ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 60, enero-febrero 2025

DESDE ASTURIAS. A VUELTAS CON LA MEMORIA

José Ramón Fernández Castro (Presidente de la Asociación Memorialista Asturias)

La prolongada permanencia del Franquismo en el poder provocó que la conciencia colectiva de la mayoría fuera olvidando la injusticia del alzamiento militar, y la memoria de sus víctimas. Además, se crearon y surgieron muchos obstáculos para el rescate de esa memoria. Sin embargo, existe una gran deuda para con las víctimas y sus familias, y es de justicia proceder al reconocimiento de la verdad, y en lo posible a una satisfacción de los derechos humanos lesionados. Por ejemplo, en Asturias existen doscientas fosas comunes. Solo en la de Oviedo, localizada en el cementerio civil del Salvador, yacen más de mil cadáveres de presos republicanos sometidos a consejos de guerra. Parece justo que las instituciones del Estado declaren esa fosa como lugar de la Memoria Democrática

El franquismo continúa incrustado en la cultura de nuestro país, bien atado al subconsciente colectivo que hace sentir culpables cuantas iniciativas no se acunan en el seno del orden heredado; tal que un sentimiento religioso impregnara el orden del bien y el mal, mientras lacera toda pregunta molesta.

Tan sibilino es su lenguaje que las expresiones aparentemente más inocuas, están cargadas de intencionalidad, contextualizando con simpleza episodios y soslayando premisas que, por su trascendencia, apelan a la reflexión y el análisis crítico.

Aún hoy, se conceptualiza erróneamente la guerra que padecimos todos los españoles, originada por un golpe militar fracasado, como “Guerra Civil”; tal que hundidos hasta la cintura, hubiéramos decidido armarnos de garrotes y desde la irracionalidad, explicar nuestras razones al otro. Nada más lejos de la realidad; el concepto se reitera para autoculpabilizar al pueblo y vaciar de responsabilidad a quienes proclamaron la guerra, levantándose en armas frente al estado democrático, constitucional y republicano, arrastrando a los españoles al conflicto e imponiendo su orden totalitario, “por Dios y por España”.

Son muchas las investigaciones y estudios realizados en torno a la guerra; tantas que a los estudiosos les resulta difícil hacer una síntesis aceptada en el imaginario colectivo, a partir de la cual encajen desarrollos ideológicos, bélicos, represores…, que le dan origen y explican.

La atomización, la segmentación de exposiciones, la dispersión, dificulta el entendimiento de la verdad, de forma que más allá de los expertos e iniciados en el devenir histórico, existe una ignorancia que alcanza fundamentalmente a las generaciones más jóvenes, confusas y malintencionadamente informadas sobre un capítulo esencial, por lo que representa para interpretar el presente, trascendiendo a todos los órdenes que afectan al discurrir de la vida de los ciudadanos; políticos, sociales, económicos, judiciales, religiosos…

Apelar a la Memoria es reivindicar la verdad de la historia en España; error es considerarla un capítulo desgajado de nuestro devenir histórico. Es cierto que los demócratas perdimos la guerra y fueron los totalitarios quienes ejercieron el terror e impusieron su verdad a sangre y fuego, sembrando de víctimas ciudades y pueblos; cabalgando sobre el miedo, el silencio y la autoculpabilidad, inoculada a los perdedores del conflicto.

La cultura franquista se impuso durante cuarenta años y su sombra se proyecta en una visión negacionista y supremacista, cobarde, que niega el desarrollo de los valores y principios democráticos; la misma que rinde homenaje a epopeyas de personajes épicos carentes de rigor histórico, gestiona una amnesia parcial sobre el discurrir de nuestra historia más reciente.

La educación y la cultura, orientadas a fortalecer valores democráticos, están llamadas a cultivar mentes reflexivas, críticas, propositivas, para normalizar la consideración social hacia un capítulo que responda a las preguntas sobre la realidad y ayude avanzar por la senda del progreso en nuestra España.

La historia dicta que la guerra es el mayor fracaso del sistema democrático. Los conflictos nunca son la solución a los problemas, sino un estado aún más avanzado que los agrava y conlleva consecuencias terribles para la sociedad.

