ARGUMENTOS PROGRESISTAS N.º 62, junio-agosto 2025

DISTOPÍA, UTOPÍA, REALIDAD

Mónica Lafuente (Licenciada en Ciencias Políticas. Exportavoz de Medio Ambiente en las Cortes de Castilla y León. Miembro de la Coordinadora Vecinal de Montes Comunales)

Estamos viviendo unas realidades que recuerdan algunas distopías de la novela o del cine. Al mismo tiempo, el cambio climático nos amenaza con unos riesgos que superan casi todas las distopías literarias. Sin embargo, también es posible algo que en este momento nos parece casi utópico, que es lograr una sociedad respetuosa con el medio ambiente y equilibrada socialmente

La distopía, esa representación de una sociedad ficticia con características indeseables, donde la supervivencia humana suele ser extrema, es el tema preferido de las series televisivas y películas de culto que llenan cines.

Tal vez esa representación distópica, donde normalmente desastres naturales, grandes sequias, incendios devastadores o heladas que hacen imposible la vida y obligan a la población a superar innumerables pruebas para sobrevivir, ahora nos entretenga; nos parezca eso: una película, algo que no va a suceder o, en el mejor de los casos, es un futuro muy, muy, muy lejano.

En esta realidad distópica que nos muestran, además de las situaciones extremas, donde el agua, el alimento o el oxígeno escasea, también muestran una gran segmentación de clases sociales, dos normalmente: la clase gobernante, privilegiada y con acceso a los escasos recursos, y la clase obrera, desechable, sustituible, la que muere primero, la que sufre más duramente las consecuencias de esta situación. También es de esta clase oprimida de la que nace el héroe o heroína con ese compromiso por la justicia, concretamente por la justicia social; el/la que levanta al pueblo oprimido ante el sistema dictatorial implantado y es capaz de cambiar el statu quo… (películas… o no tanto)

Pero ante esto, hay que recordar las palabras de Oscar Wilde: ”la realidad supera la ficción”, y como nos ha demostrado el devenir de la historia suele ser así.

Siguiendo la estela del cine, podemos hacer referencia a Metrópolis (1927), en cuyo argumento se muestra la sociedad industrial llevada al extremo. Un industrialista dirige una ciudad donde los ricos viven en la zona superior (superficie) y los esclavos (obreros) en la inferior (subsuelo), en unas condiciones de vida infrahumanas y siempre supeditados a las necesidades de la producción, hasta que se produce su levantamiento. ¿Realidad o ficción, años después?

Si atendemos a obras distópicas, la literatura nos ha dado muchas, y algunas están alcanzando unos niveles realistas importantes como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, donde todos somos aparentemente felices gracias a la tecnología sin fondo humano que lo sustenta; 1984, de George Orwell, con su Gran Hermano y la “neo lengua” la mentira contra la razón (¿nos suena de algo?); o Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick, donde los límites entre lo natural y lo artificial ya no se aprecian.

Si hay un escritor que todos podemos reconocer como el mejor creador de mundos distópicos, este es Julio Verne. Además de esto, nos dejó citas célebres, que parafraseándolas nos pueden permitir realizar un análisis de la distopía que nos espera, la utopía que podemos alcanzar y la realidad que nos embarga.

  • “Cuántas cosas han sido negadas un día, solo para convertirse en realidades el siguiente”

Cuántas veces se niega la evidencia climática; cuántas veces la ciencia se ve vapuleada por intereses económicos, políticos, industriales… Ese mantra, contrario a la lucha contra el cambio climático, en voces sobre todo de la derecha y ultraderecha que repiten hasta la extenuación. Lo peor es que en cuanto “tocan poder”, llevan su deriva a la práctica y eliminan aquellas actuaciones que pretenden aportar soluciones menos contaminantes, aunque se hayan demostrado sobradamente viables.

