
José Ramón Rebollada
ES MENTIRA / Joaquín Sabina

Recientemente he leído esto: «La manipulación informativa busca alterar la percepción de la realidad, distorsionando la información para que se ajuste a los intereses de quienes promueven el engaño». Es una definición muy acertada, en mi opinión.
La estrategia de la desinformación, tan en boga actualmente (desaforada, omnipresente en realidad), no es algo nuevo, por desgracia; los humanos llevamos sufriéndola desde hace milenios.
El embuste más destacable por su longevidad y persistencia en repetirle es ese que asegura que Dios creó el mundo en siete días. En realidad deberían decir seis porque el Dios de los cristianos pasó el séptimo tumbado a la bartola, según sus escritos. Ellos no lo dicen así, claro, utilizan una redacción más enrevesada y grandilocuente. En Génesis 2:2 dicen: «Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo». Mienten, en el séptimo día el Dios de los cristianos no terminó nada, se dedicó a holgar, nada más. Eso dicen los escritos que ellos consideran sagrados.
Ahora sabemos que el universo no se creó en seis días sino en un periodo de tiempo de unos 300.000 a 400.000 años; todo ese tiempo es el que transcurrió desde que se produjo el Big Bang hasta que se empezaron a formar los primeros átomos estables. Ese es el origen verdadero del universo y no otro. Y la realidad es que el universo sigue expandiéndose actualmente, es una obra inacabada.
Los cristianos son especialmente prolíficos en difundir noticias falsas, lo llevan haciendo desde siempre. Otro ejemplo. El arzobispo anglicano James Usser aseguró en 1650 que Dios creó el universo «el anochecer previo al domingo 23 de octubre del año 4004 A.C.», o sea, el sábado 22 de octubre hacia las seis de la tarde. Y yo me pregunto ¿si el universo no existía cómo se produjo el anochecer previo al día de su creación?
Ningún cristiano ha desautorizado a Usser, que yo sepa. Supongo que se debe al hecho de que utilizó en sus cálculos los propios escritos cristianos. Menos mal que la desacreditación ha venido de manos de la ciencia. Dios no creó el universo hace seis mil años, sino que se creó por sí mismo hace unos 13.800 millones de años; una notable diferencia temporal y también una más que notable diferenciación sobre el hecho mismo de la creación.
A pesar de ello millones de personas en el mundo creen en el falso relato bíblico. Y yo me permito recordarles, modestamente, que creer no es saber. Es así de fácil.
La desinformación es muy poderosa. Se sabe desde que corroboraron que se puede distorsionar la verdad en beneficio propio… los judeocristianos son un ejemplo sobresaliente. Es un fenómeno antiquísimo en la historia de la humanidad, pero es ahora, precisamente ahora (en la era de la información) cuando la desinformación campa y se expande a sus anchas de forma realmente aterradora y peligrosísima… desestabilizadora y cruel.
Una cosa es la realidad y otra muy diferente la percepción que tengamos de ella. Lo que consideramos realidad es la acumulación de información que nos llega a través de nuestros sentidos y, sobre todo, del conocimiento que adquirimos por diferentes medios. Por ello es tan importante nuestra etapa formativa, nuestro aprendizaje. En él no deberían tener cabida conocimientos basados en creencias o supersticiones, como las religiones. Los cristianos saben de la importancia de esa etapa formativa, por eso se empeñan en inculcar su dogmatismo desde la infancia, cuando la mente está virgen, sin herramientas para defenderse de la patraña que ellos predican como la verdad absoluta. Ahí está la raíz del mal.
Dice una estrofa de mi amado Joaquín Sabina lo siguiente: «Es mentira / que un bulo repetido / merezca ser verdad». Sabina razonó sabiamente cuando escribió esos versos porque supongo que sabe que una de las claves en la manipulación informativa es repetir el bulo hasta la saciedad. De esa forma se va reforzando, se intenta dar apariencia de verdad repitiendo la mentira insaciablemente.
«Israel tiene derecho a defenderse», y con ese argumento lo que de verdad se está justificando y protegiendo es el genocidio que está perpetrando Israel sin mencionarle. No le nombran porque es muy embarazoso amparar el asesinato masivo de inocentes, pero es precisamente eso lo que está defendiendo todo el espectro político de la derecha y la ultraderecha en todo el mundo, en España también.