El alcance de la guerra sembró de víctimas nuestra tierra; muertos en el frente de batalla, desaparecidos, encarcelados, prisioneros en penales y programas de “regiones devastadas”, asesinados, ejecutados, exiliados; trabajadores y trabajadoras que no nacieron milicianos, soldados, ni guerrilleros; un terror que impregnó a las familias y al conjunto de la sociedad durante décadas.

Existe una deuda enorme con las víctimas y sus familias, las cifras absolutas invisibilizan las tragedias personales; el estado democrático debe aprestarse a hacer efectivo el “derecho a conocer”. Toda una generación ha muerto ignorante de las vicisitudes padecidas por sus personas queridas, situación inaceptable; una obligación contraída con sus hijos, ahora legada a las nietas y nietos.

Las dificultades para acceder a los archivos que custodian la documentación; expedientes carcelarios, sumarios de consejos de guerra, vida miliciana y militar, incluso registros civiles, cercena que miles de españoles completen los relatos recibidos de sus progenitores; Memoria difusa, incompleta, cuando no carente de información, más allá de un vago recuerdo, “murió en la guerra…”.

Las instituciones públicas y el movimiento memorialista deben asumir, por justicia, la tarea de acompañar, asesorar e informar a las familias de las víctimas; el olvido comienza por ignorar a quienes padecieron el conflicto. Sin víctimas y familias no hay relato, historia, ni Memoria.

Los mandatos recogidos en nuestra legislación, referidos a la guerra, sus consecuencias y medidas a adoptar, cabría calificarlos de aceptables; no así la retórica defensiva que retarda implementar las medidas legisladas, cuando no la inacción a la hora de hacerlas efectivas.

El tiempo es nuestro mayor enemigo, los eslabones se debilitan; sirva a modo de ejemplo hacer mención a una iniciativa emprendida recientemente por la Asociación Memorialista Asturias, de la que tengo el honor de ser su presidente.

Más de doscientas Fosas Comunes están inventariadas y distribuidas por todo el territorio de la comunidad autónoma asturiana: comarcas mineras, centro, montañas y litoral. El pasado mes de julio hemos registrado un expediente solicitando al gobierno del principado de Asturias, que reconozca y declare la Fosa Común de Oviedo como Lugar de la Memoria Democrática.

Espacio funerario localizado en el cementerio civil del Salvador, con unas dimensiones de 12 por 21 metros, en el que yacen los cadáveres de más de mil republicanos; presos en la cárcel modelo de Oviedo, sometidos a consejo de guerra, condenados a muerte y ejecutados, todos fusilados, excepto 17 ejecutados a garrote vil.

Es una Fosa Común referente para miles de familias, desde la caída del Frente Norte, el 21 de octubre de 1937; cuando aún se efectuaban inhumaciones, se iniciaron las visitas y, posteriormente, las demandas de actuar sobre el mantenimiento y la dignificación del espacio; un lugar para el reencuentro con los silencios, las emociones y evocaciones, hermanadas por el destino sangriento que padecieron “los mejores”.

Esta Fosa Común, perfectamente documentada, identifica con rigor a cada una de las víctimas; presas ―refrendadas en su expediente carcelario; sometidas a juicio militar― acompañadas del correspondiente sumario; ejecutadas ante el muro del cementerio ―de lo que da testimonio manuscrito el capellán administrador en su cuaderno diario―, y registrada su defunción en los libros custodiados en el Registro Civil de Oviedo.

¿Cómo es posible que un espacio de esta magnitud, con lo que representa para comprender la historia de nuestro país, no sean las instituciones democráticas quienes de oficio actúen con apremio, liderando el proceso que conduzca a su declaración como lugar de la Memoria Democrática?

Hemos mantenido, desde la Asociación que presido, reuniones con las organizaciones sindicales y asociativas más representativas de nuestra comunidad: la Unión General de Trabajadores, las Comisiones Obreras, Amnistía Internacional, Fundación José Barreiro, Ateneo Republicano de Asturias y otras muchas, todas respaldan esta iniciativa…

¿Cómo es posible que, transcurriendo 49 años desde la muerte del dictador, todavía nos encontremos en estas paradójicas circunstancias?

Nuestra Historia, la Memoria, requiere actuaciones concretas, rigurosas, planificadas y efectivas. Mejor hacerlo ahora, cuando aún estamos a tiempo, antes que nos arrepintamos de no haberlo hecho y el olvido sea el triste epílogo de una nueva derrota que hace tiempo debiera haber sido la última.

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