ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 58, septiembre-octubre 2024

RAZÓN O PAZ

Mónica Lafuente (Licenciada en Ciencias Políticas. Exportavoz de Medio Ambiente en las Cortes de Castilla y León. Miembro de la Coordinadora Vecinal de Montes Comunales)

 

Buena parte de los populismos de inspiración derechista que existen en el mundo, mantienen un negacionismo del cambio climático. Suelen justificarlo con varios postulados y razonamientos simples y erróneos, totalmente desmentidos por la evidencia científica, pero atractivos porque justifican la pasividad ante la emergencia climática. Lo peor es que ese atractivo se contagia, y contribuye a una pasividad de más extensión a escala internacional

“A veces es mejor tener paz que razón”…… Puede, y, como dijo Julio Llamazares, “Puesto a elegir entre la razón y la paz, prefiero la paz, aunque eso me suponga guardar silencio cada vez más”.

Pero a pesar de esto, a pesar de cada vez más lo que apetece es tener paz; callar y no con ello otorgar, sino no rebajarse a debatir “simplezas” y ganar en salud mental, no es posible rendirse ante evidencias científicas. El cambio Climático existe.

Si hay un tema recurrente en boca de los “anti líderes “, es el negacionismo climático. Gastan tiempo, medios y fondos, muchos públicos, solo para negar una evidencia científica. Pese al importante consenso mundial sobre el cambio climático, quedan fuerzas para negar el mismo, y sobre todo auspiciadas por la ultraderecha y los populismos modernos. Quizás sean Donald Trump, Bolsonaro, o Milei las caras más visibles de esas voces que niegan el grave problema planetario aprovechando el gran altavoz mediático que les ofrece sus presidencias, y la inestimable ayuda de los medios de comunicación y redes sociales de fácil acceso al público en general.

Pero realmente estos ataques a la evidencia científica, ¿en qué se basan? ¿Con qué pretenden convencernos de su doctrina climática? Varios son los argumentos utilizados, pero casi siempre siguen una línea argumental:

        1. El cambio de clima ha existido siempre. No es una novedad que cambie el clima. A lo largo de la historia de la tierra ha existido cambio climático por causas naturales.
        2. Hay otros muchos científicos que lo cuestionan, como el “primo de Rajoy”
        3. Se ha instaurado una dictadura progre climática a la que se da voz por encima de otras opiniones que se censuran.
        4. No hay evidencias científicas que vinculen las emisiones de dióxido de carbono con el cambio de clima
        5. El cambio climático es un negocio, y tiene detrás importantes grupos de presión que pretenden controlar la sociedad y someternos a su dictadura ecológica.
        6. El cambio climático nada tiene que ver con la acción del hombre. Nuestra forma de consumo no afecta al medio ambiente.

Así pues, con esa lista de argumentos, que no pretende ser excluyente de ninguna otra, podemos hacernos una idea de a qué juegan, sobre todo al victimismo. Es más fácil identificarse como víctima que como culpable de un desastre. Nuestra forma de producción, nuestra forma de consumo desenfrenado, nuestro uso de recursos del planeta no son los responsables del deterioro del planeta. Quieren hacernos creer que es así porque existen intereses ocultos para que no consigamos un estado de bien estar “barato”, al que tengo derecho, y de paso crear una dictadura que nos controle con miedo a desastres que pueden suceder. Y qué ofrecen estos populistas a cambio: la libertad. La libertad de seguir consumiendo como quiera, si tengo dinero para pagarlo, la libertad de no reciclar, de circular con todo terreno por el centro de las ciudades, etc…

Estas teorías fomentadas por los populismos y populistas de distinta índole ahondan en nuestra tendencia al desconocimiento, a la falta de profundización en los temas que nos ocupan, de investigación, de espíritu crítico ante lo que leemos. En la actualidad tenemos un sinfín de informaciones, contrastadas o no, que se mueven a una velocidad inimaginable y además facilitan que cualquiera podemos opinar sobre cualquier tema, y además con autoridad para ello.

