ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 62, junio-agosto 2025

APUNTES PARA UNA RE-CONSTRUCCIÓN INCLUSIVA DE LA IDENTIDAD ESPAÑOLA:

LO PERCIBIDO (ESPAÑA “BLANCA Y CATÓLICA) VS LO REAL (DIVERSIDAD ÉTNICO-RACIAL-CULTURAL)

Íñigo González de la Fuente (Profesor titular de Sociología en la Univ. de Cantabria)

Históricamente, la identidad nacional española se ha entendido como esencialmente blanca y naturalmente católica. La creciente movilidad en las últimas décadas ha traído consigo un aumento sustancial de la diversidad racial, cultural y religiosa que caracterizaba y caracteriza España. Por tanto, es necesaria una comprensión más inclusiva y matizada de la identidad española, la cual debe abrazar la diversidad de todos los grupos que forman el tejido social y cultural de la sociedad. Se trata de una realidad, que es necesario reconocer para construir una sociedad más cohesionada, inclusiva y libre de racismo y xenofobia

Históricamente, la identidad nacional española se ha entendido como esencialmente blanca y naturalmente católica. La creciente movilidad territorial de grupos de personas en las últimas décadas, a nivel global, ha traído consigo un aumento sustancial de la ya existente diversidad étnico-racial-cultural –incluida la diversidad religiosa– que caracterizaba y caracteriza España. Una de las consecuencias más visibles de este aumento es que un gran número de personas, muchos de ellas españolas, han de convivir con las lógicas de una construcción nacional dispar; esto es, sus nociones de pertenencia e identidad se complican, toda vez que sus cuerpos son construidos como “racializados” y existen en espacios construidos como “blancos” (El-Tayeb, 2021; Majid, 2021; Toasijé, 2020).

Desde luego, si bien es cierto que la construcción de la identidad nacional española se ha formado a través de una compleja, disputada e intrincada interacción de factores históricos, culturales, sociales, políticos, económicos y religiosos, no lo es menos que cualquier lectura crítica del pasado ha de apuntar a que tal construcción está profundamente asociada a la intersección de dos elementos centrales que, además son percibidos como reales, la idea de España como esencialmente «blanca» y la idea de España como naturalmente católica.

La idea de una nación española intrínsecamente «blanca» se forjó históricamente a través de la mal llamada Reconquista (realmente fueron varios procesos de repoblación y reorganización sociales) y la expulsión de musulmanes y judíos. Estos procesos no solo fueron religiosos, sino que también sentaron las bases para una concepción étnico-racial de la identidad española basada en la «blanquitud», entendida no meramente como un color de piel, sino como una categoría social e histórica construida sobre privilegios y pertenencia.

Paralela e imbricadamente, el catolicismo ha desempeñado un papel fundamental en la construcción de la identidad española desde la Edad Media. Sin lugar a duda, ha desempeñado un papel multifacético en la formación de normas culturales, estructuras sociales e ideologías políticas que son pilares fundamentales en las narrativas dominantes sobre la españolidad.

En suma, las ideas de «blanquitud» y catolicismo se han reforzado mutuamente en la construcción de la identidad nacional española. Ser «español», históricamente ha implicado ser «blanco» y católico, de tal manera que esta combinación excluyó a aquellos que no encajaban en ambos criterios, como son las poblaciones romaníes, mercheras y árabo-africanas y, posteriormente, las poblaciones originarias de los territorios conquistados y colonizados (que la historiografía tradicional sigue teniendo como «descubiertos»). Finalmente, esta herencia histórica sigue impactando actualmente en los prejuicios y discriminaciones racistas y/o xenófobas hacia diversos grupos sociales, particularmente grupos étnico-raciales y religiosos minorizados.

En este contexto, la presente reflexión pretende recoger unas nociones mínimas para una comprensión más inclusiva y matizada de la identidad española. Ello ha de implicar necesariamente ir más allá de los constructos excluyentes sobre «blanquitud» y religión, para reconocer y visibilizar la diversidad étnico-racial-cultural, lingüística, religiosa, etc. que siempre ha caracterizado España, y que igualmente la caracteriza hoy en día. Específicamente, en este texto se aboga por la construcción de un repertorio identitario-cultural explícitamente más plural –identidades españolas–e inclusivo, que reconozca la riqueza de las múltiples identidades y experiencias -incluidas las religiosas– que componen la sociedad española actual. Se sugiere tener en cuenta estas cuatro dimensiones analíticas.

