepto se popularizó, y hoy en día se refiere a todo lo que tiene que ver con una noticia no contrastada, no verificada y con informaciones en forma de bulos que, además, se expanden y se viralizan a través de las redes sociales.

Ha sido con la llegada de todas esas redes sociales cuando la divulgación de noticias falsas se ha vuelto mucho más sencilla e inmediata, ya que los usuarios no solo pueden consumir información, sino que también pueden crearla y divulgarla. Además, gracias al algoritmo que estas plataformas utilizan, los usuarios reciben contenidos con los que están más relacionados y que les interesa leer, no dejando de ser información condicionada y filtrada.

En periodismo es bastante usado el término posverdad, que hace referencia a la distorsión deliberada de una realidad, apelando a las emociones, creencias o deseos del público en lugar de a hechos objetivos. Un ejemplo de ello es la comunicación política donde predomina la emoción: la manipulación, las medias verdades o las mentiras construyen una base electoral o una idea política. Entonces, ¿por qué funcionan los bulos? Porque la información enviada impacta de lleno en nuestras emociones y en lo que queremos escuchar; porque es atractiva, inmediata y sencilla; y porque está en constante renovación. En definitiva, porque es información creíble.

Para poder detectar información falsa, la tarea no es fácil, y solo es cuestión de tiempo y lógica. Algunos de los consejos que se dan son: desconfiar de los títulos grandes y en mayúsculas; verificar las fuentes que tiene la noticia, así como consultar aquellas de confianza; dudar de las URLs similares a sitios conocidos; contrastar la información con varias lecturas diferentes; y si se puede, consultar una fuente local. Pero la tarea no sólo es nuestra, ya que una parte importante recae en los medios de comunicación, los cuales no solo deben innovar en formatos y tecnología, sino que también deben hacerlo en verificar toda la información creada antes de ser emitida al público. Por ello existen certificados que informan sobre si la información publicada ha sido contrastada o no.

Igualmente, es importante saber que no todos los campos informativos son susceptibles de caer en las Fake News. Los más afectados son la política, la ciencia y la salud, y dentro de ellos se encuentra el medio ambiente. Éste también es víctima de numerosas noticias falsas que circulan por las redes sociales. Los bulos existentes son numerosos, pero los relacionados con el cambio climático son más abundantes aún, y con diferencia, los que más evolucionan. Éstos van desde negar la evidencia del cambio climático hasta rechazar que sea el ser humano el principal responsable de esta crisis. A continuación, se recogen algunos de los bulos más escuchados y leídos en la actualidad:

  • “Siempre han existido cambios climáticos, y el actual no es responsabilidad del ser humano”.

Si analizamos la frase, nos daremos cuenta de que la primera parte es cierta, pero no lo es la segunda. Es cierto que el cambio climático es un fenómeno natural y que ha habido diversos cambios a lo largo de la historia de la Tierra, con cambios graduales de las temperaturas y de los patrones climáticos. Sin embargo, desde el s.XIX, las actividades humanas han sido el principal motor de este cambio, en parte por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). La quema de estos combustibles genera gases de efecto invernadero (GEIs) que son principalmente el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), entre otros. La Tierra se convierte en un invernadero. ya que muchos de los rayos solares que llegan a la superficie terrestre, rebotan y quedan atrapados en la atmósfera (efecto invernadero). Éstos no pueden salir al espacio por la acumulación de todos estos GEIs, haciendo que la temperatura ascienda. La ciencia es clara y no hay dudas de que nuestras acciones están acelerando indudablemente el proceso.

Ilustración 1. Diagrama de Hawkins. Bandas climáticas que permiten visualizar fácilmente la evolución de las temperaturas en España desde 1850 hasta la actualidad.

  • “Un coche eléctrico contamina más que un diésel”.

La huella de carbono mide las emisiones de GEIs procedentes de la actividad humana. Para calcular la huella de carbono de un vehículo, hay que tener en cuenta las emisiones ligadas a su fabricación y desecho, así como las emisiones que produce el combustible (diésel o gasolina) o la electricidad empleada durante toda la vida útil del vehículo. La fabricación de un coche eléctrico genera gran cantidad de CO2, incluso se cree que más que un modelo de combustión, que es compensada con creces a los pocos años por el empleo de electricidad para su funcionamiento. Los coches eléctricos se nutren de la electricidad que obtienen de la red eléctrica, que conlleva una serie de emisiones que serán mayores o menores dependiendo del origen de la electricidad la cual difiere de unos países a otros. El final de vida útil de un coche eléctrico eleva su impacto ambiental de manera considerable por las baterías con las que está compuesto. A éstas se les puede dar una segunda vida antes de ser desechadas o implementar sistemas de reciclaje adaptados. Aunque el coche eléctrico acaba siendo menos contaminante respecto a un vehículo de gasolina o diésel, tenemos que tener claro que éste no es “cero emisiones” ni nos ayudará por si solo a reducir la crisis climática, aunque es cierto que es una buena alternativa ante la contaminación que se genera principalmente en las ciudades.

  • “Se desmorona el relato de los alarmistas del cambio climático: la Antártida creció 5.305 km2 entre 2009 y 2019”.

El hielo marino que rodea la Antártida decreció en la primera mitad del s. XX, aunque desde 1979 ha estado aumentando, salvo en 2016 que hubo un fuerte retroceso. Años después se recuperó, y a comienzos de 2022 la banquisa vuelve a estar por debajo de la media. Además, existe un aumento del hielo en zonas concretas, mientras en otras se reduce la superficie congelada. Todo esto depende mucho de la temporada y del espacio de tiempo. Además, aunque aún no se sabe con seguridad, investigadores de la Universidad de Ohio apuntan que esos aumentos del hielo pueden deberse a cambios de presión desde 1979, con vientos que empujan el hielo hacia la costa antártica. También creen que puede deberse a la Oscilación climática Decadal del Pacífico, producidos en la zona tropical cada 20 o 30 años. Lo que ocurre es que los fenómenos tropicales cambian los vientos y ese cambio se traslada a los polos.

El fenómeno revela la extrema complejidad de este continente, y de un clima planetario en el que trópicos y polos están ligados. Lo que está claro es que la Antártida ha ganado hielo por el oeste, pero lo ha perdido por otras regiones. Además, este continente es muy grande y los datos existentes son escasos, por lo que el balance global es muy difícil de hacer. De esta manera, no se puede utilizar el argumento de aumento de hielo para desmontar la idea de cambio climático, ya que ningún aspecto del clima de la Tierra es completamente independiente de este fenómeno.

Éstas son solo algunas de las noticias falsas o Fake News que circulan por los medios y las redes sociales en cuanto a medio ambiente se refiere. La contaminación atmosférica y todo lo relacionado con el cambio climático es un problema complejo que nos afecta en nuestro día a día generando numerosos efectos sobre la salud, y que cuesta miles de millones cada día en forma de costes sanitarios y pérdidas de vida.

Por tanto, es muy importante tener clara la noticia que se quiere conocer, saber la fuente que se está consultando, comparar la noticia en varios medios diferentes y desconfiar de todas las URLs similares. No todo lo publicado es cierto, y no todo lo que parece certero es verídico. Muchas veces, también nuestras emociones o criterios nos hacen creer en cosas que no tienen nada que ver con la realidad. Por eso, es importante ser investigadores para nuestro propio conocimiento.

 

 

 

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