ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 58, septiembre-octubre 2024

POPULISMO… ¿O POPULISMOS?

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Hormigas Rojas

 

El populismo es un fenómeno político controvertido, que carece de una definición inequívoca. Su significado ha cambiado en los casi dos siglos transcurridos desde que se acuñó el término, y diferentes organizaciones lo emplean con sentidos no coincidentes entre sí. Aquí describimos características comunes a los populismos y el uso que unas u otras tendencias políticas hacen del término, casi siempre con una interpretación negativa. El populismo, así, se está convirtiendo en una de las manifestaciones políticas más relevantes en la actualidad, aunque cada vez más vacía de contenido. Cuando se llama populismo a todo, ya nada es populismo

 

No parece tarea sencilla hacer una descripción acotada y precisa del populismo. Si bien no existe una definición única, universalmente aceptada, suele haber bastante acuerdo en considerarlo como un fenómeno político caracterizado por una retórica peculiar, de movimientos que pretenden representar al pueblo frente a una élite percibida como corrupta o desconectada de dicho pueblo. Se puede considerar que el inicio del populismo fue la materialización de tendencias y corrientes socialistaspremarxistas aparecidas en Rusia en la segunda mitad del siglo XIX, que se denominaron populistas (naródniki), y de un partido político agrario de EE.UU. fundado en el último decenio del mismo siglo, el Partido del Pueblo (People’s Party). A pesar de la evidente etimología latina del término —del latín populus, pueblo— en el diccionario de la RAE no aparece hasta la última edición, en la que se define «populismo» como: «Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares (Usado más en sentido despectivo)». Paradójicamente, sí existía desde la vigésima edición el término «populista», definido como «1. Perteneciente o relativo al populismo. 2. Partidario del populismo (Usado más en sentido despectivo)». En cambio, según el diccionario estadounidense Merriam-Webster, el primer uso del término inglés populism se remonta al año 1891.

Google Books Ngram Viewer (https://books.google.com/ngrams) es un buscador en línea que muestra un gráfico de la frecuencia de una palabra o expresión, en diferentes idiomas, que aparece en libros impresos entre los años 1500 y 2019 y digitalizados por Google. Si introducimos en inglés la palabra populism, observamos que la utilización de este término en libros en este idioma empieza a aumentar significativamente a partir del año 1960 —antes era prácticamente inexistente— con una pendiente ascendente muy elevada a partir del año 2012. En cambio, en español se produce un gran aumento de su uso escrito a partir del año 1965. En ruso, sin embargo, el término «populistas» (naródniki, народники) comienza a crecer desde el año 1880 hasta el 1925, con un declive hasta el año 2013 en que prácticamente desaparece.

La Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) designó «populismo» como palabra del año 2016 (en el año 2023 ha sido «polarización»). En general, el término «populismo» ha perdido sus acepciones originales progresistas o de izquierdas para adquirir un significado más bien peyorativo, con connotaciones negativas, desde finales del siglo XX (esto no siempre es así, como veremos más adelante). De este modo, cuando lo utiliza la izquierda política, esta sobrentiende que el populista es alguien de derechas que, demagógicamente, apela a sentimientos poco racionales de la población estimulando temores en contra de alguien o de algo, y que propone soluciones simples e irreales a problemas complejos. Cuando es la derecha la que emplea el término, suele hacerlo también dándole un sentido negativo, aunque asignándoselo a la izquierda. Es frecuente, por tanto, distinguir entre «populismo de derechas» y «populismo de izquierdas», y es curioso que, al ser ahora un término con un sentido negativo, es la izquierda la que utiliza la primera expresión con ánimo descalificador y la derecha la que emplea la segunda expresión con la misma finalidad.

En la actualidad no parece que existan partidos con el nombre específico de Partido Populista o Partido del Pueblo, y el término «populista» se utiliza para describir movimientos que adoptan una retórica y políticas populistas, independientemente de su nombre oficial. Si bien en algunos casos se habla de ideología populista, hay quien emplea con el populismo un término de moda, como «narrativa» populista, o lo considera una creencia que, por lo tanto, no entra en el ámbito de la discusión. Así, más que una ideología, se trataría de un estilo de propaganda política con la intención de captar más adeptos o simpatizantes.