En primer lugar, la idea de una España única y homogénea ha sido siempre difícil de imponer en el contexto de las diferentes identidades histórico-territoriales «internas». Por tanto, la reconstrucción de una identidad española más representativa debe tener en cuenta los repertorios identitario-culturales asociados a demarcaciones territoriales dentro de España, como los andaluces, araneses, asturianos, canarios, castellanos, catalanes, extremeños, gallegos, leoneses, vascos, etcétera. Construir tal identidad española no implica diluir o negar la existencia de un sustrato común, sino más bien enriquecerla y fortalecerla a través del reconocimiento y la valoración de su pluralidad interna. Se trata de construir un «nosotros» más amplio y representativo, donde todas las identidades histórico-territoriales se sientan cómodas y partícipes.

En segundo lugar, es fundamental extender esa misma lógica de inclusión y reconocimiento a los grupos históricamente minorizados presentes en la península ibérica desde hace siglos, incluso antes de la existencia de la propia idea de España, como las poblaciones árabo-africanas, romaníes, de mercheros, etcétera. A pesar de haber sido segregados e invisibilizados por el relato histórico dominante, estos grupos han formado y forman parte del tejido social de la península ibérica, contribuyendo de diversas maneras a su desarrollo cultural, económico y social. Además de una cuestión de justicia histórica, incluirlos en la construcción de la identidad española implica visibilizar su existencia y su papel en el devenir del país.

En tercer lugar, extender la reflexión sobre la construcción de la identidad española a las poblaciones conquistadas y/o colonizadas por España en América, Asia y África, introduce una dimensión crucial y profundamente compleja. La influencia de las repertorios-culturales de los territorios conquistados y/o colonizados impactó de manera muy significativa en los repertorios identitario-culturales españoles, aunque ello esté completamente invisibilizado. Reconocer esta influencia amplía la comprensión de la propia identidad española como algo dinámico y resultado de múltiples interacciones históricas. Además, las dinámicas y las relaciones actuales entre España y muchos países de América Latina, Filipinas o Guinea Ecuatorial están profundamente influenciadas por este pasado colonial. Comprender las heridas históricas, los legados culturales y las asimetrías de poder es fundamental para construir relaciones presentes y futuras más justas y equitativas.

Por último, pero no menos importante, incluir a las poblaciones llegadas en los últimos desplazamientos migratorios asociados a la globalización es un elemento fundamental para construir una identidad española real. A buen seguro, reconocer y valorar las identidades de los recién llegados fomenta la tolerancia, el respeto y la empatía entre diferentes grupos culturales. Esto contribuye a la construcción de una sociedad más cohesionada y abierta a la diversidad. Es importante destacar que la inclusión de las poblaciones migrantes en la identidad española no implica que deban abandonar sus propias identidades de origen. Más bien, se trata de construir un repertorio identitario-cultural lo suficientemente amplio y flexible como para abarcar múltiples identidades.

En definitiva, una identidad española realmente representativa y enriquecedora debe abrazar la diversidad de todos los grupos que han formado y/o forman el tejido social, económico y cultural de la sociedad. En un contexto en el cual el racismo y la xenofobia se nutren de la idea de que existe una identidad nacional única y homogénea a la que ciertos grupos no pertenecen o se consideran ajenos, es necesario deconstruir esta noción excluyente y que se reconozca que el país es el resultado de múltiples influencias y contribuciones a lo largo de la historia y en el presente. Reconstruir la identidad española abrazando la diversidad no es solo una cuestión de justicia histórica y representación precisa de la sociedad actual, sino también una estrategia activa y poderosa para construir una sociedad más cohesionada, inclusiva y libre de racismo y xenofobia.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

El-Tayeb, Fatima (2021). Racismo y resistencia en la Europa daltónica. La Vorágine, Editorial Crítica.

Majid, Anouar (2021). Somos todos moros. Repensar la otredad en un mundo cambiante. La Vorágine, Editorial Crítica.

Toasijé, Antumi (2020). Los desafíos de las comunidades africanas y africano-descendientes en España. En I. Domínguez de Olazábal y E. Aimé González (Coords.), Informe África 2020. Transformaciones, movilización y continuidad (pp. 49-61). Fundación Alternativas.

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