
En España, la Izquierda no parece valorar suficientemente la comunicación, y menos como un instrumento esencial de su irradiación ideológica. La comunicación debería basarse en las ideas fuerza que configuran la Izquierda como opción política, y reivindicar la acción pública como uno de los grandes ejes de acción. Esas ideas fuerza deben ser convenientemente explicadas y tenazmente repetidas. La sinceridad en la exposición de los principios propios y una explicación adecuada de los criterios de acción, son elementos decisivos para empatizar con la sociedad

Es un lugar común, cuando la izquierda tiene un mal resultado, sea político o electoral, echar la culpa a: “nuestro problema es de comunicación” o es que “comunicamos mal”. También cuando hablamos con periodistas o expertos en comunicación, nos encontramos con otro lugar común en el que hay amplia coincidencia en “qué mala es comunicando la izquierda, tanto en el gobierno o fuera de él”. Otra expresión muy común: “la derecha tiene copado el espacio mediático; todos los medios son de derechas”. Con estas afirmaciones se están reflejando de forma distorsionada o no, varias realidades que, superpuestas, dan un panorama desolador. En muchos casos estas afirmaciones son claramente ciertas, pero en otros son una mera justificación de otros males y errores. Es evidente que algo pasa y no se responde adecuadamente. Para acabar de complejizar el problema tenemos el mundo de las redes, los bulos, las fakes y la manipulación. Y actualmente se tiende a situar ahí la totalidad del problema.
El primer problema que tiene la izquierda (hablo en términos genéricos) es de contenidos. Se adolece en líneas generales de falta de una selección de ideas fuerzas convenientemente explicadas y tenazmente repetidas que puedan hacer carne en el tejido social. A diferencia de la derecha, que maneja ideas simples (en la mayoría de los casos falsas) repetidas hasta el hartazgo: se rompe España, inmigrantes-delincuencia, gobierno corrupto, España se hunde…, en la izquierda no se logra definir una política de forma sencilla y comprensible, tanto en la crítica como en la reivindicación de las políticas desarrolladas. Se mueve demasiado en la inmediatez del día al día y en lo efímero de la noticia. El actual gobierno progresista está cargado de hechos y razones para permeabilizar a la sociedad en una política de avance y libertad, pero no se logra que los hechos se conviertan en propiedad colectiva. Y hay varios problemas, uno la celeridad y lo efímero de los mensajes como hemos señalado anteriormente y otro la falta de profundidad y sencillez de las explicaciones. En la transmisión política, la sinceridad y el conocimiento son un factor decisivo para empatizar con la sociedad y sin embargo asistimos a la repetición de consignas que da la impresión de no creérselas ni los mismos que lo dicen. Vayamos a otro campo de la comunicación para aprender: la comunicación en las crisis. Hace tres años hemos tenido una pandemia por el COVID 19 y hemos pasado por el confinamiento de un país, una situación de extremada gravedad y extrema dificultad, donde la comunicación con la sociedad era esencial para la respuesta de la misma, y hemos contado con una capacidad de comunicación personalizada en el director del Centro de Alertas, Fernando Simón, extraordinaria y que se basaba en primer lugar en el conocimiento científico de la realidad , en la capacidad de adaptación a la realidad cambiante y en la claridad de las respuestas que en esos momentos se consideraban las más adecuadas. Veracidad, transparencia y explicación lograron tener a un país caminando al unísono a pesar del ruido enfermizo de negacionistas y ultraderechistas.
En España, la Izquierda no parece valorar suficientemente la comunicación, y menos como un instrumento esencial de su irradiación ideológica. La comunicación debería basarse en las ideas fuerza que configuran la Izquierda como opción política, y reivindicar la acción pública como uno de los grandes ejes de acción. Esas ideas fuerza deben ser convenientemente explicadas y tenazmente repetidas. La sinceridad en la exposición de los principios propios y una explicación adecuada de los criterios de acción, son elementos decisivos para empatizar con la sociedad
Tenemos entonces unos primeros elementos sobre los que reflexionar: ideas fuerzas y valores a transmitir, persistencia en la transmisión y fundamento de la misma.
El segundo aspecto es la importancia que se da a la comunicación, y de nuevo el contrapunto con la derecha nos da luz. La derecha le da una importancia crucial porque su mundo es un mundo creado artificialmente alrededor de una construcción mediática y apuesta recursos y medios sin ningún tipo de pudor. Sin embargo, la izquierda no se toma la cuestión como un problema fundamental en nuestras sociedades. Ayuso tiene a más de una veintena de personas dedicadas a diario a preparar las frases, dichos, mentiras y estrambotes para atacar al Gobierno y a la izquierda, y a la vez mantiene el entorno mediático favorable inflado con el dinero público. No significa reproducir desde la izquierda este modelo amoral, sino dedicar esfuerzos y recursos a una acción pedagógica y comunicativa basada en otros valores donde la sociedad, lo público y la solidaridad esté en el centro de mensaje y de nuevo volvemos a la calidad de los contenidos. Eso valores socializados son los que generan aquello que José Luis Villacañas definió en relación a la República como “materia republicana”, y que hoy podríamos definir ante la ola reaccionaria como construcción de “materia democrática”. Superar el mensaje meramente coyuntural por mensajes e ideas de fondo y estables, vinculando además los elementos de coyuntura a ese proyecto más global. Como señalaba recientemente Iñaki Gabilondo: “Insisto, es la primera vez que no veo en el horizonte un pensamiento que sueñe. Lo único que veo en el horizonte es el sueño de los que quieren regresar al pasado”. Y ahora que hemos citado a Iñaki, creo que es importante resaltar que
en el campo de la izquierda, del liberalismo político y del progresismo, hay una importantísima pléyade de profesionales del periodismo y de la comunicación que están dando una batalla enorme, y muchas veces en desventaja con el poder de las grandes empresas de comunicación, en defensa de unos valores básicos de la democracia y de una sociedad inclusiva, y que son unos magníficos aliados, muchas veces no tenidos en cuenta por las formaciones políticas.
Otro de los grandes lastres de la política comunicativa de la izquierda es la política reactiva ante los ataques sin límite de la derecha y de la ultra, el terreno del “y tu más”, que tanto gusta para descalificar al oponente, y además en la mayor parte de los casos con total razón. Esa lógica genera desconexión en la ciudadanía y la conduce al tótem de la antipolítica: “todos los políticos son iguales”; y ese es el marco y el terreno de la derecha. La antipolítica es el escenario querido por el trumpismo y los populismos reaccionarios, y la izquierda no debe caer en ese marco que plantea la derecha de forma permanente. Su comunicación debe basarse en las ideas fuerza que la configuran como opción política y hacer de la reivindicación de la acción pública uno de los grandes ejes de su acción.