ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 61, abril-mayo 2025

APUNTES CRÍTICOS SOBRE RACISMO Y ANTIRRACISMO EN EL CONTEXTO ESPAÑOL

Íñigo González de la Fuente (Profesor titular de Sociología en la Universidad de Cantabria)

Probablemente el racismo existente en España parte de una especie de creencia que obra en nuestra conciencia individual y colectiva, y que se podría llamar “supremacía blanca”. Considera a los blancos como el estándar étnico: el ideal y ajustado a la norma; y al resto de grupos étnicos, como una desviación de ese estándar. Ahí nace el “privilegio blanco”; es decir, las ventajas sociales asignadas a esa raza en contraste con las otras, las cuales son consideradas a veces como inferiores desde el punto de vista humano. Tal sucede con los inmigrantes

El 27 de junio de 2022 el diario deportivo Marca presenta una portada titulada “África Power” en letras mayúsculas. Se incluye una representación cartográfica del continente africano (que incluye, entre otros, los contornos de un camello, una jirafa y un león) y, alrededor de esta, las imágenes de seis jugadores del primer equipo masculino del Real Madrid: tres nacidos en Francia, uno en Austria, uno en Alemania y uno en Angola, aunque residente en Francia desde su primer año de vida. Una primera hipótesis sobre tal asociación de personas europeas a África podría desprenderse de sus rasgos fenotípicos, sobre todo, el color de su piel: cinco de ellos son negros y un sexto tiene cuerpo arabo-africano.

Desde luego, los contenidos de la noticia han de interpretarse en un contexto de creciente movilidad territorial de grupos de personas en las últimas décadas, el cual ha traído consigo un aumento de la ya existente diversidad étnico-racial-cultural que caracteriza la conformación de la mayoría de los actuales Estado-nación, si no todos. Particularmente significativo ha sido este aumento en España, donde, según información del diario El País del 10 de agosto de 2024, “uno de cada cuatro menores de edad tiene un padre extranjero”. Paralelamente, se ha dado una mayor visibilización de grupos de personas que, aun siendo españolas (p.e. Romá/gitanos; afrodescendientes; arabo-españoles; etc.), presentan características fenotípicas que no responden al constructo “blanco” como estándar normativo para la población española.

El 21 de septiembre de 2022 todas las páginas del mencionado diario Marca se muestran en tonalidades grisáceas (“sin color”) “en señal de repulsa absoluta contra el racismo” a raíz de “los insultos racistas proferidos por un grupo de aficionados del Atlético de Madrid contra Vinicius Junior”, jugador afrobrasileño del Real Madrid. En la portada de este número aparece en primer plano el jugador afrodescendiente del Athletic Club de Bilbao Nico Williams ataviado con la equipación de la selección española.

El 23 de mayo de 2023, a partir de nuevos insultos racistas a Vinicius en Valencia, Marca apuesta por otra portada en “blanco y negro” con el titular “No es suficiente con no ser racistas, hay que ser antirracistas”. No es una cuestión baladí que Vinicius ha copado el 25% de las noticias sobre racismo en el fútbol español en los últimos años (Cirujano et al., 2024).

El 25 de noviembre de 2024 El País recoge unas declaraciones de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, que prácticamente se hacen eco de las anteriores de Marca: “En España ya no basta con no ser racista, hay que ser antirracista», sin que en el interior de la entrevista se señalen los contenidos sobre los que versaría precisamente el antirracismo.

Estas acciones y declaraciones pueden ser perfectamente interpretadas como daltonismo racial. Bajo el sobreentendimiento de que todas las personas somos “iguales” y que “no hay colores”, el daltonismo racial se asocia inevitablemente con una percepción moral del racismo, “con ser buena o mala persona” (Bela-Lobedde, 2023: 138), además de opacar su consideración como problema estructural de injusticia social. Sin embargo, son únicamente las personas definidas y percibidas como blancas las que pueden permitirse “no ver colores”. Esta blanquitud, por tanto, está íntimamente ligada al poder, el privilegio, la norma, lo propio, la legalidad. El resto de grupos no definidos y percibidos como blancos son desviaciones.

Siguiendo un enfoque crítico antirracista, este texto pretende destacar que, para hablar de cuestiones relacionadas con el racismo y el antirracismo, hay que referirse al término de supremacía blanca. De manera muy sucinta, la supremacía blanca se refiere al repertorio cultural que sitúa a las personas definidas y percibidas como blancas como el estándar étnico, el ideal, lo adecuado, la norma, y al resto de grupos étnicos como una desviación de ese estándar. Más aún, hay que entender la supremacía blanca como un sistema (red que conecta instituciones) jerárquico que sitúa los cuerpos blanco-occidentales en una posición de centralidad-legalidad, mientras los márgenes (incluida la ilegalidad) son ocupados por las personas racializadas.

