

Milei no termina de encajar en la categoría de derecha radical pensada desde un escenario político tradicional. Encarna una derecha radical, autoritaria y populista que cuestiona los cimientos de la democracia en Argentina y constituye una amenaza en materia de derechos y libertades

Si existe todo un prolijo debate sobre la naturaleza disímil de las fuerzas nacidas a la derecha de la derecha allí donde la política se ordena en torno al eje izquierda-derecha, la cuestión se complejiza mucho más en Argentina. En este sentido, Argentina constituye una excepción porque, como veremos, Milei no termina de encajar en la categoría de derecha radical pensada desde un escenario político configurado en torno al eje izquierda-derecha.
En contraste con otros países de la región como Brasil, Chile o Uruguay (Kestler, 2022) en los que irrumpieron actores englobables en la categoría de derecha radical populista (Mudde, 2007), Argentina parecía tierra yerma para estos movimientos. (Svampa, 2019). Las principales razones para constituir a Argentina en una excepción se situaban en el momento en el que se instaló la polarización en el país. A diferencia del Brasil de Lula, en el que la polarización llegó en un momento de declive económico como fue 2013, se aducía que los mayores niveles de polarización política llegaron a Argentina en 2008, bajo el mandato de Cristina Fernández de Kirchner; un momento económicamente estable en la región. (Svampa, 2019).
La irrupción de Milei se confirmó en 2021 al obtener su candidatura el 13% de los votos en las elecciones PASO en la Ciudad de Buenos Aires. Algo se movía en el tablero político, y lo hacía quedando muy lejano el momento álgido de la polarización kirchnerista en 2008, producto del llamado conflicto con el campo. De dicho conflicto surgió la denominada grieta, en referencia a la dicotomización del espacio social en dos bloques que se presentaban notoriamente enfrentados pero que, al mismo tiempo, parecían cerrar el paso a opciones de corte más radical. Milei suponía la entrada en escena de un actor no acomodable en ninguno de los dos bloques resultantes de la grieta.
2023 sería el año electoral decisivo. En el calendario aparecían marcadas en rojo tres citas para medir a la fuerza emergente: PASO nacionales el 13 de agosto, elecciones presidenciales el 22 de octubre y un eventual balotaje el 19 de noviembre. A poco más de 2 meses de las PASO, Milei se situaba en el promedio de estudios demoscópicos rozando el 24%. Alcanzó el 30% de los votos de forma sorpresiva para todas las encuestas y analistas, logrando ser el candidato más votado de entre todos los contendientes, y consiguiendo a su vez que su formación política, La Libertad Avanza, fuese la fuerza más votada de la jornada electoral.
El término de derecha radical populista (Mudde, 2007) responde a un tipo ideal, una categoría de análisis, que engloba toda una serie de elementos característicos presentes en aquellos actores políticos susceptibles de ser agrupados bajo esta etiqueta. Los rasgos distintivos que Mudde nos propone son los siguientes: nativismo, autoritarismo, radicalismo y populismo.
El nativismo es un rasgo central en esta conceptualización. Se caracteriza, en palabras de Mudde, porque “los Estados deberían estar habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo -la Nación- y los elementos no nativos -personas e ideas- son una amenaza fundamental para el Estado-nación homogéneo.” (2007:19). Las derechas radicales europeas, que son el objeto de estudio de Mudde, presentan este rasgo sin ningún género de dudas. Sin embargo, resulta más complicado rastrear este rasgo en Latinoamérica y vincularlo a este tipo de actores, dado que la defensa de los nativos, indígenas y pueblos originarios se presenta asociada a movimientos de raigambre izquierdista como Perú Libre, Juntos por Perú o el MAS boliviano. Para salvar esta contradicción, autores en sintonía con Mudde, proponen una noción de nativismo invertido en base al enardecimiento de los orígenes europeos en contraposición al desprecio por las comunidades prehispánicas. (Kestler, 2022).
No obstante, la propuesta liberal-libertaria de Milei no encaja ni con los rasgos nativistas propios de las derechas radicales europeas, ni con el nativismo invertido pensado para la particularidad latinoamericana. El libertarismo entronca, de algún modo, con la Escuela Austriaca y, por ello, se basa en una exaltación del individuo como soberano sin distinción de raza, credo o sexo. El individuo es aquí entendido como consumidor antes que como ciudadano y, por tanto, su verdadero poder reside en las decisiones que toma en el mercado. La soberanía se traslada así de la plaza pública al mercado, pero no hay en este movimiento que convierte al ciudadano en consumidor rasgo nativista de ningún tipo.
