ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

EL SOCIALISMO ANTE EL PROYECTO EUROPEO DE ARISTIDE BRIAND

Eduardo Montagut (Historiador. Editor de El Obrero)

 

El precedente más importante en la construcción de una Europa unida, fue el que propuso Aristide Briand como ministro de Asuntos Exteriores de Francia en 1929. Sin embargo, su iniciativa dejó de tener continuidad cuando falleció el político. El socialista León Blum participaba del espíritu europeísta, pero criticó el proyecto por falta de realismo, pues según él era necesario ante todo un acercamiento entre Francia y Alemania

El precedente más destacado de la construcción de una Europa unida, por su audacia, fue el que presentó Aristide Briand. El ministro de Asuntos Exteriores francés pronunció un discurso en 1929 en el que defendió una federación europea basada en varios principios: solidaridad, prosperidad económica, y cooperación política y social. La propuesta tuvo mucho impacto mediático y fue muy bien recibida, aunque concitó la oposición de las fuerzas políticas más nacionalistas y la de los comunistas.

La Sociedad de Naciones encargó al político francés la elaboración de un memorándum. Briand lo presentó en 1930. El proceso de unidad comenzaría con una serie de acuerdos para crear un mercado común europeo, aunque no planteó un procedimiento específico para alcanzar este objetivo, dejando muy claro que no pretendía atacar a las respectivas soberanías nacionales. Briand buscaba que la paz se consolidase en Europa y se superasen las tensiones del pasado.

La respuesta al proyecto de Briand fue favorable en su gran mayoría, con la excepción británica. Pero, en realidad, no había mucho entusiasmo detrás de la respuesta positiva. Briand solamente consiguió que se creara una Comisión de Estudios para la Unión Europea, pero que dejó de reunirse en 1932 cuando falleció.

Pues bien, los socialistas españoles se hicieron eco del discurso pronunciado en la Sociedad de Naciones en septiembre de 1929 a través de las páginas de El Socialista, siendo, en principio favorables a una unidad europea, pero con matices y críticas no tanto al proyecto sino en relación con la realidad internacional. La unidad iba en consonancia con el espíritu internacionalista, a pesar de los problemas que le habían afectado al mismo desde el estallido de la Gran Guerra. La historiadora María Teresa Menchén Barrios fue la primera que aludió a la postura socialista ante la idea de Briand, y nuestro trabajo se encamina en la misma línea sobre el relativo escepticismo socialista, pero creemos que faltaba aportar la visión del francés Blum, porque fue recogida por los socialistas españoles, y la tesis económica del PSOE sobre la unidad europea, aunque la autora sí explicó en su día la cuestión de los intereses económicos españoles y la federación europea.

En primer lugar, como hemos indicado, se publicó la postura de Léon Blum, en un artículo que se tradujo para el periódico obrero español. Se trataba de una opinión muy autorizada por venir de un líder socialista destacado, favorable a la causa europeísta, pero crítico con el proyecto y, sobre todo, con el contexto internacional, que imposibilitaría el triunfo del mismo. Por estas razones, es significativo que se recogiera por El Socialista.

Al parecer, Briand ya había dado algunas pistas de sus ideas en el parlamento francés y a través de algunas filtraciones a la prensa, como reconocía el líder socialista. Pero lo importante era que, al final, el prometido golpe de efecto de Blum se había dado de un modo “tembloroso y reticente”, porque el ambiente no parecía propicio para la idea de los Estados Unidos de Briand, después de La Haya y la liquidación de la cuestión renana. Blum defendía la idea de que esa Europa unida solamente era posible a través de una aproximación sincera y cordial entre Francia y Alemania, que pasaba por el completo fin de las ocupaciones militares, aunque no sería la única condición. Si Briand había formulado una unión económica, debía entender que era necesaria la “afinidad política”, y ahí estaba la causa de las vacilaciones del proyecto de su compatriota, siempre según la perspectiva de Blum. Así pues, nuestro articulista estaba apostando por una unidad política.