Son características comunes a los movimientos populistas:

  1. El dualismo pueblo-élite, con exaltación de las virtudes del primero. Los populistas suelen dividir la sociedad entre el «pueblo puro» y la «élite corrupta».
  2. La existencia de un liderazgo carismático, que pretende tener una conexión especial con el pueblo. El liderazgo apela a las emociones aprovechando las crisis de representación y se caracteriza por no practicar una rendición de cuentas.
  3. El antiinstitucionalismo. Los populistas tienden a criticar y desafiar las instituciones establecidas, presentándolas como corruptas o ineficaces. Y cuando fallan las instituciones es precisamente cuando suele medrar el populismo.
  4. Las promesas de soluciones simples y atractivas a problemas complejos. Con frecuencia se culpa de los problemas del país a chivos expiatorios específicos.

El populismo ha sido una constante en la historia política de casi los dos últimos siglos, adaptándose a las circunstancias de cada época y región. Aunque sus manifestaciones pueden variar notablemente, la esencia del populismo es la apelación directa al pueblo en contra de una élite percibida como opresora. La identificación de esta élite depende más de si se trata de un populismo de derechas o de un populismo de izquierdas. El papel de Internet y de las redes sociales no es inequívoco en estos movimientos ya que se dan resultados variables. Sí parece que la incidencia es mayor en la población más joven, en la que dichas redes constituyen una fuente primordial, si no única, de información.

POPULISMO DE DERECHAS

El populismo de derechas es una corriente política que combina elementos populistas con ideologías conservadoras y de derechas. Este tipo de populismo ha ganado fuerza en diversas partes del mundo, especialmente en los últimos decenios. Además de las características comunes señaladas más arriba, existen unas particularidades. A saber:

  1. El nacionalismo y la soberanía. La soberanía nacional se erige frente a influencias externas como la mundialización y las organizaciones supranacionales.
  2. Una retórica que exalta la identidad y cultura nacionales y las tradiciones.
  3. La inmigración y la seguridad, seguridad que la primera pondría en peligro.
  4. La defensa de un Estado fuerte, pero solo en lo que respecta a la seguridad y al control de las fronteras, ya que, y en especial últimamente, destacan más los movimientos populistas que defienden que este control estatal no afecte a la economía ni a otras esferas públicas propias del estado del bienestar.
  5. Promoción de los valores familiares tradicionales.

Naturalmente, el populismo de derechas no es una ideología monolítica, aunque todos comparten elementos comunes, como la visión dicotómica de la sociedad, el liderazgo carismático y el discurso nacionalista. Muy posiblemente, la idea de pertenencia y el rechazo a la inmigración y a los inmigrantes sea en la actualidad el signo más definitorio de las organizaciones populistas de derechas, como lo es la existencia de un «enemigo». En EE. UU., más que en Europa, ha tenido un cierto éxito el empleo del término «nativismo» (nativism), aplicado a la política de favorecer a los habitantes nativos en oposición a los inmigrados. Paradójicamente, quienes defienden esta política consideran nativos a la población de origen europeo y no, por ejemplo, a los amerindios mejicanos. En el Diccionario académico español no se recoge esta acepción de «nativismo», que tampoco aparece en el diccionario de la Academia Francesa, país en el que destaca una extrema derecha ostensiblemente nativista. Los mensajes en contra de la inmigración, emitidos por la derecha populista, contaminan a veces a otras organizaciones que temen ser tildadas de defensoras de las fronteras abiertas (esto se está dando en la política británica, donde el Partido Laborista se deja enredar a veces). Otros factores, como la crisis económica y la mundialización, han aumentado el descontento social y la desconfianza en las instituciones, afectando negativamente a la democracia por erosión de dichas instituciones y la polarización de la sociedad.

Son, o han sido, ejemplos de populismos de derechas el fascismo, el nazismo, el peronismo (con una amplitud ideológica que se extiende a veces hasta posiciones de izquierdas), el varguismo (en Brasil), el lepenismo (representado actualmente por Reagrupamiento Nacional), el trumpismo, el movimiento a favor del Brexit, el nacionalismo hindú de Modi, el nacionalismo turco de Erdogan, la alianza de gobierno de Bukele en El Salvador, la actual presidencia de Milei en Argentina, etcétera.

