ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 61, abril-mayo 2025

EN RECUERDO DE ELÍAS DÍAZ, MAESTRO Y AMIGO

Manuel de la Rocha Rubí (Abogado y exdiputado socialista)

Elías Díaz fue un intelectual comprometido con la memoria del socialismo en España, y maestro de una importante escuela de profesores y de varias generaciones de estudiantes. Fue el gran renovador de la Filosofía del Derecho y del Estado en nuestro país. Asimismo, defendió una España incluyente e hizo mucho por recuperar esa otra población tantas veces excluida: la ilustrada, liberal, democrática y socialista. Elías se definía a sí mismo como socialista democrático, lo cual diferenciaba de la socialdemocracia como mero reformismo, y por otra parte, del leninismo y del anarquismo. En ese socialismo nos legó su pensamiento y el ejemplo de su militancia

El pasado 3 de febrero murió, tras una larga enfermedad, Elías Díaz, catedrático de Filosofía del Derecho, intelectual comprometido con la memoria del socialismo de nuestro país y maestro de una importante escuela de profesores y de varias generaciones de estudiantes. Además de ser mi maestro y amigo.

Nacido en 1934 en Santiago de la Puebla (Salamanca), vivió en esta última ciudad en cuya Universidad estudió Derecho. Cuenta el propio Elías que había un ambiente “estrecho, cerrado y opresivo desde casi todos los órdenes y puntos de vista: social, político, religioso y cultural”, del que nacieron sus inquietudes y compromiso intelectual y su inclinación a dedicarse a la Universidad, y más en concreto a la Filosofía del Derecho. Allí conoció a dos de sus referentes, Ruiz-Giménez y Tierno, y más tarde ya en Madrid a Aranguren, que fueron “los más relevantes de mis viejos maestros españoles” en los diversos campos en los que empezó a desenvolver su actividad intelectual: la filosofía clásica, el marxismo, la filosofía analítica, y en general la filosofía contemporánea.

Conocí a Elías Díaz a mitad de los años sesenta del siglo pasado, cuando yo estudiaba Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Elías era entonces profesor adjunto de Filosofía del Derecho con Ruiz-Giménez, y al terminar mis estudios me incorporé a esa cátedra como Profesor no numerario (PNN), integrándome en el equipo que formaba con Gregorio Peces Barba.

Pero Elías tardó muchos años en llegar a ser catedrático de la universidad, tanto porque su posición académica e ideológica contrastaba con el vetusto iusnaturalismo teológico predominante en ese ámbito, como por la actitud personal de Francisco Elías de Tejada,inquisidor católico tradicionalista” como el propio Elías Díaz le calificó, que controlaba las cátedras de Filosofía del Derecho en nuestro país. Aún recuerdo las oposiciones a dos plazas de agregado de la propia Facultad de Derecho de la Complutense, en las que Elías de Tejada doblegó a dos miembros del tribunal para dar las plazas a otras dos personas, a pesar de que sin duda alguna el mejor candidato era Elías Díaz, y tengo en la memoria la imagen de éste cuando se proclamaron los resultados, de pie en el pasillo del aula apuntando con el dedo al inquisidor y espetándole “Elías, no me someteré nunca”.

No consiguió ser catedrático hasta 1974, con 39 años, pasando entonces por la Universidad de Oviedo y recalando finalmente en la Universidad Autónoma de Madrid, donde desarrolló una profunda tarea intelectual y de magisterio, creando una amplia escuela de discípulos, hoy extendida por muchas universidades españolas; entre ellos, Francisco Laporta, Liborio Hierro, Virgilio Zapatero, Alfonso Ruiz Miguel, Manuel Atienza, Eusebio Fernández y muchos otros. Yo mismo, que dejé la universidad al no terminar la tesis doctoral por dedicarme a otros menesteres, me considero también modesto discípulo del maestro Elías.

Quisiera destacar en estas líneas tres facetas o aspectos de la actividad intelectual de Elías Díaz. Su trabajo como filósofo del Derecho y del Estado, su constante preocupación por la recuperación del pensamiento liberal y socialista español, la memoria democrática ocultada por el franquismo, y finalmente sus muchas aportaciones al pensamiento y a la actividad del socialismo democrático.

