ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 57, junio-julio 2024

LA ECONOMÍA CIRCULAR, UN OBJETIVO QUE MERECE ESFUERZO

Hugo Alfonso Morán Fernández (Secretario de Estado de Medio Ambiente)

 

La Economía Circular tiene como objetivo incrementar la eficiencia en los sistemas de producción y consumo, aliviando la presión sobre los recursos naturales y reduciendo nuestra dependencia exterior. Mejora la competitividad, favorece nuevos nichos de actividad y empleo, y alivia la dependencia de la economía española frente al exterior. Por eso debemos diseñar desde el origen productos más duraderos y reparables, cambiar nuestras pautas de consumo y separar mejor nuestros residuos. Por su parte, el Gobierno y la Administración Central tratan de contribuir lo mejor posible a incrementar el logro de la Economía Circular

Si nos preguntan qué entendemos por economía circular desde el punto de vista de modelo económico de país, diremos que se trata de una medida estratégica que tiene como objetivo incrementar la eficiencia en los sistemas de producción y consumo, aliviando la presión sobre los recursos naturales y reduciendo nuestra dependencia exterior, mejorando así la competitividad, ya que, además de minimizar la generación de residuos y mejorar su gestión para contribuir a cerrar su ciclo de vida, este modelo tiene la capacidad de aportar vías de generación de empleo, crecimiento del PIB y maximizar la eficiencia del ciclo productivo.

Así que la economía circular no es únicamente una cuestión ambiental; tirar a un vertedero un aparato electrónico sin aprovechar sus componentes, o un envase de plástico sin reciclar este material, es un sinsentido económico.

Tenemos que hacer una apuesta por aprovechar mejor nuestros recursos, diseñando desde el origen productos más duraderos y reparables, pensados para facilitar su reutilización o el reciclado de sus componentes, cambiando nuestras pautas de consumo, y separando mejor nuestros residuos para recuperar materiales como los biorresiduos o los plásticos, pero también materias primas fundamentales como el litio, el cobalto o el silicio, presentes en nuestros dispositivos tecnológicos y de almacenamiento de energía.

No cabe duda, por tanto, de que debemos impulsar la circularidad, para reducir el impacto sobre nuestro entorno, pero también por razones de economía y eficiencia, pero cambiar nuestro modelo de producción y consumo no es algo rápido ni resultará fácil de conseguir, debido a la variedad y cantidad de agentes implicados. Es un cambio de paradigma que implica cambios igualmente en las lógicas de mercado.

Es evidente que hacemos un uso intensivo de recursos naturales, que generamos un ingente volumen de residuos, y que tenemos unos hábitos de consumo con tasas de renovación de los bienes que no agotan el ciclo de vida útil del producto, ejerciendo una elevada presión sobre el medio ambiente, que está detrás de las manifestaciones más graves de la crisis ambiental que atravesamos, incluido el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

Pero tampoco cabe duda de que estamos asistiendo a un cambio de cultura. En los últimos años España ha iniciado un proceso de transición que irá dejando atrás el convencional modelo de producción y consumo basado en la linealidad, para ir dando paso a un patrón circular, en pro de una economía competitiva, independiente y climáticamente neutra. Y en este cambio está perfectamente delimitado el papel que todos los actores tienen asignado. Las administraciones, con el diseño y la implementación de instrumentos normativos, con la habilitación de incentivos económicos y con herramientas de concienciación y divulgación.

Por lo que se refiere a las empresas, mediante el desarrollo de estrategias de descarbonización y buenas prácticas de circularidad en los sistemas de producción.

Y los consumidores demandando productos y servicios circulares, haciendo un uso más eficiente de los recursos, o disminuyendo los residuos generados a través de la reutilización.

La Comisión Europea, en el marco del Pacto Verde Europeo y a través de sus planes de acción de economía circular y los paquetes normativos asociados, nos lleva marcando el camino desde 2015. En nuestro país, es la Estrategia España Circular 2030, la que incorpora los objetivos nacionales de reducción del consumo de materiales, de la generación de residuos, o de emisiones gases de efecto invernadero asociadas a los residuos.

España Circular 2030 contempla su desarrollo a través de planes de acción trienales (ya ha concluido el Primer Plan de Acción, que abarcó el período 2021-2023), pero su traducción normativa la tenemos en la Ley de Residuos y Suelos contaminados para una economía circular. Las estrategias y las normas aportan objetivos, horizontes temporales, y reglas para alcanzarlos, pero es preciso acompañar a los sectores y a la ciudadanía en su implementación práctica.

