ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 56, abril-mayo 2024

MUSICANDO… LA MEMORIA

José Ramón Rebollada

TODOS LOS NOMBRES / Lucía Sócam

«Perdone que no me levante». No me sorprendería que identifiques esa frase como el epitafio de Groucho Marx, y no me sorprendería porque yo mismo, durante años, hubiera jurado que lo es, pero no, es un bulo. La verdad es que el supuesto epitafio le viene al pelo al personaje, supongo que ahí hay que buscar los motivos del éxito del embuste. Hay otro epitafio falso que es igual de genial, el que se atribuye a Miguel Mihura: «Ya decía yo que ese médico no valía mucho», un epitafio antológico si hubiera sido cierto, propio de Mihura.

Al hilo de la actualidad me acuerdo hoy (1 de abril de 2024) de otro epitafio, este sí cierto. El que está grabado en piedra en la lápida de la tumba de Adolfo Suárez: «La concordia fue posible». Cualquiera que visite la sepultura en el claustro de la catedral de Ávila puede leerlo. Yo puedo dar fe, sin ser notario, de que ese epitafio está ahí desde el sepelio del de Cebreros.

Lo que me está dando mucho miedo, y mucho asco, es que se pretende hacer un bulo de este epitafio verdadero. Se está imponiendo el relato de la «concordia» a través de las denominaciones de diferentes leyes de memoria, concretamente en Castilla y León, Aragón y Valencia. El uso de la palabra, «concordia», para sustituir las expresiones memoria histórica o memoria democrática da cuenta del poder de las palabras que nunca son inocentes. Con ello se pretende vaciar de contenido y significado la memoria, resignificarla con un nominal cuyo uso espurio en esas denominaciones infames avergonzaría al propio Suárez, estoy convencido.

Me voy a centrar solo en dos aspectos de esas leyes brevemente porque se explican por sí solos, no hace falta hacer una sesuda y gruesa tesis doctoral para explicar y comprender su significado.

El primero de los aspectos es que esas leyes ni mencionan ni condenan la dictadura franquista, como si obviar la barbarie pudiese evitarla. Al hilo de esto me acuerdo de un crítica política del PP con respecto a Bildu, al que habitualmente acusan de no condenar a ETA. Si tan importante es para el PP la ausencia de esa condena, debemos entonces recordar al PP que no condena la dictadura franquista, una dictadura que fue muchísimo peor que el terrorismo etarra. ETA mató a unas 800 personas, el franquismo a cientos de miles. Por tanto fue mucho peor, si medimos el horror solo por el número de víctimas. Y fue mucho peor porque, además de los asesinatos, hubo otras muchas y muy dramáticas realidades. El PP jamás ha condenado el franquismo; a lo mejor tiene que ver el hecho de que sus creadores fueron ministros de Franco, entre ellos Fraga, que sigue siendo el presidente de honor del PP.

El segundo es el mantra de la derecha y de la ultraderecha (que en este tema son iguales), sobre la temporalidad afectada por esas leyes. El PP y Vox están empeñados en incluir el periodo que abarca desde 1931 hasta 1936; es decir, la II República, equiparándola falsa y canallescamente con la dictadura. Lo que nunca dicen es que fueron ellos los que atentaron contra esa República que fue instaurada democráticamente. Nunca admiten que fueron ellos los que intentaron derrocarla a través de un golpe de estado liderado por los militares. Nunca reconocen que fueron ellos los que impusieron por las armas una dictadura fascista en España que fue la más longeva de Europa.

Las víctimas de la barbaridad de Paracuellos del Jarama, por ejemplo, ya fueron exhumadas y enterradas con dignidad hace muchísimos años. Por contra todavía hay hoy en las cunetas de España cientos de miles de víctimas del franquismo, una realidad que no les gusta ni al PP ni a Vox. Una realidad que quieren ocultar equiparando falsamente ambos periodos. Lo que no dicen nunca es que las víctimas del periodo republicano no fueron ni causadas ni toleradas por los gobiernos de la República, mientras que con el franquismo pasó exactamente lo contrario.

Ahora bien, si se empeñan en hablar de barbaridades durante la República también deberemos hablar de la represión en Asturias, a cargo del general Franco en 1934, por ejemplo, no solo de los mártires caídos o de la quema de iglesias, que según su relato falso fueron los únicos hechos luctuosos que se vivieron esos años.

Las leyes de la concordia del PP y VOX son de ambos, de los dos por igual, ninguna diferencia entre ellos. Si ambos las apoyan y aprueban, es que ambos creen y quieren lo mismo. El PP dice que esas leyes forman parte de los acuerdos de gobierno con Vox, escurriendo el bulto. La verdad es que el PP podría haber excluido de esos acuerdos este punto pero no lo hizo, lo que desvela con la mayor claridad que ellos también lo querían, es lo que han querido siempre, que los vencidos sigan derrotados y humillados. El PP quiere lo mismo que Vox, no deberíamos caer en el engaño a estas alturas.

Si tuvieran un mínimo resto de humanidad, mostrarían aunque solo fuera un ápice de sensibilidad hacia las victimas, las que siguen enterradas en cunetas y también hacia los familiares que siguen buscándolas casi cien años después. Y es precisamente el recuerdo de esas miles de víctimas y el obligado respeto que cualquier ser humano que se considere como tal está obligado a tener hacia ellas, lo que va a descubrir la verdad de esas presuntas leyes de concordia, lo que pretenden de verdad y ya están consiguiendo: la discordia.

 

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