Todas ellas, y otras más, han quedado recogidas de forma muy amplia en al menos tres publicaciones. Dos del propio Elías: “Un itinerario intelectual. De filosofía jurídica y política” (2003) y “Autobiografía en fragmentos”, de 2018 en conversación con Benjamín Rivaya, y una tercera “Revisión de Elías Díaz, sus libros y sus críticos”, promovida en 2007 como libro homenaje con ocasión de su jubilación por Liborio Hierro, Francisco Laporta y Alfonso Ruiz Miguel.

ELÍAS DÍAZ Y LA FILOSOFÍA DEL DERECHO

Elías fue el gran renovador de la Filosofía del Derecho y del Estado en nuestro país. Su primera gran obra fue “Estado de Derecho y Sociedad Democrática”, publicada en 1966, un libro que leímos con enorme interés los estudiantes de la época y los profesores y profesionales antifranquistas, y que nos marcó de forma definitiva, porque como se ha escrito, en una época de confrontación de dos sistemas sociales antagónicos, el liberal occidental que entendíamos de libertad sin igualdad, y el comunista soviético de aparente igualdad sin libertad, con dos bloques militares enfrentados, Elías nos hacía compatible la libertad con la igualdad, la democracia con el socialismo.

Estábamos en plena dictadura franquista, y ante la dura crítica de las democracias occidentales, el régimen había publicado en 1964 un informe titulado “España. Estado de Derecho”. El libro de Elías era una denuncia contra esa pretensión, y sostenía, sin mencionar a España, todo lo contrario. Su inicio era muy expresivo de esa denuncia del franquismo:

“No todo Estado es Estado de Derecho; la existencia de un orden jurídico, de un sistema de legalidad, no autoriza a hablar sin más de Estado de Derecho. Designar como tal a todo Estado, por el simple hecho de que se sirve de un sistema normativo jurídico, constituye una imprecisión conceptual y real que solo lleva —a veces intencionadamente— al confusionismo”.

Para Elías Díaz, el Estado de Derecho es la institucionalización jurídica de la democracia política (y ética), a la que atribuye cuatro requisitos o caracteres: a) Imperio de la Ley como expresión de la voluntad general; b) división de poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, con predominio del poder legislativo; c) legalidad de la administración y control del ejecutivo; y d) protección y garantía de los derechos y libertades fundamentales, con su realización material.

Como ha relatado Elías en diversas ocasiones, el libro fue secuestrado por Fraga, a la sazón Ministro de Información y Turismo, siendo levantado el secuestro por el Tribunal de Orden Público. En el fondo, el franquismo no podía afirmarse como Estado de Derecho y a la vez secuestrar un libro que trataba precisamente ese tema.

A lo largo de muchos de sus libros, Elías Díaz ha seguido insistiendo en esta misma idea, central en su pensamiento, del Estado Democrático de Derecho, que implica demandar no sólo la democracia política, sino también la democracia económica y social, siendo aquélla la única vía de construcción progresiva de una sociedad socialista. Cierto que en las últimas obras, entre ellas en “El Derecho y el Poder. Realismo crítico y filosofía del Derecho” (2013), ha venido poniendo más énfasis en dos ideas que estaban apuntadas en el inicio: que “los derechos fundamentales constituyen la razón de ser del Estado de Derecho, su finalidad más radical, el objetivo y criterio que da sentido”, de manera que la democracia, además de participación en la toma de decisiones, demanda participación en los resultados, también en los económicos; y que la democracia se funda “en las raíces éticas de la autonomía moral individual”, la democracia como moral, siguiendo a Aranguren. Y apunto que, en mi opinión, es también signo de una evolución, o complemento, de una inicial lectura fundamentalmente marxista, o marxiana como él decía, a una mayor asunción de Kant. Marx y Kant, siguiendo a Vorländer.