Hay un viejo axioma que dice que el dato mata el relato. Es un razonamiento seductor, pero a tenor de la experiencia tengo muchas dudas de que el dato, a pesar de ser verdadero, se esté imponiendo al relato, aunque sea claramente falso. ¿Cómo se está imponiendo la falacia? A base de repetir el bulo. Es la misma estrategia que utiliza la publicidad para vender productos: repetir el mensaje hasta la saciedad. El capitalismo y la religión unidos por las mismas tácticas y fines: llevarse el ascua a su sardina.
El PP (de Vox ni hablo, claro) está empeñado en hacer ver que el actual Gobierno es corrupto, que la corrupción está campando a sus anchas en el Gobierno de Sánchez. No hay, que yo sepa, ni un solo caso de corrupción sentenciado como tal en todo este periodo de Gobierno de coalición. Hay investigaciones y también imputaciones, pero ni un solo caso juzgado y sentenciado condenatoriamente. No podemos decir lo mismo en la esfera del PP en la que no solo hubo muchos casos de corrupción sentenciados, hubo hasta un Gobierno del PP que perdió una moción de censura por primera y única vez en la historia de la democracia, acorralado por la corrupción: «Luis, sé fuerte», ¿te acuerdas?
A los que defendemos los valores de la izquierda, con la honradez y el servicio público como banderas, nos duelen todos los casos de corrupción del tipo que sea, pero muy especialmente los casos de corrupción de la izquierda. Todos hacen un daño terrible a la sociedad, pero los de los Gobiernos de izquierda nos someten a una prueba moral muy difícil de superar. No los podemos justificar, ni comprender ni exculpar de ninguna forma, es moralmente imposible para nosotros.
No sé qué pasará con el caso Ábalos judicialmente hablando, pero todo el espacio político y mediático de la derecha y la ultraderecha ya le ha juzgado, sentenciado y condenado.
Yo soy el primero que apoyo, exijo, la investigación policial y judicial en este caso (y en todos los demás), y que caiga todo el peso de ley sobre él si es hallado culpable.
En caso de que así sea será demoledor para la izquierda porque nosotros no podemos soportar este tipo de indecencias. Esta es una de las muchas diferencias que tenemos con la derecha. Ellos no solo soportan la corrupción de los suyos sino que, en muchos casos, la justifican o difuminan integrándola en el contexto de la situación general y/o las circunstancias particulares de sus muchísimos casos de corrupción. Vomitivo.
Este es uno de los muchos casos en los que el relato está matando el dato. El relato es que Ábalos es culpable, aunque no haya sido juzgado ni condenado. Otro tanto sucede con el Fiscal General o la mujer del presidente. Estos últimos casos con la inestimable ayuda de algunos jueces. El relato manda, aunque sea bordeando o sustituyendo la verdad.
Voy concluyendo estas líneas con una última reflexión. El papel crucial y destacabilísimo que tienen las redes antisociales en todo este asunto. En ese espacio digital se multiplica exponencialmente el relato interesado y falso, con ello la estrategia desestabilizadora se expande como un cáncer.
Diversos estudios demuestran que son los grupos y mensajes de la derecha y la ultraderecha los que predominan a la hora de esparcirse como un virus maligno. No es que los fachas sean más listos ni más activos en esas redes infames, es que cuentan con el apoyo invisible y entusiasta de los algoritmos de esos entramados digitales. Es así porque los dueños de esos algoritmos se encargan de que los mensajes de la fachosfera tengan más difusión en sus redes, es así de fácil. ¿Hablamos de Elon Musk y el supuesto genocidio de agricultores blancos en Sudáfrica? Este es solo un ejemplo, hay cientos más, todos ellos en el ámbito de la derecha y la ultraderecha en todo el mundo.
El relato matando el dato con impunidad y mucho éxito fraudulento, por desgracia.
En este mundo absurdo y cruel que estamos viviendo no hace falta que algo sea verdad, solo generar el suficiente ruido como para que cale entre la gente. Con eso se logra crear la sensación de que algo estará pasando con el asunto que sea, y así la mentira y la manipulación se imponen en esta era de la desinformación llevada a extremos estratosféricos, tan dañinos para la humanidad como inasumibles para la decencia.
Ya que he recurrido a mi admirado Sabina voy a seleccionar para hoy la canción a la que pertenece la estrofa que he señalado. Se titula «Es mentira» y pertenece a su décimo álbum: «Yo, mi, me, contigo», publicado en 1996.