El autoritarismo es el segundo rasgo propio de las derechas radicales. Estos movimientos parten de un diagnóstico que percibe a las sociedades en decadencia, fruto del abandono de los valores tradicionales. Para restablecer el orden, abogan por hacer valer la ley y garantizar la seguridad haciendo uso de cuantos medios represivos y disciplinarios fuesen necesarios. (Delle Done 2022). Aunque el origen del libertarismo es profundamente antiestatal, lo que no casaría bien con el autoritarismo, podemos observar en su evolución histórica una suerte de alianza de compromiso con los principios conservadores par acuñar un reaccionarismo radical que pone en valor la defensa de ciertas instituciones tradicionales como la familia, la Iglesia o las empresas, en abierta oposición a la indeseable y perniciosa injerencia de la autoridad estatal. Desde este punto de vista, si bien el libertarismo ha matizado su pulsión ácrata originaria para abrazar valores morales que garanticen cierto orden, queda aún lejos de encajar en el rasgo autoritario inequívoco de las derechas radicales.
Como tercer rasgo encontramos el radicalismo. Se trata de una especie de punto medio entre el conservadurismo clásico y la extrema derecha tradicional. El radicalismo acepta, en principio, la democracia y la soberanía, pero tensiona y cuestiona el pluralismo. No se opone a las democracias liberales por vía revolucionaria o violenta. (Bjørgo y Ravnal, 2019). En este sentido, la simbiosis resultante del entendimiento entre libertarismo y conservadurismo sí podría encajar en este rasgo de radicalismo. Además, su membresía al Foro de Madrid, alianza creada por Vox para agrupar a las derechas radicales de la Iberosfera en la “defensa de la libertad” frente a “regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico y por terceros países” (Fernández-Vázquez y Lerín Ibarra 2022), significa definitivamente al movimiento libertario.
Como cuarto y último rasgo encontramos lo que Mudde da en llamar populismo. Su concepto es simple: allí donde se divide la comunidad política en dos grupos homogéneos bajo la dicotomía “pueblo puro vs. élite corrupta”, tenemos populismo. El partido o el líder populista representan de manera redentora la voluntad del pueblo. Milei ha trazado de forma exitosa una frontera dicotómica al interior de Argentina, acuñando para ello el concepto de casta, bajo el que podría englobarse la “élite corrupta”.
Milei no pretende representar en modo alguno una voluntad general truncada, sino deshacer los vínculos comunitarios que oprimen al individuo. La política, lo común, oprime y esclaviza y, en consecuencia, no debe ser reformulado en una mejor forma representativa, sino reducido a su mínima expresión. Por tanto, Milei cumpliría tan solo formalmente el rasgo populista propio de las derechas radicales. En base al enfoque laclausiano sí podríamos concluir que Milei y La Libertad Avanza son derecha radical populista en tanto articulan una nueva identidad política de signo reaccionario en base a la equivalencia, el antagonismo y los afectos, tal y como, entre otros, vemos tras las elecciones de primera vuelta del 22 de octubre: “Los argentinos de bien tenemos que elegir si queremos kirchnerismo o libertad”.
La victoria de Milei supone una redefinición de los límites de lo posible, de lo que es tolerable o no anunciar en el discurso público. Donde Macri tuvo que reivindicar un peronismo distinto al kirchnerismo, Milei califica de “atrocidad” la justicia social. Si bien Milei puede verse, y de hecho se está viendo, “contaminado” por su alianza con el macrismo, no puede esperarse un retorno puro porque el macrismo se ha visto igualmente “contaminado” por la irrupción libertaria. La articulación de estas dos fuerzas da como resultante un liberal-libertarismo que transforma a todos los elementos que acoge en su seno.
Milei representa el fin de la excepción argentina, así como de los riesgos y amenazas que su mandato representa en materia de derechos y libertades, encarnando una derecha radical populista que cuestiona los cimientos de la democracia en Argentina.
Referencias Bibliográficas
García-Ávalos, I. (2023) “Javier Milei en la Casa Rosada: las causas de su fulgurante ascenso”. Revista Tiempo de Paz, Nº 151, págs. 114-121
García-Ávalos, I. (2023) “La derecha radical en la Argentina frente al espejo de Chile: el caso de Javier Milei”. En María José Vicente Vicente (ed.): Las nuevas extremas derechas en el mundo. 455-476. Valencia: Tirant lo Blanch.
Laclau, E. (2009) `Populismo: ¿qué nos dice el nombre?´, en Panizza, F. (ed): El populismo como espejo de la democracia, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 51-67.
Mudde, C. (2007) Populist radical right parties in Europe. Cambridge: Cambridge University Press (8).
Stefanoni, P. (2021) ¿La rebeldía se volvió de derechas? Buenos Aires: Siglo XXI editores.
Svampa, M. (2019) “Posprogresismos, polarización y democracia en Argentina y Brasil”, Nueva Sociedad, Nº 282, julio-agosto, pp. 121-134.
Vicente, MJ. (2023) Las nuevas extremas derechas en el mundo. Valencia: Tirant Lo Blanch.