La importancia de la construcción jurídica y política del Estado de Derecho de Elías Díaz, ha sido tal que se ha afirmado desde muchas ópticas que tuvo una incidencia directa en el artículo 1º de la Constitución de 1978, que declara que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho”. La huella del maestro llegó también nítida hasta la Carta Magna.

Elías Díaz también ha sido un gran renovador en el campo más estricto de la filosofía del derecho española. Con el franquismo, y salvo excepciones muy contadas, las cátedras y la enseñanza estaba en manos de iusnaturalistas tradicionalistas, vedadas a la entrada del pensamiento ilustrado y crítico europeo en sus múltiples escuelas. Fue Elías el que nos introdujo en lo más importante de ese pensamiento iusfilosófico: H.Kelsen, N.Bobbio, H.Hart, A.Ross, R.Treves –“el núcleo fundamental de la filosofía jurídica del siglo XX”, señalaba– son autores que ejercían una influencia decisiva en la reflexión crítica contra el pensamiento conservador iusnaturalista y que fueron “importados” a nuestras aulas por primera vez por Elías Díaz, dirigiendo tesis doctorales a Alfonso Ruiz Miguel sobre Bobbio y a Liborio Hierro sobre Alf Ross y el realismo jurídico escandinavo, junto con la que escribió Juan Ramón de Paramo sobre H.L.A.Hart. Como han recordado sus principales discípulos en un reciente artículo, “todo empezó con Elías”.

Ya en el mismo año de 1966 publicó un libro colectivo titulado “Critica del Derecho Natural”, con artículos de algunos de los mejores profesores europeos, entre ellos Kelsen y Bobbio, y con una importante introducción del propio Elías. En el debate entre iusnaturalismo y positivismo jurídico, la posición de Bobbio era clara: “el Derecho Natural ni es Derecho ni es natural”. No es Derecho, porque sólo lo es el Derecho positivo; y no es tampoco natural, porque la noción de naturaleza es equívoca y de ella no cabe derivar lo que es justo e injusto, valores que tienen que ver y están conectados con la propia evolución histórica. Lo que no afecta, decía Bobbio, “a la existencia de valores morales superiores a las leyes positivas”.

Elías hizo suya esa posición, pero al mismo tiempo que critica al iusnaturalismo, tanto al deontológico como sobre todo al ontológico, se distancia del mero positivismo formalista. Se reconoce como positivista en cuanto afirma que el Derecho es en definitiva el Derecho positivo, un positivismo incluyente (de la moral), pero es crítico hacia lo que llama “un positivismo neutro, adiáforo, indiferente y abstencionista respecto a los valores éticos”, un positivismo excluyente de la moral. Porque desde su realismo crítico, la filosofía del derecho es en última instancia una teoría de la justicia.

Éstas y otras muchas ideas se desarrollaron en otras publicaciones, de las que quiero destacar su “Sociología y Filosofía del Derecho” (1971), que ha sido libro de texto para los alumnos de muchas universidades españolas.

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA RAZÓN

Una segunda faceta de la preocupación intelectual, y también política, de Elías Díaz fue su permanente actividad dirigida a “recuperar en perspectiva plural, la España de los heterodoxos, la España incluyente, la España ilustrada, liberal, democrática, socialista”. En lenguaje más actual, la recuperación de la memoria democrática del pensamiento español ilustrado, que había sido silenciado y expulsado de las aulas por la “España tradicional y tradicionalista, católica, ortodoxa, monolítica y excluyente”.

Esta importante tarea la llevó a cabo en varios frentes. Por una parte, promoviendo como tesis doctorales entre sus discípulos temas directamente relacionados con ese objetivo: Francisco Laporta sobre Adolfo Posada, Emilio Lamo sobre Julián Besteiro, Virgilio Zapatero sobre Fernando de los Ríos, Manuel Núñez Encabo sobre Manuel Sales y Ferré, y Eusebio Fernández sobre marxismo y positivismo en el socialismo español, todas ellas publicadas como libros.