El papel de la ciudadanía en sus comportamientos de consumo es clave para, por ejemplo, alargar el ciclo de vida de los productos y prevenir la generación de residuos; apostar por el consumo local o de proximidad, por la reutilización y la reparación de los productos siempre que esto sea posible, y algo básico: la separación correcta de los residuos y materiales en origen.

Se dan las condiciones para una toma de decisiones de compra cada vez más sostenibles, y somos cada vez más conscientes de nuestro impacto sobre el medio ambiente, pero la información, la educación y la concienciación son factores esenciales para guiarnos hacia patrones de comportamiento circular y, asimismo, poder detectar malas prácticas, como el greenwashing.

Si nos fijamos en la base y los principios del modelo circular, ya podemos hacernos una idea de su impacto: hablamos de un modelo económico que produzca bienes y servicios aprovechando los recursos y reduciendo el consumo de materias primas, agua y fuentes de energía, un modelo que mantenga los productos, los materiales y la energía lo máximo posible en el ciclo económico.

Evidentemente, hay un impacto social y económico con el diseño, adopción e implantación de modelos circulares. Es pronto para cuantificarlo, y habrá que verlo sobre la base de los diferentes indicadores de las estrategias. Por ejemplo, la Estrategia España Circular 2030 incorpora indicadores que se corresponden con los propios seleccionados a instancias europeas, dado que va a ser el marco con el que se puede comparar nuestro avance con respecto al resto de los Estados miembros.

La economía circular está llamada a ser uno de los vectores clave de la reactivación económica, favoreciendo nuevos nichos de actividad y empleo, aliviando la dependencia de la economía española frente al exterior, y contribuyendo a la creación de puestos de trabajo, muchos de ellos asociados al sector del reciclaje, de la reparación y del sector servicios, como consecuencia de un mayor consumo de servicios en lugar de productos, empleos vinculados en buena medida a nuevas cualificaciones, y tecnologías y procesos innovadores.

Para apoyar este impulso, se aprobó en 2022 el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) de Economía Circular, que contempla ayudas por valor de 492M€ a las empresas, y supone una movilización estimada de 1.200M€.

Adicionalmente, se han puesto en marcha otras medidas, como la publicación de un Catálogo de Buenas Prácticas de Economía Circular, que ha contado con 3 ediciones, con un total de 110 buenas prácticas seleccionadas, así como la publicación de boletines periódicos: 13 desde 2020, en los que se informa de las iniciativas a nivel europeo, estatal y autonómico en el ámbito de la economía circular.

Y en paralelo, todas las iniciativas legislativas que se han aprobado en desarrollo de la Ley de residuos: los Reales Decretos de envases, de vertederos, de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, vehículos, traslados, junto con otras piezas secundarias que los completan; y los que se están impulsando: tabaco, neumáticos, textiles, muebles y enseres, artes de pesca… El imprescindible despliegue normativo para impulsar en el territorio nacional la economía circular.

Hemos dado un salto cualitativo en estos años. Sin embargo, si atendemos al informe del Tribunal de Cuentas publicado en julio de 2023, aún estamos lejos de los objetivos fijados. Tres cuestiones clave de este informe:

  • Hay muy pocos datos que acrediten que los Planes de la Comisión, y en particular las acciones relativas al diseño circular de productos y procesos de producción, consiguieran influir en las actividades asociadas a la economía circular en los Estados miembros.
  • A pesar de que todos los países han desarrollado, o están desarrollando una estrategia nacional en materia de economía circular y que la legislación de la UE incentiva la financiación de la Unión para la economía circular, la tasa de circularidad solo aumentó 0,4 puntos porcentuales entre 2015 y 2021, si bien los avances variaron sustancialmente entre Estados miembros. Por ello, considera el Tribunal que parece muy difícil que la UE alcance su objetivo de duplicar la tasa de circularidad de aquí a 2030.
  • El marco para el seguimiento de la transición de la UE a una economía circular no comprende todos los aspectos fundamentales: carece de indicadores específicos para el diseño circular de productos, la fase que determina la mayor parte de su impacto medioambiental.

Y propone dos recomendaciones: mejorar el seguimiento de la transición de los Estados miembros a la economía circular, y analizar los motivos de una escasa utilización de fondos de la UE para el diseño circular, y considerar el margen existente para procurar una mayor incentivación.

En consecuencia, queda trabajo por hacer, y estamos obligados a hacerlo.

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