Porque si Donald Trump opina que para curar la COVID basta con lejía, ¿por qué no va a ser verdad si es todo un presidente de EE.UU.? O que talar el Amazonas es un buen negocio para las tribus de Brasil porque fomenta su economía y desarrollo. ¿Quién soy yo para no creerlo? Que si tenemos un fenómeno extremo como fue la borrasca Filomena, pues ahí está Javier Lambán diciendo que la tierra no se calienta, porque parece que nieva. Porque es más fácil re-tuitear estos dogmas que informarse correctamente, que leer, por ejemplo, que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) sostiene que el cambio del clima observado en la actualidad responde al aumento de las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, más que a las variaciones de la actividad solar. Es mejor desconocer que el 99,60% de los miles de estudios sobre el cambio climático concluyen que es la mano del hombre la que está provocando el calentamiento global.

Pues bien, una vez que se ha demostrado la evidencia científica sobre el cambio climático y sus causas, nos falta ver la acción política que se está llevando a cabo. A tenor de lo que podemos ver en la acción política, esta se puede definir como inacción. La batalla política la están ganando, si no los que niegan el cambio climático, sí los que niegan la implicación de la mano del hombre en el mismo, y sobre todo la inutilidad de hacer algo para evitarlo. Siguiendo esta teoría de no acción, los países implicados entienden que la toma de decisiones de forma unilateral es infructuosa, y las multilaterales parecen imposibles. Cumbre tras cumbre, las medidas que se toman son cero, los acuerdos cada vez más vacíos de medidas y de intención, y los ciudadanos, aun pudiendo estar concienciados, entienden que esto del Calentamiento Global no debe ser “tan prioritario”. Cuántas veces hemos oído eso de “no hay marcha atrás”, “si no actuamos ahora, mañana será tarde”. Tantas que ya nos hemos acostumbrado. Las medidas que deben ser tomadas no forman parte de la agenda política, siempre se relegan a otros intereses o “prioridades inmediatas”. La verdad es que los ciudadanos no percibimos, aún hoy, los graves problemas a los que nos enfrentamos de forma inminente, y los políticos, actores principales de este reto, no están haciendo nada para priorizar en sus programas actuaciones perceptibles por los ciudadanos para evitar el desastre ambiental.

Y mientras estamos en este punto de inacción, de despreocupación, el negacionismo gana la batalla. Con campañas plenamente organizadas siembran el escepticismo, alimentado por la inacción, y lanzan mensajes negacionistas plenamente coordinados, y con un lenguaje fácil de digerir por la población que, como hemos visto, prefiere el victimismo a la corresponsabilidad; la comodidad y cotidianidad a la incertidumbre.

Por último, queda preguntarnos a quien sirven. Ya sabemos a quién desprestigian, a los científicos; ya sabemos a quién ponen trabas con su poderío económico o militar, a los gobiernos inactivos; y ahora nos falta saber por boca de quien hablan, que intereses los guían. Parece ser que las grandes corporaciones de combustibles fósiles y otras grandes empresas que verían disminuir sus ingentes beneficios financian campañas negacionistas, y a decir verdad parece que tienen éxito. Su importante financiación ha llevado a introducir con éxito en medios tradicionales y redes sociales teorías distorsionadas, que han creado cuando menos una desinformación suficiente que favorece el desapego del problema ambiental.

En definitiva, parece que se ha perdido también el relato; que este se está ganando por aquellos que critican la evidencia científica, las señales físicas y la realidad ya patente en las zonas más pobres del planeta. Así pues, no solo nos queda luchar contra los daños ambientales, sino también contra el relato negacionista ganador actual de la contienda, y eso solo es posible con mayor y mejor información veraz y contrastada, y acciones rápidas, eficaces y valientes de los gobiernos progresistas contra todo este lobby negacionistas. Es decir, razón; que la paz ya vendrá.

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