Pero junto a ello, el propio Elías proyectó esa preocupación por entroncar con el pasado cultural de nuestro país, desarrollando una amplísima tarea de estudio, reflexión y publicación de artículos y libros sobre el pensamiento español contemporáneo. Sus primeros trabajos fueron sobre Unamuno, una extensa antología de textos políticos bajo el título “El pensamiento político de Unamuno” (1965); y más tarde, en 1969, el más conocido “Revisión de Unamuno. Análisis crítico de su pensamiento político”, con el que Elías quiso saldar una deuda con quien fuera “símbolo, alma y leyenda” de la ciudad de Salamanca. Ambos textos fueron completados en 1994 con otro escrito sobre “Unamuno y la guerra incivil de España” en su libro “Los viejos maestros. La reconstrucción de la razón”, cuyo título expresa bien todo el esfuerzo y la tarea de Elías: recuperar a los maestros y reconstruir la razón que se pretendió eliminar por el irracionalismo tradicionalista y fascista.

Importante fue también su interés en recuperar y potenciar el pensamiento liberal y reformista de la Institución Libre de Enseñanza, publicando en 1967 el “Estudio preliminar” de una nueva edición de “Minuta de un testamento”, de Gumersindo de Azcárate, de la que Elías dijo era una “apasionante defensa de la tolerancia y la libertad religiosa”. Y más tarde, en 1973, el excelente libro “La filosofía social del krausismo español”, en diálogo con Sanz del Río, Giner de los Ríos y de nuevo Gumersindo de Azcárate, para remarcar que la recepción del krausismo era “en el fondo la recepción (sí, algo tardía) de la mejor filosofía alemana, y con ella de la mejor Ilustración”. Elías conecta en diversos trabajos y a través de estos pensadores al institucionismo con el socialismo, uno de ellos bajo el título “La Institución Libre de Enseñanza y el PSOE”, publicado en 1982 en “Socialismo en España: el partido y el estado”; y más adelante con la propia constitución de 1978, en su libro “De la Institución a la Constitución. Política y cultura en la España del siglo XX” (2009), en el que vuelve a debatir sobre el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza y reflexionar con y sobre sus tres maestros Ruiz-Giménez, Tierno Galván y Aranguren.

En 1976 publicó un extenso “Estudio preliminar” a “El sentido humanista del socialismo”, de Fernando de los Ríos, en el que además de señalar que la obra de De los Ríosconstituye probablemente la más coherente síntesis de la teoría política y de las actitudes prácticas del socialismo democrático llevadas a cabo en nuestro país”, analiza sus posibles conexiones con Marx, en la interpretación de los austromarxistas Max Adler y Otto Bauer, llegando a formular la hipótesis de que De los Ríos estaba más cerca de Marx de lo que él mismo creía. También sobre Besteiro publicó Elías Díaz un trabajo “Julián Besteiro: socialismo, ciencia y ética”, editado en “Los viejos maestros. La reconstrucción de la razón” (1994).

No puedo terminar este apartado sin mencionar su libro “Pensamiento español (1939-1973)”, de 1974, ampliado posteriormente en 1983 como “Pensamiento español en la era de Franco (1939-1975)”, que ha sido considerado como “una hazaña intelectual de reconstrucción de la razón”, que aborda el amplísimo panorama de la plural cultura de la oposición democrática al franquismo, recogiendo los múltiples debates sobre marxismo y filosofía analítica, sobre los primeros diálogos de Aranguren con el existencialismo y el protestantismo, o la polémica sobre “España en su historia”, con Laín, Calvo Serer, Américo Castro y Sánchez Albornoz, entre otras muchas cuestiones. Un libro apasionante e imprescindible.

ELÍAS DÍAZ Y EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO

En este recuerdo personal de Elías Díaz, no puedo eludir, aunque sea muy esquemáticamente, sus muchas aportaciones al pensamiento y a la acción del socialismo español.

