
Netanyahu ha ido dejando pasar todas las oportunidades de negociar con Hamás la devolución de rehenes, pues habría de hacer concesiones a los palestinos. Parece que la razón principal de esa intransigencia es anticiparse a un posible resultado relativamente adverso si en las elecciones norteamericanas del 5 de noviembre triunfa Kamala Harris. En todo caso, el objetivo último de Netanyahu parece ser la permanencia en el poder a toda costa, para evitar el ser juzgado por corrupción. Sin embargo, esto último parece casi inevitable

Paradójicamente, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, parece estar aplicando aquel manido axioma acuñado por el que fuera quizás su más elocuente ministro de Asuntos Exteriores, Abba Eban, según la cual “los palestinos nunca desaprovechan la oportunidad de perder una oportunidad”. Así, Netanyahu ha dejado pasar secuencialmente las diferentes ventanas de oportunidad que se le han presentado para llegar a un acuerdo de alto el fuego con Hamás en la Franja de Gaza a cambio de la liberación del centenar de rehenes que siguen secuestrados. La primera ventana desaprovechada en marzo, la segunda en mayo y la tercera en agosto.
De hecho, saboteó premeditada y alevosamente la última ronda de negociaciones celebrada en Doha y El Cairo con la mediación de EE.UU., Qatar y Egipto, al ordenar unos días antes los asesinatos del líder de Hamás Ismael Haniya en Teherán y del dirigente de Hizbolá Fuad Shuker en Beirut, así como autorizar la visita de su polémico ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir a la Explanada de las Mezquitas. Esto provocó la correspondiente indignación del conjunto del mundo árabe y musulmán, y colocó a Oriente Próximo ante una situación crítica de potencial guerra regional, obligando al Secretario de Estado de EE.UU. Anthony Blinken a viajar de urgencia a la zona para prevenir posibles ataques de represalia por parte de Hizbolá e Irán.
Este frenetismo diplomático estadounidense, acompañado del despliegue masivo de capacidades militares a Oriente Próximo, posibilitó la celebración de la mencionada tercera ronda de Doha y El Cairo. En el marco de ésta, Israel presentó nuevas peticiones, demandando el control permanente de la “Ruta Filadelfia” –frontera entre la Franja y Egipto, que iba a ser competencia interina de un contingente militar internacional y luego transferida a la ANP– y del “Corredor de Netzarim” –trazado por el Ejército israelí para seccionar el tercio norte de la Franja de Gaza respecto del centro y sur– alienando no sólo a Hamás, sino también a Egipto. Tanto los Acuerdos de Camp David de 1978 como el Acuerdo de 2005 tras la retirada israelí de Gaza, otorgan la vigilancia de esta frontera a las Fuerzas de Seguridad de Egipto y a las de la ANP.
Condiciones adicionales –que Israel no había exigido ni en marzo ni en mayo– orientadas claramente a prolongar la ofensiva militar en Gaza, lo que demuestra que su objetivo real no es rescatar a los 108 rehenes israelíes que todavía permanecen secuestrados (de los cuales se calcula que 1/3 hayan muerto), procediendo así en contra de la obligación de preservar la vida humana “Pikuah Nefesh”, que prescriben tanto la Torá como el Talmud. Su lógica de actuación no estaría fundada en el ámbito de la ética, sino de un cálculo puramente maquiavélico. Pues a pesar de que el apoyo a Israel por parte de Washington sea una cuestión bipartidista tanto para republicanos como para demócratas, si el próximo 5 de noviembre Donald Trump es reelegido, sabe que contará con el apoyo incondicional de su principal aliado. En cambio, si la que resulta elegida es Harris, el apoyo que recibirá será crítico y le impondrán condiciones en sus tres principales frentes: Hamás, Hizbolá e Irán.
Debido a este factor temporal, no se prevén avances significativos en cuanto a liberación de rehenes durante septiembre y octubre –en que tendrá lugar una gran ceremonia de Estado el 7-O en memoria de las víctimas de los atentados, pero también alguna ceremonia alternativa por parte de aquellos que disienten de la gestión de la crisis por parte de Netanyahu– por lo que la suerte de los rehenes parece quedar postergada para noviembre. Lo que no es óbice para que, de forma esporádica, el Ejército consiga extraer a alguno de algún túnel, tal como ocurrió el pasado 28 de agosto con un ciudadano israelí de origen beduino, cuya foto abrió las portadas de numerosos periódicos internacionales.
Hasta ahora, la operación militar “Espadas de Hierro” se ha cobrado la vida de más de 40.500 gazatíes, de los cuales la mitad serían mujeres (24%) y menores de edad (33%), registrados con nombres y apellidos. Aunque se calcula que podría haber otros 10.000 cadáveres bajo los escombros, que no han podido ser todavía identificados. Unas cifras que siguen incrementándose gradual e inexorablemente dentro de esa llamada a la victoria total que pregona Netanyahu, espoleado por sus ministros ultraderechistas: de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, que lidera “Poder Judío”, y de Hacienda, Betzalel Smotrich, que dirige “Sionismo Religioso”. Ambos han amenazado varias veces con dimitir en el caso de que Bibi –tal como se le conoce popularmente– se avenga a aceptar el acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes israelíes por presos palestinos. Y aunque podría prescindir de ellos e incorporar a otros dirigentes de la oposición, tales como Gideón Sa´ar, que lidera el partido “Nueva Esperanza”, y Avigdor Lieberman, de “Israel Nuestra Casa”, para apuntalar la coalición gubernamental, no parece que Bibi vaya a hacerlo, al menos hasta despejar esa variable independiente de la ecuación que supone la gran cita electoral del 5-N.
Todo apunta a que Bibi proseguirá con su estrategia de permanencia en el poder a toda costa –sea con el apoyo del tándem formado por Ben-Gvir y Smotrich, o por el de Sa´ar y Lieberman si opta por un cambio de alianzas en caso de que Harris ocupara la Casa Blanca– para así continuar evadiendo las investigaciones judiciales por tres casos de presunta corrupción que penden como espada de Damocles sobre su cabeza política, además de un comité parlamentario de investigación que ha retomado el cuarto caso que fue descartado en su momento por la Fiscalía (consistente en el supuesto reparto de comisiones en la compra de submarinos nucleares de clase Dolphin a Alemania y ocultación de información sobre la autorización de venta a Egipto de otros submarinos de gama inferior).
Una vez que callen las armas, se pondrá en marcha de una gran comisión de investigación, con rango gubernamental, que hasta ahora Bibi ha logrado postergar con el argumento de que primero tiene que terminar la guerra. Y aunque finalmente logre su ansiada victoria total e incluso se imponga en unas próximas elecciones generales –tal como indican los sondeos–, las conclusiones de dicha investigación serán tan demoledoras que terminará saliendo por la puerta trasera, tal como le ocurrió antes a Ehud Olmert, igualmente debido a la corrupción y a la mala gestión de la guerra del verano de 2006 contra Hizbolá, tal como demostró la Comisión Winograd.