ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 62, junio-agosto 2025

¿PODEMOS COMUNICAR INFORMACIÓN VERAZ EN UN MUNDO POLARIZADO?

Miguel Martín (Licenciado en Filosofía. Doctor en Periodismo. Miembro de DIACRONÍA)

A lo largo de las siguientes líneas se aborda el fenómeno creciente de la polarización social y cómo éste ha afectado tanto al deterioro de nuestras relaciones sociales como al proceso de generación y transmisión de información veraz al conjunto de la población. Asimismo, se reflexiona sobre las limitaciones que actualmente están experimentado las fuerzas progresistas para hacer llegar su mensaje a la sociedad y contribuir, así, a un proyecto de futuro creíble que esté basado en principios como la igualdad o la fraternidad. A este respecto, se argumenta a favor de restablecer los lazos afectivos en nuestras respectivas comunidades y no fiarlo todo a campañas en medios de comunicación y redes sociales

Cómo comunicar información veraz en un mundo polarizado se ha convertido en uno de los principales temas de debate en la actualidad, sobre todo en espacios de izquierda y entre personas progresistas, que asisten sorprendidos al efecto de deterioro social que está ocasionando la multiplicación de discursos reaccionarios frente a las políticas del Gobierno central y otros movimientos como el feminismo, el ecologismo o la acogida de personas refugiadas.

Interfaz de usuario gráfica El contenido generado por IA puede ser incorrecto.En contraposición a estas posturas, dentro de la esfera digital han proliferado manifestaciones que reivindican modelos de masculinidad tóxica, defienden discursos xenófobos o minusvaloran los efectos del calentamiento global. Manifestaciones que, a su vez, se han traducido en diversas movilizaciones sociales dentro del espacio público. Véase, por ejemplo, las concentraciones sistemáticas frente a la sede del PSOE en Ferraz o concentraciones alentadas por grupos como Núcleo Nacional o Frente Obrero contra la “invasión migratoria” y a favor de la “remigración”.

Esto no es característico única y exclusivamente de la sociedad española. Si ampliamos el foco al entorno europeo podemos comprobar el auge electoral que desde hace una década han experimentado movimientos y partidos de extrema derecha en países como Francia, Alemania, Italia, Portugal, Gran Bretaña o los países nórdicos. En el ámbito internacional también destacan las posturas retrógradas que representan Donald Trump o Vladimir Putin, quienes, a pesar de sus diferencias en cuanto a intereses geoestratégicos, coinciden en afirmar el declive cultural que supone para sus respectivos países defender y promover sociedades plurales y diversas.

Tomando en cuenta este escenario cabe preguntarse si es posible que nuestras sociedades puedan lograr informarse de un modo veraz e imparcial respecto a lo que sucede en el mundo, es decir, atendiendo no sólo a criterios subjetivos o intereses particulares, sino más bien a la objetividad de los hechos que acontecen y que somos capaces de percibir, ya sea en primera persona o a través de otros intermediarios.

A este respecto, creo, debemos partir de una definición clara del concepto “informar”, para lo cual es del todo pertinente recurrir a la filosofía y refrescar planteamientos como el propuesto por Immanuel Kant en relación con cómo podemos llegar a conocer la realidad. Kant, allá por el siglo XVIII, ya afirmó que los seres humanos no estamos capacitados para conocer el mundo tal y como es, sino que lo hacemos a partir de lo que capta nuestro aparato sensorial, mediante el cual percibimos de un modo parcial el mundo que nos rodea. Asimismo, según el planteamiento kantiano, las sensaciones experimentadas se organizan en una serie de categorías universales que poseemos de manera innata en nuestra mente. Gracias a ellas somos capaces de ordenar nuestras percepciones y damos forma a lo real.

Un dibujo de una persona El contenido generado por IA puede ser incorrecto.En ese sentido, el conocimiento que los seres humanos tenemos sobre el mundo es limitado, ya que no podemos acceder a la realidad directamente, sino que lo hacemos a través de diferentes medios que funcionan como filtros de todo aquello que acontece a nuestro alrededor.

Si aceptamos esta reflexión como válida, debemos asumir, entonces, que la realidad que conocemos a través de nuestras percepciones no es la verdadera ni la auténtica realidad. Se trata más bien de una construcción que realizamos sobre la base de distintos tejidos de signos con los que expresamos lo que vemos, lo que sentimos, lo que esperamos, lo que deseamos, etc.