La racialización tiene que ver efectivamente con la (re)producción de jerarquías de valor a favor de las personas blancas y en contra del resto de grupos étnicos. De hecho, la discriminación hacia los no-blancos no se produce por la pertenencia a una etnia en concreto (por ejemplo, solo pensando en África, existen infinidad de pueblos tales como los mursi, los zulúes, los turkana, los masai, los surma, los pigmeos, los dinka, etc.), sino precisamente, vengan de donde vengan, esas personas son racializadas como negras y tenidas como inferiores.

Este contexto que beneficia a las personas blancas, sobre todo en países mayoritariamente blancos, pero también en los que no lo son (el caso sudafricano es paradigmático), se denomina privilegio blanco. Se trata del “conjunto de ventajas sociales implícitas otorgadas a las personas blancas en detrimento de las personas que experimentan el racismo” (Bela-Lobedde, 2023: 44). En otras palabras, la alteridad negra es representada por los grupos mayoritarios/dominantes (autorrepresentados con la etiqueta social de blanco) como de total homogeneidad, como un todo pétreo al que se le asocian representaciones negativas, unidireccionales y simplistas vinculadas con pobreza (en todas sus acepciones, no sólo la económica asociada al PIB), subdesarrollo (frente a evolución y progreso), salvajismo (frente a civilización), animalidad (frente a la supuesta racionalidad occidental), infancia (frente al estado de madurez que vivirían las sociedades occidentales), etcétera.

En la sociedad española actual (que, además, tiene el antigitanismo como una forma particular de racismo contra las poblaciones gitanas), las evidencias en torno a la supremacía y el privilegio blanco y eurocentrado son abundantes y son constatables a todos los niveles institucionales:

  • A nivel político y económico, por ejemplo, casi todas las personas que ocupan puestos de responsabilidad son blancas.
  • A nivel habitacional, laboral y sanitario, las personas racializadas tienen mayores dificultades para alquilar una vivienda, encontrar un empleo o acceder a la sanidad pública que las personas blancas.
  • A nivel cultural, el arte europeo está en museos, mientras las obras del sur global están en museos antropológicos.
  • A nivel policial, destacan los requerimientos de identificación y las detenciones con base al perfil étnico no-blanco frente al privilegio de sentir que los cuerpos y fuerzas de seguridad están para protegerte.
  • A nivel educativo y lingüístico, se pueden citar: la violencia epistémica o invisibilización de las aportaciones históricas y los saberes de las personas racializadas; las personas responsables de los centros escolares, pero también de las actividades extraescolares y extracurriculares, son blancas; la ausencia de refuerzos positivos para el alumnado no-blanco; el acoso escolar racista categorizado como bullying; el etnocentrismo lingüístico; esto es, se enseñan/aprenden los idiomas occidentales y se minusvalora el resto.

Y un largo etcétera. En definitiva, estamos hablando de una red institucional basada en jerarquías raciales a favor de la blanquitud que se articula a través de innumerables interacciones que permiten que las personas blancas acumulen poder estructural a todos los niveles, cual “mochila invisible e ingrávida de provisiones especiales, mapas, pasaportes, libros de códigos, visas, ropa, herramientas y cheques en blanco” (McIntosh, 1989: 1).

En esta línea, resulta extraordinariamente significativo, por ejemplo, el tratamiento que los medios de comunicación hacen de las personas racializadas en el sentido de que, para ellos, no son personas, sino inmigrantes. Invariablemente, los contenidos de noticias en las cuales las personas racializadas son protagonistas recuerdan su condición de transitoriedad: ni siquiera importa si muchas de ellas han nacido y/o residan en España desde hace años; impera una narrativa en la que se deja claro que las personas racializadas (y sus hijos, y los hijos de sus hijos) son y serán siempre inmigrantes, perennemente recién llegados.

Desde luego, las representaciones de la otredad se hacen desde una perspectiva eurooccidental, ofreciendo un imaginario muy concreto –generalmente negativo, unidimensional y simplista– sobre los cuerpos-otros, cuyo colofón es la generación de narrativas que atribuyen las situaciones de discriminación y/o desigualdad a la responsabilidad de los propios grupos étnicos no dominantes. Gran parte de esta magia que transforma la injusticia social en responsabilidad individual, se basa precisamente en la invisibilización de los privilegios de la blanquitud: si algo permanece invisible, innombrado, es imposible de desmantelar.

En definitiva, el racismo no es una cuestión moral, de si existen buenas o malas personas. El racismo es estructural: los racistas somos personas que hemos sido socializados en un sistema racista, un sistema que sostiene que las personas blancas somos superiores al resto. El antirracismo, por tanto, es una cuestión de justicia social.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bela-Lobedde, D. (2023) Ponte a punto para el antirracismo. Ediciones B.

Cirujano, E. V., de la Nieta, M. Á. S., & Zaragoza, J. P. (2024). El tratamiento del racismo en la prensa deportiva online española: el caso Vinicius. Icono14, 22(1), 6.

McIntosh, P. (1989). White Privilege: Unpacking the Invisible Knapsack. Peace and Freedom Magazine, July/August, 10-12.

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