Pero el problema se complicaba porque parecía imposible crear una unión entre países democráticos y otros que eran fascistas, habida cuenta de la extensión de estos regímenes en Europa. Se podría argumentar que los Estados Unidos de Europa serían un medio para conseguir fomentar la democracia. Blum no estaba en contra, pero ponía una condición, que tenía que ver con la necesidad de que la nueva organización tuviera poder efectivo. No funcionaría si se respetaban las soberanías nacionales, siendo este el meollo del problema para el socialista. Toda solución encaminada hacia la construcción de una unidad debía pasar por la limitación de la soberanía nacional. En este sentido, si las instituciones de la federación -consejo ejecutivo y parlamento- tenían poderes, no habría problema. Los estados federados mantendrían una soberanía parcial o subordinada, algo así como la de los estados en Estados Unidos, o la de los cantones en Suiza.

En definitiva, Blum no era muy optimista sobre el futuro del proyecto si el panorama internacional no evolucionaba en un sentido democrático, aunque se felicitaba de la propia existencia de la idea de Briand porque contribuía al desarrollo del espíritu internacional, tan caro al socialismo. Como sabemos, los temores del socialista eran reales. Los años treinta se encargarían de arrumbar en un cajón la idea de una Europa unida.

Dos números después, el periódico socialista español publicó su postura sobre los Estados Unidos de Europa, pero en clave más económica que la emitida por el líder galo. En principio, no se era contrario a la idea, pero también se fue muy cauto por la experiencia histórica. No se podían construir unos Estados Unidos de Europa como se había hecho en Norteamérica. Los últimos habían nacido de la unión frente a Inglaterra en su guerra de independencia, generando una constitución federal. La realidad europea era muy distinta. Aunque Estados Unidos cada día ejercía más poder sobre Europa, era impensable, además de considerarse como una posibilidad “horrible”, pretender crear una unidad con el fin de combatir a Norteamérica. En todo caso, la idea que se barajaba sobre los Estados Unidos europeos no tenía nada que ver con un posible enfrentamiento con los de Norteamérica, aludiendo implícitamente a lo que había expresado el propio Briand de que su propuesta no iba contra nadie, aunque se opinaba que debía existir algún tipo de intranquilidad al otro lado del Océano Atlántico.

El Socialista explicaba que era bueno que los Estados capitalistas se inclinaran por el internacionalismo, propio del socialismo, y se constaba que era una idea que se estaba viendo en muchas esferas de la vida, aunque los obstáculos eran muy grandes. El principal problema estribaba en la existencia de barreras aduaneras y aranceles proteccionistas, a los que había que combatir. Existían unas industrias artificiales que vivían de la explotación de los consumidores. En este problema se incluía a la propia España. Había que combatir lo que se consideraba el nacionalismo protector de los intereses de los privilegiados, estableciéndose el librecambio para el desarrollo económico real y de los consumidores.

A pesar de los problemas, los socialistas españoles querían ser optimistas.

Hemos trabajado con los números 6429 y 6431 de El Socialista. Por otro lado, es fundamental la consulta del trabajo de Menchén Barrios, M.T., “La actitud de España ante el memorándum Briand (1929-1931), en Revista de Estudios Internacionales, vol. 6/2 (1985), págs. 413-443, porque enmarca claramente el objetivo de este artículo. La misma autora ha estudiado el fracaso de Briand en “Las causas del fracaso del proyecto de Briand de federación europea, en Estudios Históricos: Homenaje a los profesores José Mª Jover Zamora y Vicente Palacio Atard, vol. 1, 1990, págs. 407-428. También puede consultarse el artículo de Guillermo J. Pérez Casanova, “Europeísmo y política exterior en España (1918-1931): ¿¿una oportunidad perdida?”, en No es país para jóvenes, coordinado por Alejandra Ibarra, 2012, en la red. Pérez Casanova es un especialista en el europeísmo de la época de entreguerras, destacando su tesis, La búsqueda de la unidad europea: el europeísmo español entre 1914 y 1931, leída en la Universidad de Alicante en 2015.

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