Estos tejidos se denominan en semiótica “textos” y pueden ser de distinta naturaleza: narraciones orales, textos escritos, imágenes, composiciones musicales, pintura, danza, diseños arquitectónicos, etc. Por ejemplo, cuando observamos el cielo de noche y vemos diferentes estrellas, si conocemos la conexión entre ellas, tenemos la posibilidad de interpretarlo de una determinada manera e identificar diferentes constelaciones que, en función de la cultura a la que pertenezcamos, tendrán unos significados u otros.

Esto implica que para poder hablar sobre el mundo y, por tanto, comunicar un mensaje a otras personas, es necesario compartir un lenguaje común con el que podemos expresar y dar forma a lo que percibimos. Y eso, precisamente, es informar: tener la capacidad de organizar el mundo para comprender lo que sucede y transmitirlo al conjunto de una comunidad social a la que se pertenece.

¿Pero es esto suficiente? Como he dicho, nuestra capacidad para conocer es limitada. Y este no es el problema principal. También debemos considerar que las personas no siempre hablamos el mismo idioma y que cada cultura tiene sus propias categorías para organizar el mundo. Incluso cuando hablamos el mismo idioma, la forma de interpretar lo que decimos es muy diferente para cada persona. Y esto se debe a que la interpretación de un texto no es unívoca ni viene determinada por quien lo ha producido, sino que depende del bagaje cultural de quien lo recibe, de sus experiencias, de sus creencias, de su ideología y de un sinfín de condicionantes más. En ese sentido, algo que para mí puede ser una información cierta, cabe la posibilidad de que pueda ser interpretada como falsa por parte de otra persona.

Por ejemplo, tal y como señaló el semiólogo Yuri Lotman, pasajes de la Biblia que en su día fueron interpretados como una verdad literal e incuestionable, hoy se interpretan de forma mayoritaria en nuestra sociedad como algo ficticio que pertenece al mundo de los mitos. Tomando esto en consideración, esto significa que, si queremos ofrecer información veraz sobre algo, no es suficiente con decir o describir lo que sucede. Se necesita también el uso y aplicación de diferentes estrategias discursivas que contribuyan a que la información que se pretende transmitir sea interpretada como correcta o veraz por parte de un determinado destinatario.

Interfaz de usuario gráfica El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Desde esta perspectiva, la verdad no debe ser definida únicamente como la correspondencia entre lo que se dice y unos determinados hechos. Tal y como plantea la semiótica, también es fundamental tomar atender a la aceptación que suscita lo que se transmite dentro de una determinada comunidad social. A este respecto, si un sector de la sociedad es tendente a considerar que todo lo relacionado con el gobierno liderado por Pedro Sánchez es de carácter dictatorial, es lógico que la eficacia comunicativa de este gobierno sea limitada y que, por tanto, haya personas contrarias a él que se manifiesten frente a lo que éste representa, llegando incluso a emplear la violencia para derrocarlo. Como en el caso del asalto al Capitolio de 2021, llevado a cabo por partidarios y simpatizantes de Trump que no aceptaron como legítimos los resultados de las urnas.

En relación con este tipo de sucesos, la cuestión, pienso, no es tanto escandalizarse porque esto pueda llegar a suceder, sino tratar de identificar por qué ciertos sectores de nuestra sociedad han llegado a abrazar posturas indudablemente retrógradas que hasta hace relativamente poco eran minoritarias o cuya expresión pública provocaba vergüenza en quien las compartía.

Y la respuesta no se encuentra únicamente en la proliferación de “noticias falsas” que contribuyen a la desinformación, ya que si circulan este tipo de noticias en las redes sociales y los medios de comunicación, es porque hay personas que consideran que este tipo de informaciones son relevantes tanto para sí mismas como para los que les rodean, pudiéndose generar así comunidades en torno a afirmaciones como que “el holocausto no existió”, que “la COVID-19 es una invención”, que “la Agenda 2030 representa un nuevo orden contra la humanidad” o que “el calentamiento global es una ficción”.

Texto El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Todas estas verdades alternativas suelen surgir cuando una sociedad pierde sus puntos de referencia comunes, así como cuando el paradigma social o político en el que se vive comienza a percibirse como problemático porque no da respuesta a los desafíos y anhelos de un sector creciente de la población.

En este tipo de situaciones, un fenómeno inesperado irrumpe de forma abrupta en nuestra normalidad, en el desarrollo normal de nuestra vida social, y da lugar a todo tipo de nuevas teorías y explicaciones con la que se trata de aplacar nuestra inseguridad e incertidumbre. Esto se comprobó durante pandemia y recientemente lo hemos vuelto a experimentar tras la DANA de Valencia o el apagón que se produjo el pasado mes de abril.

