

España, Europa y el mundo están viviendo momentos de incertidumbre política y de graves amenazas. Quizás la más alarmante, junto como la emergencia climática, sea el avance de los populismos/fascismos que combaten (y niegan) la democracia como forma de convivencia y de resolver los conflictos: derechos civiles/libertades, Estado de Derecho, multilateralismo… Un ejemplo reciente y extremo lo tenemos en Donald Tump, Presidente de EE.UU.: La Ley y el orden (interior y exterior) ¡son él y su pensamiento!
En este contexto, desde Argumentos Progresistas (AP), nos parece pertinente hacer un “chequeo” al funcionamiento de la Democracia misma. Nos va en ello nuestro “modelo de sociedad”, forma de convivencia, la defensa de la paz, la justicia social y los DD.HH. Nuestro ánimo es fortalecer y defender la Democracia como mejor manera de asegurar la prosperidad individual, el progreso y la cohesión social.
Así, entre otras colaboraciones, el artículo de Pedro Espino defiende que la regeneración democrática no es una opción estratégica más, sino una necesidad histórica si la izquierda aspira a recuperar credibilidad, coherencia y capacidad transformadora. Otras colaboraciones de este número de AP abordan diferentes cuestiones referidas a la calidad democrática:
En primer lugar, la participación en los diferentes procesos en que la Democracia requiere de su ejercicio: tanto en la deliberación de los temas como en la toma de decisiones; “tener voz”, como nos plantea Antonio G. Santesmases. Por ejemplo, en este sentido debería revisarse el excesivo número de firmas para tramitar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP). La participación no se puede reducir al voto cada cuatro años.
En segundo lugar, la transparencia. Hacer pública la información política y administrativa (presupuestos, contratos, acuerdos…) con fácil acceso, aunque seguro. Son elementos regulados, pero en la práctica de difícil acceso, o con deficiente información actualizada en las diferentes Plataformas de la Administración. De esta forma, la confianza ciudadana será más plena y la rendición de cuentas podrá desarrollarse de forma más eficiente. Como apunta Soledad Murillo: regenerar la democracia equivale a cuestionar los patrones de hacer política, creando muros de contención contra la desafección y cargados de confianza en el desarrollo de los derechos ciudadanos.
En tercer lugar, los contrapoderes. En una democracia fuerte la acumulación de poder en una persona o en un órgano deben ser limitados. Esto es, el poder debe ser repartido/compartido. Incluido el poder económico y tecnológico. En nuestro Estado Social de Derecho los tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial deben ejercer sus funciones con autonomía, pero con respeto mutuo. Como indica Oscar Sánchez, la UE tiene que desempeñar un papel crucial en la configuración del constitucionalismo “patriótico” (Habermas) para contrarrestar los intereses políticos y, sobre todo, económico-tecnológicos altamente concentrados. Pero, ¿está Europa preparada para asumir esta responsabilidad?
En cuarto lugar, la rendición de cuentas. Tradicionalmente se han dado y exigido sobre todo en los debates parlamentarios. En la moderna acepción de esa rendición en las instituciones y organizaciones, se contempla como un proceso de Información periódica (hechos, acciones y resultados expresados de forma clara); de diálogo ciudadano (crear espacios de participación: preguntas, opiniones…), y de responsabilidad (asumir consecuencias, cumplir compromisos…). La rendición de cuentas debiera girar en torno al cumplimiento de compromisos electorales mensurables (número de casas construidas, disminución del índice Gini, número de becas, salario mínimo, pensiones, incendios forestales, precios de transporte público…etc.).
Por último y no menos importante, destacamos la democracia en los Partidos Políticos. Claramente, son fundamentales para el funcionamiento y desarrollo de la Democracia, como contempla el artículo 6 de nuestra Constitución. Son el “cauce” para la formación y manifestación de la voluntad popular. Pero ¿los afiliados y afiliadas en ellos, ¿gozan de los mismos derechos (y pueden ejercerlos en la vida interna) que como ciudadanos? Antón Saracibar y otros sindicalistas proponen un amplio catálogo de iniciativas para regenerar y fortalecer los PP.PP., especialmente los de izquierdas.
Esperamos que las aportaciones de nuestros colaboradores y colaboradoras animen este importante debate sobre la regeneración democrática. No perdamos la “dimensión pedagógica” de la política. Nos va mucho en ello. Os invitamos a que participéis. Este medio de Argumentos Progresistas es vuestro