ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 58, septiembre-octubre 2024

DESMONTAR LOS POPULISMOS

 

 

Vivimos en una sociedad afectada gravemente por una infodemia que paradójicamente provoca una desinformación debido a la inmensidad de informaciones disponibles sin ningún control y sin comprobación alguna. En este contexto de hiperconectividad social, cualquiera que tenga un móvil se convierte en un emisor de información. Cada individuo, armado con su tablet, ordenador o móvil es tentado, casi obligado, a fabricarse un mundo informativo a su medida con sus seguidores y adeptos insaciables en la obtención de likes.

“La sociedad no existe. Existen hombres y mujeres individuales, y existen las familias” afirmaba ya en 1987 Margaret Thatcher. No hay mejor canción ni nada más deseable para el neoliberalismo que la cantinela del individualismo y sus ilimitados derechos. Así la subjetividad, el sentimiento de cada persona, se convierten en la fuente del derecho. La razón, la objetividad y la realidad se van difuminando a favor cada cual.

El paradigma de “lo mío y lo nuestro es lo que importa”, conduce a que impere la ley del más fuerte, y este es un sólido pilar para los populismos, donde el poder democrático se presenta como el enemigo número uno de cada individuo. Resulta paradójico ver como los más genuinos y fieles representantes de la elite económico-política lideran los movimientos políticos prometiendo una lucha sin cuartel contra esa misma élite. El mundo se divide entre «el buen pueblo», el mío, y «la elite corrupta» la de ellos; entre “los buenos y los malos”

El discurso populista apela al sentimiento individual utilizando prioritariamente el lado emocional, construyendo así un relato que se impone al dato. La polarización social en “lo nuestro” frente a “lo de ellos” necesita de un lenguaje hiperbólico donde lo simple se confunda con lo complejo, donde cada problema tiene un origen identificable y una solución sencilla. Así podemos identificar en cada caso el origen de cada problema como ocurre en la actualidad: la élite política permite la emigración africana, que es la causa de todos los males económicos sentidos por cada ciudadano. Pues derribemos esa élite. La baja rentabilidad en el sector agroganadero es debida a la Agenda 20/30; pues salgamos de la Unión Europea. Las limitaciones del sistema económico debidas al cambio climático son altamente perjudiciales; pues neguemos el cambio climático inventado por los ecopijos. El terrorismo machista entonces pasará a ser una entelequia fabricada por las feminazis.

De la misma forma que la hipertensión ocular dificulta o impide enfocar con claridad los objetos, el populismo impide enfocar la realidad, pues la mirada solo converge en lo emocional y en lo simple, dificultando el razonamiento o incluso rechazando cualquier dato por provenir de la élite política.

Por último, quisiéramos pincelar la importancia de un elemento importante en la mayor parte de los populismos, que parece residir en el liderazgo. Suele existir una estimación y una veneración del líder como persona. A menudo, el propio líder y sus colaboradores provocan, o al menos facilitan, ese culto a la personalidad.

La importancia del líder puede variar considerablemente, y en general en razón inversa a la importancia que se da a los objetivos y valores del colectivo popular. Se podrían distinguir cuatro tipos principales de situación:

En unos casos, el líder capta la esencia de lo que es ya un movimiento social o similares, y crea una canalización política de los principios, objetivos y valores de ese movimiento. Luego trata de incrementar la movilización popular para lograrlos. Por ejemplo, en España algunos individuos tratan de aprovechar el sentimiento más o menos extendido de apego hacia una región (y a veces, hacia una zona geográfica aún menor), y crean un partido, o al menos una candidatura, para promover desde los órganos legislativos medidas de apoyo a esa región, pero sin un programa que cubra todos los puntos de interés propios de un diputado o senador.

Una segunda situación es casi la inversa de la anterior, pues en este caso es el líder político el que propone unos objetivos y valores, y crea ordinariamente un partido y un movimiento de dinamización social y política. Pensemos en una figura como Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana.

El tercer tipo suele ser propio de líderes con un extraordinario instinto político, que les lleva a captar con gran intuición toda una serie de inquietudes latentes en la colectividad social, y las potencian y dan cauce de ejecución con una gran habilidad. Esa movilización es tanto más sorprendente cuanto que esos genios de la política suelen servir esencialmente a los detentadores del gran capital, y sin embargo consiguen un seguimiento inexplicable incluso por colectivos populares de bajos ingresos. Además, muchos de esos personajes no suelen poseer una gran formación política. Pensemos en lideres como Trump, Milei, Bolsonaro, o en nuestro país, Esperanza Aguirre o Isabel Díaz Ayuso. Esos líderes suelen simplificar y dar atractivo a sus mensajes propositivos, y al mismo tiempo alimentan la agresividad ante el adversario y deforman sus mensajes y su misma personalidad. En general, practican la manipulación en todas sus formas y con extraordinaria habilidad.

En el cuarto tipo de liderazgo, la veneración hacia el líder se fabrica más bien por instituciones y sectores con intereses en el seguimiento populista. Pensemos en un personaje como Putin. En esos casos, la habilidad del líder suele consistir en mantener la arquitectura organizativa global y manipular adecuadamente esos sectores de apoyo, ordinariamente a través de una mezcla de recompensas y de intimidaciones.

Argumentos Progresistas quiere con este número aportar y contribuir al pensamiento crítico de nuestra sociedad, que desgraciadamente se ve sacudida por el populismo que niega el cambio climático y la violencia contra las mujeres; desdeña la democracia y la igualdad.

Argumentos Progresistas
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