Cuando dominan este tipo de circunstancias imprevistas, la capacidad de emitir juicios firmes sobre lo que está sucediendo se reduce drásticamente. Todo se relativiza y se limita la posibilidad de consensuar un proyecto común. Por ejemplo, ¿cómo se puede tomar una decisión de consenso para mitigar los efectos del calentamiento global si se niega que se está produciendo un aumento generalizado en las temperaturas de nuestro planeta?

Al respecto, el problema no reside tanto en que pueda haber diferentes interpretaciones sobre un fenómeno específico, sino que ni siquiera hay un acuerdo en reconocer unos mismos hechos, llegando incluso a calificar las normativas de protección medioambiental de “estafa climática”. A estas personas se las suele denominar negacionistas. Sin embargo, lo importante no es centrarse únicamente en lo que niegan, sino en lo que dicen afirmar. Todo ello con el fin de comprender su universo de creencias y el fundamento de sus afirmaciones que en muchos casos responde a una dimensión emocional (miedo, odio, inseguridad, vergüenza, autosatisfacción, esperanza, deseo, etc.).

Interfaz de usuario gráfica, Sitio web El contenido generado por IA puede ser incorrecto.En ese sentido, creo que desde posturas progresistas no se debe caer en una constante descalificación del adversario o del que piensa diferente. Hay que hacer el esfuerzo titánico de comprender por qué cada vez más sectores amplios de nuestra sociedad sienten una emoción específica cuando reciben ciertos estímulos concretos a través de mensajes que incluyen términos como “MENAS”, “ocupación”, “violaciones”, “cambio climático”, etc..

La conexión entre muchos de estos estímulos y respuestas no es directa ni natural. Detrás de ellas suele haber un aprendizaje, es decir, una gramática aprendida sobre cómo se debe estimular a alguien para obtener una respuesta concreta, así como una gramática respecto a cómo se debe responder ante un estímulo específico.

Es posible que, cuando asistimos al constante aluvión de imágenes en medios de comunicación y redes sociales, nos asalte la duda de si interpretar lo que vemos como verdadero o falso. Ahora bien, más allá de eso, en el momento actual considero que es más relevante y enriquecedor detenernos a analizar por qué sentimos una determinada emoción cuando recibimos un mensaje concreto.

Desde esta perspectiva, debemos aprender a analizar cómo se configura la información que consumimos. Y aún más importante, teniendo en cuenta que somos receptores de informaciones muy diversas y contradictorias, debemos esforzarnos por dilucidar qué tipo de emociones experimentamos según los estímulos que recibimos, ya que, como se puede deducir de esta reflexión, detrás de todos los mensajes que generamos los seres humanos siempre hay una estrategia con la que se pretenden provocar una serie de efectos en el destinatario.

Por eso, tal y como defendió el semiólogo Jorge Lozano a largo de toda su trayectoria académica, la persuasión es tan importante en todo acto comunicativo, porque la verdad, al menos desde la perspectiva semiótica, es el efecto de una estrategia por la que alguien es capaz de configurar un mensaje plausible y veraz para un determinado tipo de destinatario. En ese sentido, detrás de toda configuración mediática debemos asumir que hay un sujeto responsable de producir un texto con el que pretende llegar a un receptor específico que, a su vez, experimentará una serie de afectos y pasiones.

Un grupo de personas con traje de color negro El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Detrás de todo lo que leemos, vemos y oímos, hay una estrategia más o menos efectiva. Más aún en los medios de comunicación y en las redes sociales, donde se está produciendo una guerra encarnizada entre posturas cada vez más extremas. Frente a ello y, con esto concluyo, la respuesta a cómo informarnos en un mundo polarizado no pasa por multiplicar los fact checking y los datos (no es verdad la máxima “dato mata relato”), sino por esforzarse en reconstruir el sentido común en torno a otros ejes alejados de posturas reaccionarias. Lo que exige, a su vez, entretejer los lazos afectivos de nuestras respectivas comunidades a través de actividades comunitarias que no se circunscriban únicamente a la esfera digital.

Si a los sectores progresistas de nuestra sociedad les preocupa verdaderamente esta cuestión, deben trabajar por desactivar el odio irracional que circula en la esfera mediática. Y eso sólo puede abordarse desde lo emocional y, por tanto, empleando más tiempo y recursos en acciones comunitarias que tengan lugar en barrios, pueblos o asociaciones; y no tanto en campañas de marketing. Está bien celebrar centenares de actos para conmemorar el fin de una dictadura, pero su efecto siempre será limitado mientras no se aborde la fascinación que ha vuelto a generar la figura de Franco, así como la insatisfacción vital que se ha instalado en distintos sectores de nuestra sociedad, especialmente entre los más jóvenes.

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