  • “Actualmente sabemos que la mayoría de las cosas en este mundo pueden ser medidas, excepto los límites de la ambición humana”

Los estudios que día a día se publican nos dejan claro que nuestra ambición consumista, la cultura del ya y del más, nos va a llevar, y esto está constatado científicamente, a situaciones extremas no deseadas, a escenarios insostenibles. No frenar el Cambio climático nos llevaría entre otras a estas realidades:

      • Muertes prematuras 6,6 millones de personas anualmente
      • El 74% de España será desértica
      • Se reducirá en 30% la producción agrícola
      • España será un 20% menos húmeda
      • Se reducirán en un 50% los cultivos de secano como el trigo y el olivo.¡¡¡¡importemos aceite!!!!
      • 140 millones de personas se verán obligados a emigrar por el cambio climático
      • Se producirá un incremento de insectos transmisores de enfermedades a otros lugares donde no existen enfermedades transmitidas por ellos.
      • Aumento de los niveles de contaminación que nos impedirá la vida al aire libre.
      • El incremento de la temperatura mundial puede llegar a superar los 6 grados, siendo la temperatura media de Madrid, por ejemplo, de 38 grados

Yo añadiría que la ambición, junto con nuestra estupidez, son las dos únicas cosas que se pueden expandir sin límites por el universo. Solo los seres humanos poseemos la capacidad de solucionar el problema climático a tiempo y solo nosotros somos tan estúpidos para no poner remedio.

  • “Como sea, todo tiene un final, todo muere, incluso el hambre de las personas que no han comido”

En esta vida todo tiene un final, eso está claro, pero este solo dependerá de nosotros. Todo depende del compromiso real que se tenga con el clima, del cumplimiento de los compromisos acordados en las numerosas cumbres climáticas y en la reducción efectiva de los gases efecto invernadero.

  • “Ante las grandes convulsiones de la naturaleza, el hombre es impotente”

La naturaleza es imparable, las condiciones climáticas que vivimos se escapan completamente de nuestro control y en este punto poco más que decir. Verne lo tenía claro, parece que nosotros no. ¿De verdad creemos que podemos parar las sequías persistentes o las inundaciones catastróficas, los incendios de cuarta o quinta generación…? La naturaleza al final ocupa su lugar y nos pone en el nuestro.

  • “Cuando se tiene la aprobación de la ciencia, solo puedes oír y obedecer”

No hay un plan alternativo, no hay espera que valga, tenemos las evidencias, tenemos el camino y solo nos queda hacer caso a la razón. Y hacer caso implica cumplir con los acuerdos, cumplir con los plazos. No es responsable ni asumible que menos del 10% de los 195 países miembros de la ONU hayan presentado en plazo sus objetivos de reducción de emisiones para el año 2035. El resto, incluida España y la Europa “verde”, no los ha presentado.

En conclusión, vivir en un mundo distópico en un espacio corto de tiempo puede ser la única realidad que nos quede y quizás debemos prepararnos para ello.

Pero la realidad no siempre supera a la ficción para mal; también para bien.

La otra cara de la moneda sería un mundo utópico, aquel en el que, si la acción del hombre es la correcta, si tomamos las medidas correctoras necesarias de forma inmediata, podemos soñar.

Tomar medidas descontaminantes evitando las emisiones de gases efecto invernadero, supondría que en unos 25 años se podría producir la reducción del calentamiento global en un 50% y llegar incluso a niveles propios de la era preindustrial. Una correcta gestión de los recursos hídricos es la clave para la producción de alimentos necesarios para la supervivencia de la población, estimada de 9,7 mil millones de personas, y las migraciones climáticas serán residuales.

Continúo con Verne:

  • “La oportunidad que ahora puede parecer perdida, puede presentarse en el último momento”

No debemos perder la esperanza de un cambio del rumbo socioeconómico neoliberal que nos gobierna, a pesar de que el tiempo corre en nuestra contra. La conciencia social sobre un cambio de rumbo va a ser imparable, y no por convicción, sino por necesidad. O cambiamos la forma de producción, de consumo, de generar desigualdad y miseria en el 80% de la población, o este 80% nos cambiará. Quizás la oportunidad debería venir de la realidad trumpista. Tal vez la respuesta al movimiento MAGA sea nuestra oportunidad en el último momento.

En definitiva, “La Tierra no necesita nuevos continentes, sino nuevos hombres”. Nuestra última conquista no serán tierras raras; no será la guerra por el litio o el wolframio; no será conquistar la Antártida o Groenlandia para explotar sus recursos Nuestra última conquista será de manos de nuevos hombres y mujeres con voluntad de cambio, y estos no están en la cumbre del poder. Están en la tierra con el 80% que sufre y sufrirá miseria si esto no cambia, porque “Lo mejor en España es siempre el pueblo. El patriotismo, por ejemplo, es siempre popular, no es del `señorito´. El `señorito´ vende a la patria, y el pueblo la salva con su esfuerzo y con su sangre” (A. Machado).

 

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