POPULISMO DE IZQUIERDAS

En el populismo de izquierdas se combinan elementos comunes con ideologías consideradas progresistas y de izquierdas. Son más propias de estos movimientos:

  1. El antielitismo con defensa de los desfavorecidos. En España incluso se han acuñado expresiones como «la casta» y «la gente» para ilustrar el dualismo élite-pueblo (en realidad, parece que Podemos se inspiró en el Movimiento 5 Estrellas italiano para importar el término «casta», que ya ha desaparecido de sus declaraciones, aunque sigan utilizando «la gente»).
  2. La justicia social, difícil de definir muchas veces.
  3. La democracia participativa, opuesta en cierto modo a la representativa, con la práctica de referendos, asambleas populares y otros mecanismos que involucren directamente al pueblo en el proceso político.
  4. El apoyo a movimientos identitarios con reivindicación de unos derechos a veces no bien especificados y que supuestamente no se respetan.

Además, algunas organizaciones de izquierdas se han dejado atrapar en populismos nacionalistas, cuestionando o revisando la concepción universalista característica de la izquierda para acercarla al tribalismo más propio del posmodernismo.

Son, o han sido, ejemplos de populismos de izquierdas el chavismo, el indigenismo de Evo Morales, quizá la coalición de izquierdas griega Syriza antes de su ascenso al Gobierno, Podemos, la Alianza Sahra Wagenknecht en Alemania, etcétera. En el caso de Podemos, al menos inicialmente, no se empleaba de manera peyorativa el concepto de populismo, quizá por influencia de la escuela de Ernesto Laclau.

POPULISMO EN LAS FORMAS

Aunque probablemente esta expresión no sea muy afortunada, la empleamos aquí para definir a un populismo menos político, o mejor, menos partidista, que a veces está relacionado con el clientelismo o con eso que algunos denominan batallas culturales. Hay personas que han meditado sobre este concepto de populismo y lo han identificado con otro, demagogia, que se da, por ejemplo, cuando los dirigentes políticos participan en actos o ceremonias porque suponen que son del gusto de la población.

Sin embargo, este proceder suele diferir también si es la derecha quien lo lleva a cabo, con ejemplos como decir que para mejorar la economía y reducir gastos hay que eliminar ministerios o acabar con no se sabe cuántos cargos inútiles, decir «España nos roba», usar la palabra «genocidio» para describir la actuación policial el día del aciago referéndum del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, manifestar que el «Gobierno se forra con nuestros impuestos», afirmar que las leyes defienden a los lobos en perjuicio de los ganaderos, calificar como «golpe de Estado» el cambio de Gobierno que se produjo con la moción de censura que el PSOE presentó el año 2018 durante la presidencia del PP, hablar de invasión para describir los intentos desesperados de personas necesitadas por acceder a los países europeos, o asegurar que el Gobierno pretende romper España.

Pero la izquierda no está libre de actuaciones aparentemente no partidistas, que buscan halagar a gran parte de la población o hacerlo con un grupo determinado. Y estas actuaciones se dan más cuando algunos dirigentes de la izquierda ocupan cargos institucionales. Ejemplos de ello son: el empleo hasta la náusea del mal llamado «lenguaje inclusivo», el abuso de la corrección política, la participación en jornadas de celebraciones identitarias, los actos de bienvenida a deportistas —generalmente profesionales muy bien pagados— que han logrado algún éxito de renombre que se supone que es un orgullo para la comunidad, o la mención de las «mafias que se enriquecen con el tráfico de seres humanos», como si estas fueran las que traen a la fuerza —como modernos negreros— a las personas que escapan de sus países a la búsqueda de condiciones mejores de vida.

* * *

Como ocurre con todas las modas terminológicas sobreexplotadas por dirigentes políticos y medios de comunicación, el término populismo deja de tener valor conceptual y se hace cada vez menos preciso. Cuando todos los demás son populistas, y se utiliza la palabra como arma para desautorizar al oponente político, nada es ya populismo. Y si desde la izquierda estamos de acuerdo en que el populismo es una conducta hipócrita e interesada, empleada hoy por la derecha política, creemos que es una obligación de la izquierda no caer en estas prácticas que, a la larga, se pueden volver en su contra.

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