Elías se definía a sí mismo como socialista democrático, que diferenciaba en muchas ocasiones de la socialdemocracia, como mero reformismo, y por supuesto, del leninismo y del anarquismo. Un socialismo “que es bien consciente de la necesidad de transformar las relaciones capitalistas de producción … a través de un fuerte control colectivo del mercado y de la propiedad de los medios de producción”, pronunciándose a favor de “una economía mixta con planificación democrática” y de lo que ha llamado reiteradamente una participación de todos los ciudadanos en los resultados, en educación, salud, pensiones, etc.

Su socialismo, pues, está muy entroncado con su concepción del Estado Democrático de Derecho, entendido no sólo como democracia formal-liberal, sino también como democracia económica con pleno cumplimiento de los derechos humanos para todos y como medio indeclinable de transformación, en la tarea progresiva ´de configurar una sociedad socialista. Y para esa tarea Elías da mucha importancia al papel de los movimientos sociales, propios de la sociedad civil, como el ecologismo, feminismo, pacifismo y otros. Son muchos los artículos y libros que dedicó específicamente sobre el socialismo, en los que reflejó su pensamiento y su compromiso, entre ellos “Legalidad y Legitimidad en el socialismo democrático” (1977), “Socialismo en España: el Partido y el Estado” (1982), “La transición a la democracia” (1987) y “Las razones del socialismo”, artículo editado en el libro “Ética contra política. Los intelectuales y el poder” (1990).

Ese compromiso político socialista y de luchador antifranquista, y su cercana relación con Tierno Galván, le llevaron en 1968 a participar en la fundación del Partido Socialista del Interior, luego devenido Partido Socialista Popular, del que pronto se separaría en aras de buscar la unidad de socialismo español.

Paralelamente participó también en 1963 en la fundación de Cuadernos para el Diálogo, y más adelante también de la revista Sistema, de la que fue director. Aún recuerdo aquellos consejos de redacción semanales de Cuadernos presididos por Ruiz-Giménez, a los que yo asistía como estudiante y más tarde como PNN, con presencia de Elías Díaz, Pedro Altares, Peces Barba y una muy amplia participación de personas de diversas y plurales militancias políticas antifranquistas.

Pero la represión de la dictadura no se olvidó de él. No sólo por los impedimentos que el franquismo académico puso para retrasar tantos años su acceso a una cátedra universitaria, ni por el secuestro en 1966 de su libro “Estado de Derecho y Sociedad Democrática”, ya mencionado, sino que en enero de 1969, con la declaración del Estado de Excepción tras el asesinato por la policía de Enrique Ruano, fue detenido y confinado en Villagordo (Jaén). Incluso más tarde fue acusado ante el Tribunal de Orden Público por un artículo publicado en la revista Sistema, de lo que se libró con la muerte del dictador. El propio Elías ha escrito en alguna ocasión que se benefició de la Ley de Amnistía de 1977.

Fue en 1974, con ocasión de su estancia como catedrático en Asturias, cuando se incorpora al PSOE, al que consideraba el “partido matriz” del socialismo, militando en él hasta su fallecimiento, si bien su espíritu crítico le llevó en algunas ocasiones a manifestar aquella frase de que, frente a tanta gente que se consideraba simpatizante aunque no militante del PSOE, él era “militante, pero no simpatizante”.

Concluyo este largo recuerdo del maestro con alguna referencia más personal. Elías era un gran conversador; más aún, un infatigable polemista. Le gustaba quedar para hablar de los temas más clásicos o más actuales, solo o acompañado por Maite. Siempre con la amistad y el respeto que me merecía quien sabía mucho más que yo, le gustaba escuchar, aunque no siempre compartía las opiniones. Me apoyó con entusiasmo en mi aventura como candidato a las primarias del PSOE para la alcaldía de Madrid, y se sentía en muchos aspectos cercano a las posiciones políticas de la izquierda del socialismo, salvo en un tema: Cataluña. En su último libro “Autobiografía en fragmentos”, sobre su itinerario intelectual, apuntó que ponía simbólicamente cierre transitorio a aquél, si bien “con el trasfondo de Cataluña como obsesiva ocupación y persistente preocupación”. Con su despedida, echaremos de menos esas largas conversaciones y debates, también sobre Cataluña, pero seguiremos recordando y releyendo al maestro.

 

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